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Esta crema de sólo 3 euros fue elegida como la mejor de 2014 por la OCU.

Tres razones para no comprar cremas de más de 100 euros

El mercado cosmético permite encontrar cremas de entre 3 y 500 euros. La química Laura Bey muestra evidencias de que las cremas más caras no son, ni de lejos, las más eficientes.

Ana Portolés
5 min

Según la organización de consumidores OCU, la mejor crema antiarrugas de 2014 fue la Crema de Día Q10 de la marca Cien. Nada raro si no fuera porque se trataba, precisamente, del producto más barato del mercado ese año, que se vendía por 2,99 euros y era distribuido en los supermercados Lidl. Que, lógicamente, agotaron existencias.

La química y especialista en cosmética Laura Bey, autora del blog Belleza Molecular, resalta este caso como paradigmático, y nos explica qué debemos tener en cuenta antes de dejarnos cegar por los deslumbrantes anuncios de la cosmética de lujo.

Una: ninguna suma de ingredientes cuesta tanto

“Pensemos que los componentes activos de las cremas no superan el 2% del contenido del tarro”, advierte Bey. Es decir, que en un bote de 50 mililitros tenemos 49 mililitros de ingredientes base y 1 mililitro de ingredientes con principios activos. “No hay ninguna suma de ingredientes que en esas cantidades cueste más de 100 euros”, asegura esta gaditana, que elabora sus propias cremas en casa por menos de 8 euros.

Dos: la dudosa efectividad de las cremas con oro y caviar

“Si las cremas llevan oro o caviar, cosa que está ahora muy de moda, puede que su coste sí supere los 100 euros, pero sigue siendo ridículo, porque son substancias que la piel no puede absorber. Por ejemplo, el oro puede aportar cierto brillo pero es uno de los elementos más inertes, que menos se modifica en contacto con otros materiales. Si tu abuela te da un anillo que llevó durante décadas, a ti te dura toda la vida intacto, sin desgastarse, porque obviamente la piel no lo absorbe”, razona la química.

Tres: la falsa innovación

La experta continúa desmontando mitos, y esta vez carga contra los anuncios de cosmética que prometen innovación: “Aunque suene raro, hay pocas cosas en cosmética en las que se puede innovar, todo está prácticamente inventado. Muchos de los componentes activos se conocen desde la antigüedad, y en la mayoría de ocasiones en que se anuncia el lanzamiento de un producto innovador sólo se trata de una nueva combinación de dos principios activos”, asegura.

“Puede haber avances pero es complicado. Solo los laboratorios más grandes pueden permitirse el coste de nuevas investigaciones, tanto para, por ejemplo, buscar una planta que sólo crece en Rusia en determinado lugar y momento del año, ir allí, extraer el componente, investigar, etc., como para elaborar nuevas substancias sintéticas en el laboratorio. Eso ocurre muy pocas veces. En la mayoría de casos pagamos por una innovación que no existe”, revela Bey. Y remata: “Nunca te gastes más de 100 euros en una crema. En general, si pagas más de eso, estás pagando otras cosas, como las campañas de marketing con la actriz de turno”.

Pautas para elegir la mejor crema

“La única manera de saber si la crema es buena o no es mirar la lista de ingredientes. El primero tiene que ser necesariamente agua. No silicona, porque lo que queremos es hidratar, es decir, llenar las células de agua. También es bueno que haya ácido hialurónico, que hidrata de manera justa. Pero debemos evitar los comedogénicos, porque aunque son baratos y retienen la humedad obstruyen los poros”, explica la experta en cosmética con master en biomedicina. Y advierte: “Si no entendemos lo que estamos leyendo, lo mejor es que nos atienda alguien que sepa”.
Tampoco son buenos los extremos: “Una crema 100 % natural no es necesariamente la más efectiva ni la que mejor ha de sentarle a nuestra piel en particular. Yo opto por coger lo mejor de la naturaleza y lo mejor de la química”, defiende esta química y blogger.

Y una última recomendación: “Cada piel es distinta y nunca hay que aplicarse algo porque se lo aplican todos. Una mujer de 50 años me preguntó si debía empezar a usar un despigmentador solo porque vio que lo usaban las mujeres de su edad. Y yo le dije que para qué, ¡si ella no tenía manchas!”, relata.