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Alfonso Hinojosa, autor de "Los Policías también lloran" / PABLO MIRANZO

Los policías también escriben (sobre sucesos)

Alfonso Hinojosa homenajea con una novela a su compañero Antonio López, el sargento asesinado en 2017 por el pistolero de Gavà

8 min

Julio de 2017. Una trabajadora del tanatorio de Gavà alerta a la policía local. Hay un hombre que desde hace rato merodea por el aparcamiento con una mochila a cuestas. Hasta allí se desplaza una patrulla. El sospechoso, un antiguo veterinario, dice buscar “venganza” y abre fuego contra los agentes con un fusil de asalto. Uno de ellos resulta herido en una pierna, mientras al otro, el sargento Antonio López, le alcanza un disparo en la mandíbula. Muere días después en el Hospital de Bellvitge.

El pistolero es Jorge Casas Cordero, de 44 años. Tras el tiroteo emprende una huida en coche, y los Mossos d’Esquadra lo arrestan en Canyellas. Pero, ¿qué hacía Cordero en el tanatorio de Gavà? “Estaba previsto el velatorio de su exsuegro, un hombre de 63 años, que vivía en Mont-roig del Camp”, recuerda Alfonso Hinojosa, policía de la localidad y compañero de López. Entonces no se sabía que Casas había matado también al padre de su expareja; ni que tres días antes había cometido el primero de tres crímenes, el de un camarero húngaro en un bar de Vilanova, hiriendo también a la propietaria del local.

Los tres crímenes del pistolero de Gavà

Investigadores del cuerpo catalán relacionaron al sospechoso con los tres sucesos por la munición empleada --del calibre 22--, la misma en todos los casos. En su casa guardaba también una defensa eléctrica, flechas, machetes y dos navajas. “La realidad siempre supera a la ficción” suscribe Hinojosa, que acaba de publicar Los policías también lloran. Un homenaje con forma de novela a su compañero fallecido, y en el que ficciona una supuesta trama de tráfico de armas tras los tres crímenes. “A partir del entierro, todo es inventado”, explica a Crónica Global. No así el cúmulo de circunstancias que llevaron a Casas al tanatorio aquel 6 de julio. El velatorio de su exsuegro se había cambiado de hora, porque luego se iba a celebrar el del abuelo de un futbolista del Barça. “Que nos llamen porque alguien ve algo sospechoso y luego no ocurra nada es el pan de cada día” cuenta el policía de Gavà, aunque este caso fue la excepción.

Detalle del libro "Los Policías también lloran" de Alfonso Hinojosa / PABLO MIRANZO
Detalle del libro "Los Policías también lloran" de Alfonso Hinojosa / PABLO MIRANZO

A lo largo del libro, el alter ego de Hinojosa emprende una investigación paralela a la de los Mossos, en la que su personaje cuestiona por qué no había agentes de paisano en el velatorio de un asesinado; tras un crimen para el que por entonces no había sospechosos. También se desplaza con su Harley a la urbanización de Miami Platja, donde Casas asesinó a su exsuegro, e incluso localiza a la hija de la víctima, que fue pareja del pistolero entre 2006 y 2011. Su intención es recabar información. ¿Qué pinta en la ecuación el camarero de origen húngaro? Esta es una de las hipótesis a la que esta segunda parte, la novelada, da respuesta.

‘True crime’ con firma de policía

En la vida real, el caso se cerró en 2019 con un acuerdo judicial —entre la defensa, la fiscalía y la acusación particular— para el internamiento en un centro psiquiátrico de Casas Cordero, absuelto de tres delitos de asesinato por concurrir la eximente completa de trastorno mental. En la novela de Hinojosa la acción transcurre en una empresa de piensos, donde trabajan tanto el exsuegro como el camarero húngaro, y que en realidad sirve como tapadera para transportar armamento. Lo que se conoce como True crime, subgénero narrativo de investigación y reconstrucción de crímenes reales, ya sea de forma documental o ficcionada.

Alfonso Hinojosa, autor de "Los Policías también lloran" / PABLO MIRANZO
Alfonso Hinojosa, autor de "Los Policías también lloran" / PABLO MIRANZO

No es su primera obra, este policía local ya abordó la crónica negra años atrás con La Cuadrilla de la Muerte. Ahora quiere homenajear a su amigo de la infancia, con el que coincidió en un equipo de fútbol juvenil, y también como “desahogo” tras lo sucedido. “Entré en la policía de Gavà por él”, recuerda. Su objetivo vital nunca fue ser agente, y tal como su personaje detalla en el libro, “no era una vocación”.

Un agente aficionado a escribir

Vocación o no, una vez dentro, se ha dedicado en cuerpo y alma al puesto, aunque confiesa su debilidad por la lectura y la escritura. Al igual que un exintegrante de los servicios de inteligencia británicos se convirtió en un maestro de los relatos de espionaje bajo el pseudónimo de John le Carré, e incluso un agente del CNI en activo ha publicado recientemente El alma de los espías, este policía local no descarta dedicarse a la literatura a tiempo completo cuando se jubile. Eso sí, primero deberá encontrar respaldo editorial, porque ahora se autoedita, y corre con todos los gastos.

Portada del libro "Los Policías también lloran" de Alfonso Hinojosa / PABLO MIRANZO
Portada del libro "Los Policías también lloran" de Alfonso Hinojosa / PABLO MIRANZO

Muchas noches en la central recibiendo llamadas y coordinando a las patrullas, hasta que un día enseñó uno de los textos a un compañero, y fue este quien le animó a publicarlos. Así lo hizo. Reconoce que en un principio los libros no lograban gran repercusión, pero la acogida de ‘Los policías también lloran’, sobre todo entre otros agentes, ha sido muy positiva. En cartera tiene otra obra —aún sin publicar—, en la que la alcaldesa de Barcelona se enamora de un policía local en medio de una trama de crímenes. “En mis novelas siempre hay sangre, sexo y rock and roll”, ríe.