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Plaga de la oruga procesionaria / CG

Batalla contra la plaga de la procesionaria en Cataluña

La Generalitat destina 946.000 euros para combatir a las orugas este año y ha fumigado 27.000 hectáreas en los últimos dos ejercicios

31.05.2017 00:00 h.
3 min

La plaga de la procesionaria del pino se ha convertido en un problema al que se enfrenta la consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación cada año. Las anomalías climáticas de los últimos años, principalmente la falta de frío en otoño e invierno, han provocado que la presencia de orugas haya aumentado considerablemente en todo el territorio catalán.

El propio departamento liderado por la consellera Meritxell Serret ha alertado recientemente del riesgo que supone la presencia de esta plaga “mucho más allá de los daños en el arbolado y en el paisaje”, según acaba de publicar el Gobierno de Carles Puigdemont en el Butlletí Oficial del Parlament de Catalunya (BOPC).

Presupuesto y fumigación

Serret asegura que es consciente de que la procesionaria afecta, también, al turismo rural, la recogida de setas y el excursionismo, entre otras actividades al aire libre debido a los pelos urticantes que desprende y que transporta el viento con facilidad.

La Generalitat ha fumigado un total de 27.000 hectáreas --20.000 en 2016 y 7.000 en 2015-- y para este año ha calculado un presupuesto de 946.000 euros con los que combatir la plaga: 931.000 euros para el Plan de aplicaciones aéreas, que incluye el suministro de producto biológico, la contratación de medios aéreos y el trabajo técnico de evaluación de la campaña; y 15.000 euros para ensayos de control biológico de la procesionaria mediante vertebrados.

Cuidado con los animales

Una de las alertas principales de la conselleria es el peligro para la salud que puede provocar en humanos pero, sobre todo, en animales, ya que puede derivar incluso en la muerte de las mascotas con solo acercarse a olerlas, rozarlas o lamerlas.

David Martínez, coordinador del Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (PACMA) en Cataluña, ha reiterado la necesidad de estar alerta ante la presencia de las orugas, pero ha señalado que no deberían matarlas: “También son animales”, ha dicho a Crónica Global.

Para Martínez, vigilar que los perros no se acerquen a ellas es la mejor opción, evitar el contacto y alejarlos de zonas boscosas y pinares en la medida de lo posible sobre todo en los meses de primavera. “Si detectamos la presencia de la procesionaria, lo mejor es avisar al resto de visitantes de la zona para que extremen precauciones”.