Imagen de archivo de la central nuclear de Vandellòs II

Imagen de archivo de la central nuclear de Vandellòs II Europa Press

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La dependencia nuclear de Cataluña alcanza máximos sin despejar el futuro de las centrales

El peso de la energía atómica en el mix aumenta un punto y medio en tres años, con un escaso avance de las renovables y a contracorriente de la tendencia en el sistema nacional

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Cataluña es cada vez más dependiente de la energía nuclear. En 2025, el peso de esta tecnología en el conjunto de la generación de electricidad del territorio se situó en el 59,4%. Se trata de la cota más elevada de los últimos años, en el contexto de una tendencia al alza inversamente proporcional a la que se da en el sistema peninsular.

Una evolución especialmente preocupante con vistas al futuro, debido al plan de cierre de centrales nucleares que el Gobierno aún mantiene vigente. El cronograma contempla el cese de explotación de las plantas situadas en Cataluña entre octubre de 2030 (Ascó I) y febrero de 2035 (Vandellós II).

Escaso avance de las renovables

El incremento del peso nuclear en el mix de generación en el territorio se une al escaso avance de la aportación de las energías renovables. Las tecnologías limpias están llamadas a cubrir el hueco térmico que dejarán las centrales nucleares conforme se produzca el cese de su actividad.

En los últimos tres años, la dependencia de Cataluña respecto de esta tecnología se ha incrementado casi un punto y medio, desde el 58% correspondiente al dato de 2022.

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Un recorrido por completo inverso al que ha experimentado en este mismo periodo el conjunto del sistema peninsular. En su caso, la energía nuclear aportó el 20,1% de la generación el pasado año, frente al 21,7% que representó en el balance global de 2022.

Las divergencias entre ambos se reproduce, incluso con mayor intensidad, en el desarrollo de la generación a partir de energías limpias. En el caso de Cataluña, la aportación de la eólica se ha mantenido prácticamente constante desde 2022, con un avance simbólico de apenas dos décimas de punto (del 5,9% al 6,1% registrado en 2025).

Las cifras definitivas de Redeia constatan igualmente un avance muy tendido de la energía solar fotovoltaica en el territorio. Su peso en el mix durante 2025 fue del 1,3%, frente al 0,9% de 2022.

Mientras, en el conjunto del sistema peninsular la aportación de la eólica se ha reducido casi un punto; aún así, el dato de cierre de 2025 muestra una proporción del 22,3%, más de 3,5 veces superior al correspondiente a Cataluña.

Cierre programado

Pero, además, el desarrollo de la solar fotovoltaica ha sido significativamente superior, lo que ha compensado con creces el ligero retroceso de la eólica. Una tecnología más competitiva y eficiente que ya aportó al sistema el 19,1% de la generación, frente al 10,6% que pesó hace tres años.

Tradicionalmente, la dependencia de la energía nuclear en Cataluña ha sido elevada. Sin embargo, esta circunstancia cobra especial importancia desde que el Gobierno central acordó con las compañías energéticas propietarias de las plantas nucleares el cese progresivo de su actividad, en coincidencia con el cumplimiento de los 40 años de vida útil de los reactores.

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La estrategia del Ejecutivo consistía en que el despliegue de las energías limpias fuera suficientemente amplio para cubrir el hueco térmico que dejarán las plantas nucleares cuando dejen de funcionar.

En este punto entra la derivada que agrava aún más el futuro energético en Cataluña si no se produce un giro de los acontecimientos. El desarrollo de las renovables en el territorio ha sido notablemente lento, y se ha visto obstaculizado por un deficiente ritmo burocrático a la hora de gestionar trámites para la instalación de parques.

Mensaje de la UE

El resultado ha sido un insuficiente desarrollo renovable y, consecuencia de ello, un incremento de la ya de por sí alta dependencia de la energía nuclear.

El sector energético ha planteado al Gobierno una prórroga en el cese de actividad de las centrales nucleares. Una estrategia que, por el momento, no ha dado fruto alguno. A día de hoy, el cierre del primer reactor de Almaraz, previsto para noviembre de 2027, se antoja inevitable.

Desde la Unión Europea se insta a los países miembros a mantener, e incluso aumentar, la capacidad nuclear para una generación eléctrica que irá a más a medida que avance el proceso de descarbonización. En el caso de Cataluña, la prolongación de la actividad de los reactores se vislumbra básica para garantizar el suministro a partir de la próxima década.