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Entre 2025 y 2026, al menos tres muertes violentas registradas en Cataluña tienen una relación directa con la órbita de los grupos juveniles violentos.

Aunque las fuentes policiales no han especificado de qué muertes se trata, sí que confirman la existencia de tres casos, todos ellos a la espera de juicio, en los que todos los indicios recabados apuntan a un crimen entre bandas.

Las mismas fuentes aclaran que hay otros episodios que se están analizando y que la cifra podría aumentar en cuanto se vaya obteniendo nueva información.

Por ahora, y en base a los datos obtenidos, la policía catalana solo se atreve a etiquetar tres homicidios entre mediados de 2025 y lo que llevamos de año.

Faltan indicadores claros

Precisamente, con la puesta en marcha del nuevo 'Plan Proa' se busca obtener más inteligencia policial para poder catalogar con más datos objetivos los incidentes que tienen que ver con estos grupos juveniles violentos.

No solo los homicidios, sino también los robos violentos, las peleas o el menudeo de droga. Y es que a día de hoy los Mossos todavía no disponen de indicadores suficientemente precisos para establecer cuántos casos están relacionados con el fenómeno de las bandas.

Imagen detalle del arma de un agente de la ARRO de Mossos d'Esquadra

Mil jóvenes identificados

A partir de los datos que se han obtenido del análisis policial, se han identificado 34 grupos juveniles violentos estables y alrededor de 1.000 personas relacionadas con estas estructuras, de las cuales entre 400 y 500 estarían consideradas miembros activos.

Además, tres de cada cuatro de estos últimos pertenecen a alguna de las tres organizaciones con mayor presencia: Los Trinitarios, los 300 y Barrio 18, que aglutinan, por lo tanto, el 75% de los miembros activos en Cataluña.

"Socialización" de las armas de fuego

Algo que preocupa a los investigadores es la "socialización" de las armas de fuego: es decir, la expansión de estos instrumentos lesivos hacia entornos criminales en los que tradicionalmente su presencia era menos habitual.

Este fenómeno alcanza también a perfiles jóvenes que se vinculan a estas bandas.

Es más, según los Mossos, algunos de estos entornos tienen ahora un acceso más fácil tanto a armas blancas como a armas de fuego.

Agentes de la BRIMO registran a un joven en zona de La Torrassa de L'Hospitalet de Llobregat Simón Sánchez

Violencia como seña de identidad

Y ligado al acceso de estos grupúsculos a determinadas armas, el nuevo 'Plan Proa' constata que la violencia se ha convertido en la seña de identidad de estos jóvenes.

Si bien es cierto que las antiguas bandas latinas se caracterizaban por una fuerte identificación con el país de origen, en la actualidad, el sentimiento de pertenencia se construye alrededor de la marca, su identidad colectiva y, especialmente, la violencia.

Una violencia que no siempre responde a un objetivo económico o delictivo concreto y que, en muchos casos, es totalmente gratuita.

Riesgo de expansión

Los mandos policiales al frente del nuevo plan coinciden en que el fenómeno actual no puede equipararse al que Cataluña vivió entre 2003 y 2011.

Durante aquel periodo, organizaciones como los Latin Kings, los Ñetas o las Maras llegaron a desarrollar estructuras jerárquicas, códigos de conducta y mecanismos de control especialmente rígidos.

Agentes de los Mossos d'Esquadra y de la Policía Nacional custodian a varios de los Trinitarios detenidos en L'Hospitalet de Llobregat EFE/Toni Albir

El temor es que estos grupos lleguen a recuperar la capacidad organizativa de las antiguas bandas latinas en un escenario en el que la disponibilidad de armas podría hacer que sus enfrentamientos fueran todavía más graves.

En la actualidad...

Ahora, los Mossos d'Esquadra trabajan para que este fenómeno no vaya a más. De ahí que el 'Plan Proa' trabaje con el doble objetivo de neutralizar los grupos actuales y frenar la creación de nuevos.

Para lograrlo, uno de los instrumentos fundamentales será la elaboración de un triple censo de personas, grupos y espacios. Este último incluirá tanto lugares físicos como entornos virtuales y espacios de interacción, entre ellos los centros penitenciarios.

El reto, por lo tanto, ya no consiste únicamente en identificar a las bandas históricas, sino en anticiparse a grupos cada vez más cambiantes, más heterogéneos y con un acceso preocupante a armas de fuego.

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