En el primer aniversario del referéndum del 1-O se intentará impulsar una celebración con empaque. Esta máxima independentista se ha traducido en un nuevo intento de paro de país, la movilización política que propició las huelgas generales en Cataluña el 3 de octubre y el 8 de noviembre de 2017 y que fue suscrito por CCOO y UGT de Cataluña. Pero si en ese momento el entusiasmo de los convocantes ya fue a menos, un año después los impulsores de la medida han chocado con el muro sindical.

Las organizaciones de defensa de los derechos de los trabajadores han aludido a este principio fundacional para evitar ni siquiera plantear abiertamente el debate. Se admite que ponerse bajo la bandera estelada puso al límite la cohesión interna y que el malestar de la protesta política es demasiado reciente.

Manifestación independentista

El punto de inflexión fue unirse a la convocatoria de la manifestación por la libertad de los políticos independentistas en la cárcel. Aunque se hace bandera de la defensa de los derechos civiles y sociales en los que cabría la petición de liberar a los secesionistas que están en prisión provisional, se considera que esa protesta fue más allá y les llevó a una situación complicada ante la que tuvieron que dar muchas explicaciones de forma interna.

Los secretariados de CCOO y UGT de Cataluña han abordado la oportunidad de convocar de nuevo al espacio llamado Democràcia i Convivència  en la celebración del 1-O, tal y como piden ciertas voces independentistas. La conclusión fue la misma: no es el momento.

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“No nos van a encontrar en este camino, más allá de la publicidad que se quiera dar”, ha manifestado en declaraciones a Crónica Global el presidente de UGT, Matías Carnero. Y es que levantó polvareda en la organización el mensaje que divulgó Òmnium Cultural para anunciar la visita de los secretarios generales de ambos sindicatos, Javier Pacheco y Camil Ros, a la prisión de Lledoners.

La entidad aseguró en redes sociales que la visita implicaba la “unidad de acción” de las organizaciones, una afirmación que se matiza. “Defendemos los derechos fundamentales y jurídicos”, señala Carnero, “pero igual que pedimos la liberación de los políticos porque no hay una sentencia en firme que les acuse de nada, lo hacemos en el caso de Sandro Rosell”.

Neutralidad política

En clave política, el presidente de UGT explica que el secretariado que encabeza junto a Ros tienen claro que se debe respetar la pluralidad política de la organización. “Somos lo suficiente justos, democráticos y libres para defender la neutralidad ante un conflicto político, no sindical”, sentencia.

A su vez, la portavoz de CCOO de Cataluña, Montse Ros, explica la conclusión del secretariado del que forma parte: “No vemos la oportunidad ni la necesidad de hacer ahora huelga general”. Además, pone en duda que el paro de país sea la mejor fórmula para propiciar que “la mitad de Cataluña hable y se entienda con la otra mitad de Cataluña”. Asegura que en el sindicato preocupa de forma destacada la “cohesión social” del territorio, por lo que se quieren eludir debates que incidan en la división por cuestiones políticas.

Rechazo patronal

El paro de país tampoco ha recibido el apoyo de las patronales que lo habían impulsado. Tanto Pimec como la organización territorial Cecot, muy próxima a PDeCAT, rechazan que ahora sea el momento de nuevas protestas productivas. Más, cuando los datos macroeconómicos muestran que la letanía del crecimiento que se empieza a dar en toda Europa ha incidido de forma especial en Cataluña.

Se reconoce que el conflicto político ha tenido efectos negativos en industrias tan potentes como el turismo. Los empresarios piden que se dé una imagen de estabilidad, a las antípodas del paro de país deseado.