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Foto de familia de la conferencia de presidentes autonómicos celebrada el pasado martes en el Senado / EFE

La financiación autonómica debe tener presente la dispersión poblacional

Las administraciones han ensayado distintas medidas, entre ellas fomentar el asentamiento de familias procedentes de otros territorios

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Los presidentes autonómicos ven en la nueva consideración del problema de la despoblación por parte del Ejecutivo una buena baza ante la reforma del sistema de financiación autonómica. Es decir, de recibir más dinero por la dispersión geográfica para sostener la sanidad y la educación. García-Page puso el ejemplo: Fuenlabrada tiene la misma población que toda la provincia de Cuenca (200.000 habitantes). Pero la financiación no puede ser la misma, ya que la población madrileña tiene cinco centros de salud y Cuenca 35.

Una comisión en el Senado propuso en 2016 hasta 50 medidas para luchar contra la despoblación. En parlamentos autonómicos se ha hecho lo propio para fijar población en el mundo rural. Incluso el Parlamento Europeo animó a los gobiernos estatales y regionales a llevar a cabo políticas de cohesión y desarrollo para el mundo rural. Pero sin demasiado éxito.

Malos resultados

La Comisión Europea ha recordado que todas las ayudas concedidas a España para sus zonas rurales y, más concretamente, contra la despoblación han fracasado. Y, de momento, no hay más dinero en su agenda.

“Asentar una familia en un pequeño núcleo rural puede parecer una gota de agua en el mar, pero también contribuye a la pervivencia de ese pueblo evitando que, por ejemplo, se cierre la escuela”, asegura la Asociación contra la Despoblación del Mundo Rural, asentada en Aragón, Soria, Guadalajara y Cuenca. Desde esta institución han logrado atraer a unas 40 familias.

Tampoco es tan malo

Dejando a un lado el aspecto sentimental, algunos expertos abogan por quitarle drama a la despoblación y ser prácticos. “Hay que exigir a las administraciones que den servicios donde la gente viva. Pero en términos de país no es necesariamente malo que la población esté concentrada en un punto y el resto sea un desierto”, asegura el sociólogo Santiago Hernández.

En cualquier caso y de manera irreversible, una parte de España camina hacia el desierto vital.