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Niña con un móvil / PIXABAY Niños

"Los niños de 0 a 3 años no deberían mirar pantallas"

El uso de móviles y televisores entre los más pequeños puede causar adicción y problemas para su salud y aprendizaje, según alertan diversos expertos

26.05.2019 01:19 h.
9 min

El uso de dispositivos móviles se ha extendido de forma masiva por todo el mundo en apenas una década. La presencia de smartphones y tablets es hoy en día algo habitual en nuestros hogares y, al igual que los televisores, en muchos de ellos se utilizan también para distraer a los niños. Pero los efectos negativos que pueden causarles son numerosos. Así lo advierten diversos expertos, que desaconsejan su uso por los problemas de adicción y de salud que pueden provocar, sobre todo a los más pequeños. Por ejemplo, en su desarrollo intelectual y aprendizaje, en su capacidad de concentración y esfuerzo, y hasta problemas físicos de visión o musculares. 

Lo apunta Anna Ramis, profesora y pedagoga e impulsora de la campaña #De0a3PantallesRES (“de cero a tres, nada de pantallas”), con la que quiere concienciar a los padres de los problemas que pueden generar las pantallas en la salud de los niños. Su recomendación es clara: hasta los tres años, los bebés no deberían estar expuestos a ellas (salvo si se trata de la videollamada de un familiar). Y, a partir de P3, como máximo una hora al día, siempre acompañados y bajo la supervisión materna o paterna, interactuando con ellos y siendo responsables de lo que ven.

Problemas diversos

Como maestra, Ramis ha ido tomando conciencia de este nuevo problema en los últimos años, tanto a partir de artículos de divulgación --a falta todavía de "estudios longitudinales" en el caso de los móviles-- como por observación propia: “La evidencia que veo es que los padres usan los móviles para todo, y los profesores acusan las consecuencias: niños con poca tolerancia a la frustración, atrasados en el lenguaje o incluso en tonicidad muscular…”, explica a Crónica Global. A lo que se suman otros como, por ejemplo, la falta de relación con otros niños. 

“De los 0 a los 3 años, el niño está empezando a formar su cerebro, y aprende todo lo básico para vivir: la lengua para comunicarse, las expresiones faciales, el tono de las palabras, a caminar, a moverse, a coger cosas… Hasta los tres años se aprende todo mediante el cuerpo y el movimiento. Si se le quita tiempo para eso, para jugar, para moverse, para interactuar con otras personas, se le quitan posibilidades de aprender”, señala.

Tampoco para comer ni para dormir

En su opinión, uno de los mayores errores de los progenitores es utilizar las pantallas asociando la práctica de una actividad, como comer o dormir, para distraerles: “Eso a los niños se les queda grabado. Y, una vez se acostumbran, cuando se les quita, se rebelan. No saben hacerlo sin ellas”. Y les crea adicción. “El niño queda abducido, cautivado. Y no tiene defensas mentales para ello”.

Ramis, además, subraya el hecho de que “un niño de tres años o menos no necesita pantallas” dado que, entre otras cuestiones, “ya tiene muchos estímulos” para distraerse y aprender por sí mismo con su entorno. Por ejemplo, jugando.

Notas extraídas del libro 'Niños desconectados', de Elisabeth Kilbey / ANNARAMIS.CAT

Notas extraídas del libro 'Niños desconectados', de Elisabeth Kilbey. Gráfico de Anna Ramis / ANNARAMIS.CAT

"Con la televisión y los móviles no se aprende"

Esta pedagoga catalana apunta, como fuente de inspiración, otras iniciativas en el resto del país que alertan acerca de la sobreexposición a las pantallas de los niños. A finales del año pasado, en Manacor (Mallorca), se puso en marcha la campaña “Zero pantalles de 0 a 3 anys” (“Cero pantallas de 0 a 3 años”), con el objetivo de guiar a los profesionales de la educación y la sanidad, y concienciar a las familias sobre los riesgos de los móviles y televisores. La iniciativa la impulsa la Comisión 0-3, integrada por el Ayuntamiento de esta localidad mallorquina y varias asociaciones, fundaciones y centros sanitarios vinculados con la infancia.

En su guía explicativa, que incluye datos y conclusiones de diversos estudios, se afirma entre otras muchas cuestiones que los bebés de 0 a 3 años “no aprenden mirando las pantallas”, y que un niño sobreestimulado “se convierte en un adolescente que lo ha visto todo, lo ha tenido todo y tiene el deseo bloqueado”.

Impulsividad y agresividad

La campaña mallorquina, asimismo, alerta del peligro de adicción a las pantallas, de la dependencia que pueden generar, de su uso compulsivo y los cambios de comportamiento que pueden causar. Según indican, las consecuencias que afectan más a menudo a los niños de 0 a 3 años son problemas de atención y de desarrollo del lenguaje. Así, la guía subraya que cuando un niño juega con una pantalla no activa las zonas del cerebro relacionadas con la lengua, sino con los movimientos de la mano y la visión.

Pero su diagnóstico no se queda ahí. Entre otros indicadores de riesgo derivados de la sobreexposición señala posibles trastornos “del sueño, aislamiento, dificultades en la memoria a largo plazo, falta de atención, falta de interés por situaciones más lentas, impulsividad, sobrepeso, agresividad, miopía, baja tolerancia a la frustración”, entre otras. Algunos de estos síntomas, según Jerònia Galmés, miembro del equipo del atención primaria de la zona de Llevant, cada vez se detectan con más frecuencia entre niños que tienen en común la sobreexposición a las pantallas. "Últimamente detectamos uno o dos niños por clase con estas características, son niños que tienen dificultad para escuchar y comunicarse, que no les estimula jugar con otros niños o con materiales y juegos adecuados a su edad y que reclaman móviles y pantallas constantemente", indicó en la presentación de la iniciativa de Manacor. 

Presentación de la campaña 'Zero pantalles de 0 a 3' llevada a cabo en Manacor / MANACOR.ORG

Presentación de la campaña 'Zero pantalles de 0 a 3' llevada a cabo en Manacor / MANACOR.ORG

Jugar e interactuar más

La campaña de Manacor ofrece a las familias alternativas al uso de las pantallas. Y, al igual que Rius, destaca la importancia crucial de interactuar con los niños. De jugar con ellos, de hacerlos partícipes de las actividades de la familia, de implicarlos en su entorno, de prestarles atención y afecto. De acompañarlos en lo que hacen.

Así, por ejemplo, recomiendan fomentar el juego sensorial, para que puedan experimentar y poner a prueba sus habilidades. O también el de construcción y el simbólico, simulando situaciones y personajes para desarrollar su imaginación y creatividad y el lenguaje. En definitiva, prescindir de las pantallas y recuperar hábitos que, con el uso de las tecnologías, parecen irse perdiendo: estar más con los niños, explicarles cuentos, cantarles canciones, estimular su imaginación, como se ha hecho siempre. Algo que, señalan, no se puede obtener de ninguna otra manera.