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"Europa ya no puede dar por sentado el escenario de seguridad de las últimas décadas. El desplazamiento del foco estratégico de Estados Unidos hacia el Indo-Pacífico, la guerra de Ucrania y la proliferación de nuevas formas de conflicto obligan a los países europeos a reforzar sus propias capacidades de Defensa".

Es el diagnóstico que ha planteado este jueves el teniente general Raimundo Rodríguez Roca, inspector general del Ejército, en su intervención en la segunda jornada del IV foro BCN Desperta!, organizado por Crónica Global, Metrópoli y El Español.

El militar ha advertido de que "el modelo de liderazgo global de Estados Unidos del que se beneficiaba Europa se está redefiniendo". Washington, ha señalado, "no ha dejado de ser el centro del sistema internacional", pero su foco se desplaza hacia el Indo-Pacífico, donde se concentra actualmente la rivalidad estratégica con China. Un cambio que, a su juicio, obliga a Europa a asumir una mayor responsabilidad en su propia seguridad.

Los distintivos en el uniforme militar del teniente general inspector general del Ejército, Raimundo Rodríguez Roca. Gala Espín

La intervención de Rodríguez Roca ha cerrado la presentación de la jornada dedicada a la defensa y la tecnología, después de que el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, reclamara una mayor coordinación europea para afrontar el actual escenario internacional y destacara el cambio "muy positivo" en la actitud de la industria y el empresariado catalanes hacia el sector de la Defensa.

Una Europa más autónoma

El inspector general del Ejército ha situado la autonomía estratégica y la soberanía tecnológica en el centro del nuevo escenario. Europa, ha explicado, sigue teniendo "grandes dependencias" respecto a Estados Unidos en ámbitos como la inteligencia, el transporte, los satélites, el reabastecimiento, el mando o la tecnología.

La llamada OTAN 3.0 supone precisamente, según su análisis, una adaptación de la Alianza a este nuevo equilibrio. Europa y Canadá deben "gastar y producir" más para su propia seguridad, sin romper el vínculo transatlántico.

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la cumbre de la OTAN de julio de 2018, en Bruselas. HORST WAGNER (EFE)

El objetivo es evitar dependencias críticas sin tener que prescindir de las alianzas necesarias. "Podemos desear autonomía estratégica, pero hay que trabajar para alcanzarla eficazmente", ha resumido.

El problema, ha advertido, no es tanto la falta de dinero como la capacidad para convertir ese gasto en medios efectivos. Europa —y también España— carece todavía de suficiente escala industrial, reservas de munición, defensa antimisiles, cultura estratégica compartida y una jerarquía común de las amenazas.

Y el tiempo apremia. El horizonte que marca la planificación europea es 2030, ha recordado Rodríguez Roca, que ha reclamado acelerar la adquisición, reposición y despliegue de capacidades.

Ucrania cambia la guerra

El otro gran laboratorio del nuevo escenario es Ucrania. La guerra contra Rusia, ha explicado el militar, ha supuesto el retorno de la guerra industrial, en la que vuelven a ser decisivas la escala, la capacidad de producción, la reposición de armamento y la logística.

Pero también ha acelerado una revolución tecnológica. Los drones se han convertido en una de las principales herramientas del campo de batalla y ambos contendientes compiten por desarrollar nuevos sistemas no tripulados a una velocidad inédita.

El brazo de un soldado de Ucrania Crónica Global

Rodríguez Roca ha destacado que las unidades de drones ya causarían alrededor del 80% de las bajas rusas, según los datos que ha expuesto durante su intervención, y ha puesto el ejemplo de Ucrania, que en 2025 fabricó y desplegó millones de drones.

La producción masiva y el bajo coste permiten utilizarlos para saturar las defensas aéreas, atacar las redes logísticas y alcanzar infraestructuras situadas en la retaguardia.

La transformación también afecta a la industria. Ucrania ha desarrollado un modelo de innovación "distribuido", basado en cientos de empresas y grupos de voluntarios conectados con las unidades del frente, mientras que Rusia mantiene un sistema más centralizado.

El resultado es un campo de batalla convertido en un entorno permanente de experimentación tecnológica. Los ejércitos occidentales, ha advertido el teniente general, deben aprender de estas innovaciones y aumentar su capacidad para fabricar y adaptar drones de bajo coste, misiles, sistemas de inteligencia, capacidades cibernéticas y software de gestión de batalla.

"Ya no existe retaguardia"

La guerra híbrida extiende además el conflicto mucho más allá del campo de batalla. Rodríguez Roca ha situado en este terreno los ciberataques contra infraestructuras críticas, los sabotajes, los chantajes energéticos, la desinformación y el uso de drones en distintos países europeos.

Son actuaciones que, según ha explicado, forman parte de la denominada "zona gris", situada entre la paz y el conflicto armado convencional. Frente a ellas, la respuesta también implica a los servicios de inteligencia, las fuerzas policiales, la protección de infraestructuras, la soberanía energética y la resiliencia de las cadenas de suministro.

"La defensa contemporánea" ya no puede entenderse, por tanto, únicamente como una herramienta para garantizar la integridad territorial. También tiene efectos tecnológicos, industriales, económicos y sociales.

El teniente general inspector general del Ejército, Raimundo Rodríguez Roca, en su intervención el en foro BCN Desperta! Gala Espín

En ese escenario, el militar ha lanzado una de las advertencias más contundentes de su intervención: "Ya no existe terreno de retaguardia, alejado del conflicto. Todo se ha convertido en terreno estratégico".

De ahí que haya reclamado reforzar la preparación de las instituciones y de la ciudadanía ante crisis que pueden afectar a los suministros esenciales, las infraestructuras críticas o los servicios públicos. La Defensa, ha concluido, debe consolidarse como "política pública esencial" y España tiene ante sí una oportunidad para coordinar a Administración, industria, universidades y sociedad y convertir la transformación del sector en una ventaja competitiva.