Las diez falsas promesas más frecuentes año tras año

Historia del 1 de enero y doce hurras por Soria y Calatayud, que doblegaron al Imperio Romano. Lo que casi nadie hará: desde dejar de fumar a dejar de hacer el ridículo en Nochevieja

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31.12.2016 13:56 h.

Que el año nuevo caiga siempre en 1 de enero ves per on es culpa de la tribu celtíbera de los belos de Segeda y es así desde el año 154 antes de Cristo. Los romanos no iban por ahí hablando de los idus de marzo porque sí sino porque el 15 de marzo era el primer día del año romano, fecha en la que se elegían los cónsules para ir a hacer la guerra y extender el latín allende la península itálica bajo los buenos augurios del mes de Marte. A su vez Segeda era una próspera ciudad cercana a lo que hoy es Calatayud. Los belos, también llamados segetanos, que se pasaban por el forro las órdenes del cónsul, el procónsul y el pacto con Sempronio Graco, decidieron por su cuenta y riesgo ampliar las murallas de la ciudad en plan ensanche, cosa que cuando se supo en Roma despertó no pocos recelos.

A fin de sofocar la rebelión a la mayor brevedad, el Senado adelantó la elección del cónsul Nobilior al 1 de enero para que llegara cuanto antes a Segeda y no dejara piedra sobre piedra. Total que Nobilior y más de diez mil romanos se plantaron ante las murallas de la ciudad en un periquete de cuatro meses para comprobar de primera mano que allí no quedaba un alma.

Los segetanos se habían marchado a Numancia, que los acogió gustosos para formar un ejército con el que enfrentarse a Nobilior, que cayó en una atroz emboscada entre Calatayud y Soria. Seis mil romanos perecieron en la batalla definitiva de la Segunda Guerra Celtibérica, el 23 de agosto, días antes de septiembre, que era el séptimo y desde entonces es el noveno mes del año. Roma tuvo que firmar una tregua con los bárbaros celtíberos que rompió ocho años después para emprender la Tercera Guerra Celtibérica, la que se perdió.

Doce hurras por Soria y Calatayud, claves para fijar en el calendario occidental la noche de las promesas y el día de las resacas. Diez son los buenos propósitos habituales, según una estadística elaborada por la Universidad Montgomery Burns de Springfield, Estados Unidos. Dejar de fumar, de beber y de jugar son los tres primeros, medallas de oro, plata y bronce del campeonato mundial de procrastinar, puesto que diez de cada nueve personas que lo intentan no lo consiguen, apunta el citado estudio.

Aprender inglés en serio de una puta vez, adelgazar a base de hacer dieta y deporte e ir al cine para salvar el cine español como Greenpeace a las ballenas son las siguientes falsas promesas de la Nochevieja, que es tan o más peligrosa que la mal dicha Nochebuena. El índice de fracaso también es absoluto. Leer o escribir un libro y adoptar una mascota son el séptimo y octavo propósitos de los diez mandamientos del típico borracho bienintencionado y soñador de Nochevieja. El noveno, a un paso ya del coma etílico, es ganar la lotería para dejar de trabajar, plan tan descabellado o más que escapar de Alcatraz. El último objetivo para el año que viene se produce en ese fugaz rapto de lucidez previo al desfallecimiento absoluto sobre la taza del water y es no volver a hacer el ridículo farfullando ante desconocidos las asignaturas pendientes de la vida. Ni que decir tiene que siempre hay alguien que consigue un boleto con premio.

Según el Calendario Zaragozano, since 1840, lloverá a mediados de enero. El 1 saldrá el sol a las 7.38 y se pondrá a las 16.59. Es el momento de plantar ajos y podar olivos.

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