La vida de Marta dio un giro radical hace aproximadamente un año, cuando le diagnosticaron una enfermedad degenerativa en la columna vertebral.
Tuvo que dejar de trabajar y de estudiar porque el dolor y la falta de movilidad ya no le permitían seguir con su rutina habitual.
Empezaba entonces un proceso de tratamientos y operaciones que, según explica, continúa a día de hoy y que previsiblemente la acompañará durante el resto de su vida.
Sin ingresos ni ayudas
A sus 24 años, esta vecina de Barcelona necesita ayuda para todo: ducharse, vestirse o ir al baño.
Ha agotado sus ahorros para afrontar los gastos derivados de su situación y asegura que, de momento, le han denegado tanto la incapacidad permanente como el ingreso mínimo vital.
Sin ingresos económicos, ha recurrido a una campaña en ‘GoFundMe’ para costear su recuperación y los productos que necesita en su día a día: "No tengo ni un euro en la cuenta bancaria, no tengo ni para comer", explica.
Su caso está en manos de abogados y, según señala, está pendiente de juicio por la denegación de la incapacidad: sostiene que la consideran apta para trabajar pese a las limitaciones que describe.
El recorrido médico
El recorrido médico tampoco ha sido sencillo.
Según su testimonio, acudió inicialmente a la sanidad pública en Cataluña, donde recibió un diagnóstico de lumbalgia, sin que, según ella, se le practicara ninguna exploración física ni se la derivara a neurocirugía.
Imagen de archivo de una oficina de la Seguridad Social
También relata que, al acudir a urgencias de otro hospital de Barcelona, no pasó del triaje porque le indicaron que el centro no le correspondía por zona.
Finalmente, recurrió a su seguro privado. Allí, asegura, tuvieron que ingresarla por la intensidad del dolor.
Seis operaciones de columna
Después de probar distintos tratamientos, Marta cuenta que se sometió a seis intervenciones quirúrgicas.
Entre ellas, una artrodesis lumbar que, según explica, no dio el resultado esperado. A ello se añadió una infección bacteriana en una vértebra, una osteomielitis, que agravó su situación.
El 11 de marzo de 2026 volvió al quirófano para una operación de ocho horas en la que, según relata, ampliaron la instrumentación de su columna y la fijación a la pelvis.
Tras aquella intervención, explica que ha perdido la movilidad y la sensibilidad de la pierna izquierda, aunque sigue sintiendo dolor.
Dolores constantes
Marta asegura que toma morfina a diario, además de otros medicamentos, y que el dolor condiciona incluso las actividades más pequeñas.
Permanecer sentada en la silla de ruedas o salir a dar un paseo breve puede convertirse en un esfuerzo difícil de soportar. "A veces un paseo breve ya es motivo de llorar por el dolor tan fuerte que tengo", cuenta.
La incertidumbre sobre la recuperación de su pierna se suma a esas limitaciones. Según le han trasladado, explica, no saben si recuperará la movilidad ni cuánto tiempo podría necesitar para lograrlo.
Su esperanza está puesta en la neurorrehabilitación en una clínica especializada de Barcelona. Según indica, los profesionales que la atienden le recomiendan al menos dos sesiones semanales de una hora, a un precio de 70 euros cada una.
Solo ese tratamiento supone 140 euros a la semana, una cantidad que ahora no puede asumir con recursos propios.
Campaña de financiación
Las donaciones ya le han permitido acometer algunas adaptaciones en su vivienda y adquirir material de apoyo: barras para la ducha, un inodoro adaptado, un trapecio para incorporarse de la cama, una silla de ruedas eléctrica y órtesis para mantener la posición de la pierna.
Para explicar el destino de las aportaciones, Marta publica en sus redes sociales las facturas de los gastos que va afrontando. La campaña busca financiar tanto los tratamientos como las herramientas necesarias para recuperar cierta autonomía.
A esas necesidades se han añadido problemas urinarios. Según relata, le han indicado que debe sondarse entre cuatro y cinco veces al día, lo que implica utilizar de forma habitual distintos productos sanitarios.
También busca una segunda opinión en la Fundació Puigvert mientras espera la derivación desde la sanidad pública.
El coste emocional
La recuperación no se limita al aspecto físico. Marta también necesita apoyo psicológico para afrontar la dependencia, el dolor y la incertidumbre sobre su futuro, pero asegura que tampoco puede pagarlo.
"No es fácil aceptar un cambio de vida tan drástico, de un día para otro", reconoce.
Explica que ha acudido a los servicios sociales y que tiene trámites en marcha, aunque las respuestas no llegan al ritmo que necesita.
Mientras espera que se resuelva su situación, depende de la ayuda de otras personas para cubrir los gastos más básicos y mantener los tratamientos con los que intenta recuperar parte de su vida.
