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Jaume Roures, presidente de Mediapro, durante una rueda de prensa.

Sandro Rosell trató de 'tapar' el espionaje a que sometió al presidente de Mediapro

El ex presidente del Barça habría admitidido que recibía los correos de Roures y le ofreció un arreglo "a la catalana"

Redacción
3 min

Sandro Rosell, el ex presidente del F.C. Barcelona, admitió ante Jaume Roures, presidente de Mediapro, que recibía copia de sus correos electrónicos, pero que a continuación los borraba, según ha afirmado el empresario mediático este mediodía en rueda de prensa.

Según Roures, Rosell se habría ofrecido a arreglar el asunto “a la catalana”, es decir con un pacto económico y sin hacer ruido, pero la forma de entender un arreglo a la catalana del propio Roures y su equipo es acudiendo a los tribunales.

Querella contra tres personas

Y es lo que ha hecho al presentar una querella en la que acusa al propio Rosell, al directivo Carles Raventós y a Robert Cama de tres delitos continuados que se habrían perpetrado desde 2009 a 2011 espiándole su único correo electrónico, por el que vehicula tanto la correspondencia privada como la profesional.

El principal accionista de Mediapro ha explicado que si han tardado tanto tiempo en presentar la demanda --lo descubrieron hace años-- ha sido porque en el momento en que se enteraron estaban en medio de la guerra del fútbol con Prisa, el largo y carísimo conflicto legal que enfrentó a los dos gigantes por los derechos de las transmisiones del fútbol.

Ahora, una vez se ha acabado el conflicto de forma favorable para sus intereses, han presentado la querella y lo han hecho a través de un bufete de abogados de Madrid. “Entre el 70% y el 80% de los abogados de Barcelona trabajan para el Barça, por lo que contratar a uno de Madrid” les ofrecía más garantías, según ha dicho.

Desde dentro

Sandro Rosell habría contratado a un empleado de Mediapro, Robert Coma, por 100.000 euros anuales cuando tenía dedicación exclusiva con la empresa de Roures. El trabajo que le encargaron consistía en introducirse en el correo del presidente y reenviarlo a Rosell. Él fue despedido, como otras dos personas de su equipo que habrían colaborado en las tareas de espionaje.

Roures no pretende compensación económica alguna, sino que “personajes de la catadura de Sandro no puedan ir por el mundo actuando impunemente. Es un miserable”, según ha sentenciado.