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Vehículo repostando biocombustible gracias al proyecto Life Methamorphosis / SEAT

La iniciativa que propone transformar basura en biocombustible para vehículos

El proyecto piloto Life Metamorphosis propone utilizar biometano para hacer funcionar el motor de los vehículos

5 min

La sostenibilidad se posiciona como una de las prioridades fundamentales de una sociedad cada vez más concienciada con la protección del medio ambiente. Por eso tampoco sorprende que cada vez haya más iniciativas destinadas a la consecución de energías más limpias. Uno de los últimos ejemplos es el proyecto Life Methamorphosis que busca mitigar el cambio climático gracias al uso de biometano procedente de plantas de tratamiento de residuos como combustible para transporte.

De esta forma, a los vehículos que funcionan con petróleo, electricidad o gas ahora hay que sumarle una nueva tipología: los que utilizan basura para hacer funcionar sus motores. El Institut Català d’Energia (ICAEN), Área Metropolitana de Barcelona (AMB), Aqualia, FCC o Naturgy son algunas de las compañías que participan en Life Methamorphosis. También Seat, uno de cuyos expertos desvela, en cinco pasos, cómo desperdicios orgánicos pueden convertirse en gas renovable.

Primer paso: Reciclar

Cada habitante de la ciudad de Barcelona genera unos 1’5 kilos de residuos al día. 2’5 millones diarios de kilos de basura de la que tan solo se recicla el 40 %. “Con toda la basura orgánica que se genera podemos producir biometano suficiente para mover 10.000 coches unos 15.000 kilómetros cada año”, apunta Andrew Shepherd, ingeniero de Seat responsable del proyecto Life Methamorphosis.

De toda la basura que se recoge en el Ecoparc 2 de Barcelona, para producir el biometano se selecciona la que proviene de los contenedores marrones de residuos orgánicos y lo aprovechable de los contenedores grises. Ésta será la materia prima que se convertirá en biocombustible.

Segundo paso: Transformar

Una vez seleccionados los residuos orgánicos, comienza el proceso de transformación. En el mismo Ecoparc se introducen en unos digestores anaeróbicos de 26 metros de altura, equivalente a un bloque de pisos de ocho plantas, con una capacidad individual de 4.500 metros cúbicos.

Dentro del digestor no hay oxígeno, por lo que empieza un proceso de descomposición que genera unos gases. Después de unos treinta días, se consigue biogás con un 65 % de metano, “aunque este biogás aún no tiene la calidad suficiente para alimentar un motor de gas, así que es necesario refinarlo”. Además, todo se aprovecha, ya que los restos del material orgánico no convertido en biogás se utilizan como fertilizante.

Tercer paso: Refinar y comprimir

En este momento se tiene una mezcla de metano y dióxido de carbono, pero necesita refinarse para lograr un biometano de calidad óptimo para los automóviles. El ingeniero explica que “uno de los mayores esfuerzos que estamos haciendo en nuestro proyecto es asegurar que la calidad del gas es óptima”.

“Al final del estudio, comprobaremos cómo el uso único de nuestro biometano ha influido en los motores de los cuatro vehículos en los que lo estamos probando”, afirma Shepherd, que añade que tras esta fase de refinado, el gas pasa a comprimirse y almacenarse.

Cuarto paso: Repostar

El biometano ya está listo para el uso directo en cualquier vehículo que funcione a gas. El repostaje del depósito en la gasinera del proyecto no dura más de tres minutos.

“Este biometano puede inyectarse en la red general de gas. Químicamente tienen la misma composición, por lo que es válido utilizarlo tanto directamente como mezclado con gas convencional”, indica.

Quinto paso: Rodar

Aunque el proyecto piloto Life Methamorphosis genera suficiente biometano para alimentar los cuatro vehículos de la prueba, el Ecoparc 2 tiene potencial de producir mucho más. Si se refinara todo el biogás de este espacio a biometano, 3.750 Seat León podrían dar la vuelta al mundo cada año.

“Con este gas renovable abordamos temas muy importantes hoy en día: contribuir a la economía circular, reducir residuos y reducir gases de efecto invernadero, ya que su producción y uso genera un 80 % menos de emisiones de dióxido de carbono que la gasolina”, concluye Shepherd.