Fachada de la sede de Ercros en Aranjuez (Madrid)

Fachada de la sede de Ercros en Aranjuez (Madrid) Jesús Hellín - Europa Press

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Ercros, de los felices 60 a la OPA de Bondalti

La empresa renacida cuenta hoy con una decena de plantas, más de 150 productos químicos y una fuerte presencia exportadora. Sin embargo, en los últimos ejercicios, ha vuelto a registrar pérdidas

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Ercros es la descendiente de la SA Cros, la empresa química productora de ácido sulfúrico y fertilizantes, dirigida por de la clase dirigente vinculada al aparato de Estado, que superó el colapso industrial del medio siglo.

Su presidente de la época, José María Bultó, fue asesinado en plena Transición por una célula de Terra Lliure, cuando el empresario coordinaba ya un cambio de estrategia junto a figuras de la época, como Francisco Godia o Mariano Calviño de Sabucedo, vinculado a Banesto y gestor en su nombre de grandes empresas, como Fibracolor, Sniace o la misma Cros.

Historia

Godia accedió a la presidencia en los años 80, nombrado por Emilio Botín, entonces presidente del Banco Santander, primer accionista de la química en la penúltima etapa de Cros --fundada en Barcelona 1904 por un pionero de origen francés, Amadeu Cros--. En el consejo de Godia destacó como consejero delegado Juan Antonio Delgado, vinculado al Grupo March y presidente del Círculo de Economía, en el remonte institucional de la Cataluña económica.

Fueron los años del receso, un mundo inflacionista jamás imaginado, con altos dividendos y un cruce de generaciones apaciguado por el lento renacer de Foment del Treball, los consejeros regionales de los siete grandes bancos del Estado, el protagonismo del Cercle d’Economia, los encuentros del Ateneu o las tertulias de Josep Pla en Palafrugell con la presencia descollante de humanistas --como el editor de Destino, Josep Vergés y el gran monetarista español, Sardà Dexeus--, una salmodia rigorista de la ansiada democracia con el permiso de las cruces rojas al mérito militar.

La interminable postguerra y el renacimiento económico iban reconquistando la ciudad de la Alta Diagonal, con instituciones como el Club de Polo, el Tenis Barcelona de acento Godó o las carreras de coches en el Autódromo de Terramar de Sitges, con pilotos al mando del mítico Maserati dei padrone, en liza con los últimos Pegaso de Wifredo Ricart.

En la Transición, desde el corporativismo bajo la hegemonía textil del arancel hasta el renacer de la química, Cros lo intentó todo para crecer. Antes, tuvo que esperar a 1972 para anexionarse una parte de los activos y negocios de las Minas de Tharsis, que hasta entonces habían estado dominadas por el capital británico. En 1973 absorbió a la Sociedad Electroquímica de Flix y adquirió Electro Metalúrgica del Ebro o Industrias Químicas de Zaragoza. La expansión tuvo un alto coste económico.

Fusión de Cros y Explosivos Río Tinto

A mediados de la década de 1980, la Cros atravesó una grave situación financiera, consecuencia de la abultada deuda que había contraído. El cambio de tendencia inevitable desembocó en la fusión soñada a lo largo de décadas entre Cros y Explosivos Río Tinto, concretada en 1989. Nacía la actual Ercros, uno de los mayores conglomerados industriales del país, presidido por Javier Vega de Seoane con el exministro de Exteriores, Josep Piqué, como hombre fuerte en la gestión del grupo.

Fue durante la Barcelona de los pavimentos ajardinados, cuando el valor de los domicilios se medía por la opulencia de sus portales. Los despachos de la ciudad sin pórticos en plazas desvencijadas de arquitectura neogótica apenas se mostraban; solo se abrían a espaldas del mar. Sus moradores abandonaban los rincones verdes de encanto recoleto, para techar las azoteas de cara al viento.

La senda de Ercros fue un camino abierto, pero lleno de dificultades, que tiene mucho que ver con el desorden contable en el periodo de su nacimiento, comandado por la oficina de inversión del Kuwait Investment Office (KIO), dirigida por el financiero Javier de la Rosa. Había ganas de negocio expansivo y dinero caro, con los altos tipos de interés tratando de frenar los precios.

En aquella etapa llena de obstáculos y contabilidad creativa, Fouad Jaffar fue el responsable ejecutivo KIO en el mundo. Pero cuando Kuwait fue liberado de la ocupación iraquí y cambió la orientación de sus inversiones en petrodólares, Jaffar se convirtió en el hombre más buscado del emirato, acusado de gestión fraudulenta y de desviar miles de millones ganados en España hacia sus propias cuentas. El ministro de economía, Carlos Solchaga, tuvo que reconsiderar su “España, California del futuro” y el titular de Industria, Claudio Aranzadi, se arrepintió muy pronto de que “la mejor política industrial es la que no existe”.

Invasión de Kuwait

KIO fue languideciendo desde agosto de 1990, por la invasión de Kuwait por parte del Irak de Sadam Husein, detenida por la Operación Ogro del Desierto de los marines norteamericanos. Empezaba entonces a concretarse el desvarío de Washington en Oriente Próximo, al que siguió el delirio de sus aliados en Tel Aviv y, años más tarde, la invasión de Irak, en 2003.

Ercros había perdido la protección que le otorgaba KIO. La compañía atravesó una falta de crédito y de tesorería que le ahogaban. El Banco Santander acudió en auxilio del grupo químico con un crédito puente de alto riesgo que fue ocultado al Banco de España. El tropezón se saldó con la polémica venta de la filial, Ertoil, una operación que acabaría determinando el fin de la etapa del desembolso kuwaití, después de conocerse que una parte importante de la venta se había destinado a la exitosa cuenta de resultados de Grupo Torras, el faro de KIO en España.

Suspensión de pagos y resurgimiento

Los acontecimientos se desarrollaron de forma acelerada hasta 1992, cuando tuvo lugar la suspensión de pagos de Ercros, el mayor proceso concursal de la historia económica del país.

Tras atravesar su grave crisis financiera, Ercros logró rehacerse bajo la presidencia de Antonio Zabalza, catedrático de Teoría Económica y ex secretario de Estado de Hacienda. Mediante una profunda reestructuración, Ercros redujo la deuda y recuperó el dividendo para sus accionistas. La empresa renacida cuenta hoy con una decena de plantas, más de 150 productos químicos y una fuerte presencia exportadora. Sin embargo, en los últimos ejercicios, ha vuelto a registrar pérdidas.

Hace mucho que el cambio de escenario convirtió a la compañía en un mundo de eficiencia sin sorpresas; pero no hace tanto que enfrenta otros obstáculos, como la regeneración del Pantano de Flix, en Tarragona, su zona de implantación desde el Puerto Petroquímico hasta el curso bajo del Ebro.

Venta

Pasado el tiempo, la venta de Ercros a un competidor extranjero está en boca de todos. No es una extinción, sino un final de etapa gestionado al detalle. Lo que un día fue la gran química de España ha vivido esta semana el cierre del plazo de aceptación de la OPA hostil lanzada por la portuguesa Bondalti.

Han pasado dos años desde la primera oferta, tiempo en el que una sucesión de contratiempos, como una contra-OPA del grupo italiano Esseco, han alargado el proceso de venta.

Durante este periodo, el mercado químico europeo ha arrastrado a Ercros a un escenario bajista, con pérdidas de más de 50 millones de euros en 2025; a la caída de la demanda industrial se ha sumado el encarecimiento energético sufrido por el sector químico en Europa.

Ahora, el rally del crudo por el bloqueo de Ormuz solo es la puntilla. Los fertilizantes que tanto valieron en la etapa de crecimiento plantean hoy interrogantes ante el temeroso futuro armado del planeta.

Javier de la Rosa había adquirido, a través de Asesores Bursátiles, un 8% del capital de Ebro, en una compra industrial espectacular. La Administración catalana de los 80 abrazó aquel posible futuro que contaría, además, con la presencia de accionistas significativos en la antigua Industrias Agrícolas --como Josep Suñol, industrial y coleccionista de arte, o los Raventós--, pero la política había renunciado ya a respaldar el avance de Grupo Torras. Ahora, Ercros, finaliza su enorme recorrido como el gran titán del cracker químico español que produce fertilizantes, una de las grandes commodities estandarizadas del planeta.