Las redes sociales están repletas de carteles de convocatorias para repetir las violentas protestas antisistema del pasado sábado en Barcelona.
¿Quién está detrás? Los Mossos d'Esquadra trabajan en coordinación con la Policía Nacional, la Guardia Civil y los servicios de inteligencia españoles para dar con la cabeza pensante, con la mirada puesta en el ecosistema digital en el que se capta, se difunde y se organiza.
Según ha podido comprobar Crónica Global, un informe de inteligencia estratégica de una empresa catalana de ciberseguridad ha puesto sobre la mesa la posibilidad de que el movimiento juvenil se enmarque en una operación de desinformación desde el extranjero con forma de ataque híbrido.
Jóvenes destrozan el mobiliario urbano en el centro de Barcelona este sábado, 24 de octubre
Esta hipótesis de injerencia y financiación extranjera —una entre varias— se apoya, por ahora, en indicios que aún deben corroborarse, pero presentes en antecedentes internacionales de interferencia e incidentes institucionales.
La definición sobre el radar
Desde el Consejo de la Unión Europea, las amenazas híbridas se definen como "actividades perjudiciales coordinadas que se planifican y llevan a cabo con objetivos malintencionados". Sigue: "Su finalidad es perjudicar a un objetivo, como un Estado o una institución, a través de diversos medios, que a menudo se combinan".
Esos medios incluyen "la manipulación de la información, los ciberataques, la influencia o la coerción económica, las maniobras políticas encubiertas, la diplomacia coercitiva o las amenazas de fuerza militar".
Son tácticas que han sido utilizadas por agentes estatales y no estatales que suponen una amenaza para la democracia y atacan sus valores fundamentales, con el objetivo de fracturar la sociedad y socavar la toma de decisiones políticas.
El organismo europeo incide en que están concebidas "para mantenerse por debajo del umbral que podría constituir un acto de guerra", por lo que resulta difícil detectarlas y defenderse de ellas, aún más en una fase de creciente sofisticación y complejidad digital.
Cola de antecedentes
Los posibles paralelismos con las operaciones de injerencia documentadas en otros países están en estas tácticas: la difusión coordinada de contenidos, el uso de plataformas digitales para llegar a públicos concretos y la posibilidad de ocultar la identidad de quienes impulsan los mensajes.
La Unión Europea lleva años documentando campañas de manipulación informativa que buscan influir en el debate público, explotar las divisiones sociales y debilitar la confianza en las instituciones.
Varios jóvenes en el interior de un tienda de informática vandalizada durante los incidentes de este sábado, 24 de octubre, en Barcelona
En enero de 2024, el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) publicó un informe que analizaba 750 incidentes de manipulación e injerencia informativa extranjera registrados durante los doce meses anteriores.
Amplificación en redes
Entre los casos examinados figuraba España. El documento describía cómo canales oficiales rusos y otras redes vinculadas a ese entorno habían promovido listas de canales de Telegram que posteriormente se utilizaron para difundir contenidos relacionados con las elecciones generales de 2023.
El informe también recogía la actividad de una red de hacktivistas prorrusos que publicó supuestas filtraciones de cuentas españolas y europeas.
El caso ilustra la utilización coordinada de canales digitales para introducir y amplificar mensajes en un contexto político sensible. La operación no tiene por qué consistir en inventar un conflicto desde cero; también puede tratar de explotar divisiones existentes, aumentar su visibilidad o erosionar la confianza en las instituciones.
Aprovechar las fracturas sociales
El Centro Europeo de Excelencia para la Lucha contra las Amenazas Híbridas, con sede en Helsinki, ha estudiado la parte de cómo estas campañas pueden aprovechar las identidades y los agravios sociales para profundizar las divisiones dentro de una sociedad.
En un análisis publicado en abril de 2025, el organismo examinó casos de Alemania, Francia y Suecia, entre otros países, y describió cómo determinadas narrativas pueden explotar tensiones económicas, sociales o identitarias para debilitar la confianza entre comunidades y en las instituciones.
La lógica es especialmente relevante para entender el alcance de las redes sociales, un espacio lejos de ser neutral en el que los algoritmos pueden favorecer la difusión de contenidos que generan interés e interacción, mientras que las cuentas coordinadas pueden multiplicar su alcance.
Una convocatoria puede llegar así a una audiencia mucho mayor que la de sus promotores originales, aunque determinar si esa difusión responde a una operación organizada exige analizar las cuentas, sus conexiones y el origen de los mensajes.
La incógnita de Barcelona
En el caso de Blocus, la investigación trata de esclarecer si detrás de la convocatoria hubo una estrategia organizada para captar a jóvenes mediante vídeos de disturbios ocurridos en Francia y mensajes que los animaban a reproducirlos en Barcelona.
Según la hipótesis que manejan los investigadores, la difusión de esos contenidos habría precedido a una convocatoria cuyo desarrollo acabó desbordando el marco de una protesta violenta, con más de la mitad de los detenidos menores.
La eventual participación de actores extranjeros continúa siendo una cuestión por esclarecer. Determinar quién creó los primeros perfiles, desde dónde operaban y cómo se coordinaron los canales de difusión será decisivo para establecer si se trató de una movilización surgida de dinámicas internas, de una operación de manipulación organizada o de una combinación de ambas.
