El hotel Hesperia Presidente con el logo de Grifols y la silueta de una anciana

El hotel Hesperia Presidente con el logo de Grifols y la silueta de una anciana

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Una anciana y un propietario fantasma frustran el último negocio hotelero de los Grífols

Scranton, el fondo vinculado a la familia, compró el hotel Hesperia Presidente por 50 millones de euros hace cinco años, pero un misterioso particular que posee el usufructo del activo hasta 2030 complica ahora su venta

En la planta 16 vive una anciana con contrato vitalicio, lo que impide transformar su apartamento de 370 metros cuadrados en más habitaciones de lujo

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El último proyecto hotelero de Scranton, el vehículo inversor vinculado a la familia Grífols, se ha convertido en una pesadilla jurídica y financiera. El hotel Hesperia Presidente, ubicado en la confluencia de la avenida Diagonal con la calle Muntaner, se encuentra en un estado de parálisis total debido a una estructura de propiedad fragmentada y cargas históricas que los asesores de la multinacional de hemoderivados parecen haber subestimado.

Aunque Scranton compró el hotel en 2021 por 50 millones de euros a través de la sociedad Tamani Trade S.L., aún no percibe el alquiler que paga el operador Hesperia. Los derechos de uso y, lo más importante, el cobro de las rentas, pertenecen legalmente a Ayta 1 S.A., entidad que retiene la "totalidad del usufructo", según consta en el registro de la propiedad que ha consultado este medio.

Sin opciones hasta 2030

Este "propietario fantasma" cobra un alquiler que supera el millón de euros anuales, mientras Scranton y los Grífols deben limitarse a esperar hasta 2030, cuando este derecho se extinguirá.

Pese a que la familia ha hecho ofertas al usufructuario, éste las ha rechazado todas. Quiere agotar su uso del establecimiento.

Ante la falta de liquidez del activo, Scranton se ha visto obligado a hipotecar su nuda propiedad por una cifra astronómica: 33 millones de euros, que les concedió el Banco Santander en julio de 2025. Debido a la falta de flujo de caja del hotel, la responsabilidad hipotecaria incluye 6,4 millones en intereses de demora y 1,6 millones en costas y gastos.

Una abuela en la planta 16

Hay otro problema, aunque de menor calado. Se trata de una anciana que reside en la planta decimosexta del edificio, que no está destinada a uso hotelero, sino que consta como "apartamento-residencia".

Hasta que esta persona fallezca, el hotel no puede reformar su lujoso loft de 370 metros cuadrados en lujosas habitaciones, lo que incrementaría el valor del activo.

Imagen de la fachada del hotel Hesperia Presidente

Imagen de la fachada del hotel Hesperia Presidente Cedida

Además, los Grífols y Scranton tienen las manos atadas con la gestión. La cadena Hesperia, de José Antonio Castro, se encuentra "blindada" por un contrato que impide la entrada de otros operadores, al menos hasta que el usufructuario pierda su poder.

Reformar el activo también puede chocar con el Ayuntamiento. La finca se rige por la Sección 2ª de Gracia/B, por lo que cualquier reforma para elevar la categoría a 5 estrellas chocaría con la normativa municipal que, en esa zona de Barcelona, suele obligar a reducir el número de plazas si se realizan obras mayores, lo que restaría rentabilidad a la inversión.

Afecciones fiscales

Por último, el hotel arrastra dos afecciones fiscales vigentes por el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales (ITPAJD), lo que significa que Hacienda tiene preferencia de cobro sobre el inmueble durante cinco años si los impuestos no se liquidan correctamente, lo que añade otra capa de riesgo a cualquier intento de venta inmediata del activo.

Ante esta situación de impasse, la operadora Hesperia ha optado por remodelar su buque insignia en la ciudad con una pequeña reforma de dos millones de euros.

Hesperia ha redecorado las 151 habitaciones, transformado el área del lobi y renovado las zonas comunes, sumando cerca de 1.000 metros cuadrados de nuevos espacios gastronómicos y de ocio.

Venta frustrada

Por todo ello, Scranton y la familia Grífols no encuentran comprador para este lujoso alojamiento, ubicado en uno de los más privilegiados enclaves de la geografía barcelonesa.

Fuentes del sector hotelero explican que "debían estar mal asesorados" cuando compraron un activo tan tóxico. Y añaden que, en cuanto puedan, la familia le dará una vuelta entera al hotel, seguramente, "con otro operador" que reforme de arriba a abajo este céntrico activo.

Por su parte, Scranton ha añadido a este medio que no tiene "ninguna intención" de vender el hotel, pues es una inversión a largo plazo.