Los juguetes: ¿ni rosas ni azules?

Hay niñas que prefieren jugar manejando cables y niños que se inclinan por las muñecas, más allá de los estereotipos publicitarios o ideológicos

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Imagen del interior de una tienda de juguetes que separa por género / CG
03.01.2017 00:00 h.

En el centro de Barcelona se encuentra la tienda de juguetes infantiles Baby Deli. Es uno de los pocos establecimientos que no separa los juguetes en pasillos azules y rosas, como hacen los grandes almacenes para indicar los muñecos que van dirigidos a niños o a niñas.

En esta tienda barcelonesa “los juguetes son para todos”, afirman sin hacer proselitismo de su filosofía. En los últimos años se ha politizado la cuestión. El Ayuntamiento de Barcelona ha lanzado una campaña bajo el lema No som roses o blaus (no somos rosas o azules) para concienciar a los padres sobre los productos navideños sexistas, es decir, los que asocian el sexo del niño con su rol tradicional en la sociedad.

“Es un niño muy niño”

Desde este comercio explican que ellos ven de todo. “Aquí realmente muchos papás compran cosas que a lo mejor pensamos que son de niño, pero es para su hija”, explican. También están los padres que, a la hora de elegir un juguete, comentan que el suyo “es un niño muy niño”, o “una niña muy niña”, para que el botiguer les busque un camión si es para él o una muñeca si es para ella.

Este local barcelonés, no obstante, es la excepción a la regla. Si se observa la lista de juguetes más comprados estas Navidades en Amazon reinan los artículos que ahondan en esta diferencia de roles: los galácticos de Star Wars para ellos, y las princesas de Frozen para ellas. Una tónica que se repite anualmente: la princesa de Frozen se mantiene --con un 3,9% menos respecto a 2015-- en el podio de las más vendidas. Los galácticos de Star Wars, por su parte, irrumpen por primera vez debido al estreno en los cines de la última secuela de la saga, Rogue One.

 

Preguntados por Crónica Global, Amazon responde que no disponen de “información sociodemográfica” sobre sus clientes, para saber si son padres de niños o de niñas quienes compran un determinado juguete. El célebre portal online tampoco distingue los juguetes por género: “Nuestra misión es ofrecer todos los juguetes del mercado a los clientes para que ellos escojan. Los presentamos sin ninguna clasificación”, aducen.

El poder de la publicidad

La especialista en género y comunicación Juana Gallego explica que el papel de la publicidad tiene mucho que ver en las preferencias de los más pequeños: “Los niños y niñas ya están adoctrinados previamente sobre lo que se supone deben pedir según su género/sexo. Los anuncios, los catálogos, la visión de la vida de los adultos modela la mente de los niños igual que modela la de todos los seres humanos”, sostiene.

Ese condicionamiento social previo en las elecciones de los niños también lo comparte el profesor en Psicología de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y especialista en Educación, Sergi Fàbregues, cuando dice que nadie vive en una “burbuja”: “Los niños no viven en burbujas de cristal al margen del resto de la sociedad, sino que interactúan con amigos, hermanos y primos, van a la escuela y ven los anuncios de televisión”.

En la mayoría de anuncios que se difunden por televisión, como el último de Toys”R”Us, predominan una serie de estereotipos muy marcados en los que las niñas suelen estar representadas al lado de las muñecas junto a un fondo rosa, y lo niños con figuritas de Star Wars sobre un fondo azul.

Ambos expertos consideran que no es fácil que la industria apueste por otro tipo de enfoque: “La mayoría de fabricantes y anunciantes creen que si rompen con estas ideas convencionales no van a vender tanto como si siguen la tradición”, apostilla Gallego.

Pero… ¿y si hay algo más?

Por su parte, el psiquiatra evolucionista Francisco Traver arremete duramente contra cualquier medida emprendida desde las instituciones orientada a buscar nuevos modelos de género: “Habría que admitir que los niños prefieren los camiones y las niñas las muñecas. Ninguna igualdad puede construirse yendo contra la naturaleza”.

El dilema versa alrededor de dos cuestiones. Por un lado, sobre hasta qué punto los niños son libres para elegir los juguetes que realmente prefieren. Por el otro, si los gobiernos deben intervenir en este asunto. Traver sostiene que “debería desideologizarse” y considera que campañas como la del consistorio barcelonés han sido superadas por la neurociencia.

Diferencias desde el primer día de vida

Uno de los estudios más recientes a este respecto y que más aceptación está teniendo entre la comunidad científica es el del profesor Simon Baron-Cohen de la Universidad de Trinidad, en Cambridge. El científico asegura que las diferencias innatas entre niños y niñas se observan desde el primer día de vida, “antes de que los prejuicios hayan sido introducidos”.

El investigador hizo un seguimiento de recién nacidos durante más de ocho años. Desde el primer día de vida se les ponía a la altura de la vista un objeto mecánico y una cara de persona y observaban cuánto tiempo se pasaban los niños fijando la vista a ambos objetos. De forma incontestable, la inmensa mayoría de niños pasaba más tiempo mirando el objeto mecánico, mientras que la mayoría de niñas prefería poner su atención en la cara de otra persona.  

Las hormonas

La diferencia residía en el nivel de testosterona al que habían sido expuestos los bebés durante la gestación. “Si miras las hormonas más allá del sexo ves patrones de interés muy claros”, explicaba Baron-Cohen en una entrevista por un canal noruego.

En este sentido, las diferencias individuales son muy importantes, más allá de haber nacido niño o niña. Eso es lo que hace que siempre haya niñas que prefieran cortar cables y niños que se lo pasan bien acariciando una muñeca. Rompiendo los estereotipos. 

La paradoja de la libertad

Otro de los estudios más rompedores a este respecto fue el de la investigadora en Ciencia de la Educación Camilla Schreiner. Los países nórdicos aparecen en todas las clasificaciones de países en los que hay una mayor igualdad entre hombres y mujeres.

La investigación de Schreiner desarrollada en más de 20 países concluye que, en los países menos igualitarios, el número de mujeres que se dirigen hacia ramas tecnológicas es mayor que en Noruega. En India, por ejemplo, hay más mujeres interesadas en la informática. En el país nórdico, la cantidad de mujeres que se inclinan por profesiones como la enseñanza o la enfermería es muy superior a las que se dedican a la ingeniería o las matemáticas.

La paradoja, afirman, es que, cuanta más libertad, más libre se siente uno de seguir sus inclinaciones innatas. Independientemente de la publicidad o de los esfuerzos de las políticas públicas. 

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