UCI Hospital del Mar Barcelona
"No solo las máquinas curan": la revolución de las UCI que lleva a los pacientes a respirar el mar de Barcelona
El Dr. Joan Ramon Masclans, jefe del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital del Mar, reivindica en una entrevista en 'Crónica Global' el pionero proyecto de 'humanización'
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Tras más de una semana ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital del Mar, los enfermeros le propusieron a Gabriel salir en silla de ruedas al paseo marítimo de la Barceloneta.
Aceptó. Es más, cuando por fin tenía la playa a sus pies –después de que el personal médico preparara la maquinaria necesaria para salir del box–, puso música desde su teléfono móvil y le pidió a Alejandro, el enfermero que lo acompañaba, que le tomara una foto para que su familia pudiera ver que había salido de la UCI.
Alejandro Fernández, enfermero en el Hospital del Mar de Barcelona, le hace una foto a Gabriel, un paciente ingresado en la UCI. Barcelona
"No solo las máquinas curan", asevera el enfermero en conversación con Crónica Global.
El proyecto de humanización integral de la UCI, en marcha desde 2018, parte de la detección de secuelas físicas y psicológicas en pacientes relacionadas directamente con la estancia en cuidados intensivos. Es decir, todo aquello que viene después del primer escalón, el de salvar vidas.
El Dr. Joan Ramon Masclans, jefe del Servicio de Medicina Intensiva del centro, relata desde dentro y apoyado en resultados positivos de los primeros estudios evaluativos del modelo, el gran paso que ha significado el proceso de humanización.
Una mejora, además, que asegura que "supone un coste bajísimo". Una ojeada al futuro de las UCIs:
¿Cómo eran las UCIs, al menos aquí, hace 15 años?
Eran ambientes un tanto claustrofóbicos. Eran oscuras y la premisa era que hubiera poca interacción con el paciente, que recibiera pocos estímulos de la familia, que se le tocara poco y que estuviera muy quieto en la cama. Se le consideraba un paciente muy grave y lo único que debíamos intentar era salvarle la vida.
Después, la medicina se dio cuenta de que los pacientes que salían adelante lo hacían con secuelas, ya fuera debilidad muscular, problemas visuales, auditivos y cognitivos, terrores nocturnos... También las familias podían llegar a sufrir estrés postraumático.
Ahí empezamos a plantearnos qué no estábamos haciendo del todo bien y vimos que debíamos cambiar el paradigma para convertir las UCI en un lugar mucho más amable. Esto surgió en España y ha sido un tsunami que se ha expandido por todas partes; cada hospital lo ha ido adaptando a su manera.
Los enfermeros preparan la salida al paseo marítimo de Gabriel en uno de los 'boxes' de la UCI del Hospital del Mar. Barcelona
¿Por dónde empezasteis?
Una de las primeras medidas fue acabar con los horarios de visita estrictamente restringidos. Ahora el horario está adaptado a los pacientes. Si una persona necesita estar siempre con un familiar, se le concede. Si necesita estar acompañado por la noche y la familia también lo pide, se autoriza. Funciona a la carta.
También vimos que los pacientes no tenían que estar absolutamente inmovilizados. Por gravedad, algunos sí deben estarlo, pero en general es muy positivo que se muevan e incluso que caminen, aunque estén conectados a una máquina que les ayude a respirar.
"Las salidas terapéuticas forman parte de este cambio de mentalidad"
¿Hasta qué punto puede llegar esa idea de sacar al paciente de la cama?
Podemos tener a un paciente intubado caminando o sentado muchas más horas de las que se permitía antes. Y si su estado clínico lo permite, también puede salir al exterior. Las salidas terapéuticas forman parte de este cambio de mentalidad.
También habéis podido cambiar el propio espacio de cuidados intensivos recientemente.
En noviembre del año pasado inauguramos una nueva UCI en la que tuvimos claro que debía entrar luz natural. La luz del día es fundamental. Los pacientes pueden distinguir perfectamente si es de día o de noche y eso es importantísimo. Por la noche también reducimos la intensidad de la iluminación y el ruido.
Otro punto vital es que los boxes sean grandes. Si permites que la familia acompañe al paciente, el hecho de tener a alguien sentado no puede suponer un estorbo para las máquinas médicas.
El traslado de un paciente ingresado en la UCI hacia el exterior del Hospital del Mar. Barcelona
Y han llegado a permitir que entren las mascotas. ¿Por qué?
Pensamos que, si estuviéramos ingresados, nos gustaría que nos trajeran a nuestras mascotas, siempre que el estado clínico del paciente lo permita.
Nos pusimos en contacto con el Colegio de Veterinarios de Barcelona para establecer qué requisitos debía cumplir un perro. Elaboramos un decálogo, recibimos el visto bueno de la dirección y de la unidad de infecciones y nos convertimos en una UCI Pet Friendly.
Si un perro está limpio, vacunado, desparasitado y es tranquilo, puede entrar.
"Hemos realizado un estudio en el que recogemos saliva de los pacientes antes y después de estar con el perro; la impresión clínica es que el bienestar aumenta"
¿Y tienen evidencia de que este tipo de intervenciones funcionan?
Lo que mejoran de manera inmediata es el estrés durante la propia estancia en la UCI. Al rebajar ese nivel de alerta y angustia, el paciente descansa mejor, lo que seguramente se traduce en menos secuelas posteriores.
Acabamos de realizar un estudio en el que recogemos saliva de los pacientes y les pasamos un cuestionario antes y después de estar con el perro. Estamos cruzando los datos ahora mismo, pero la impresión clínica es que el bienestar aumenta. La siguiente fase será comprobar si, a largo plazo, estos pacientes sufren menos terrores nocturnos y secuelas psicológicas post-UCI.
Una sesión de musicoterapia en la UCI del Hospital del Mar. Barcelona
También utilizan música y realidad virtual. ¿Qué aportan?
La musicoterapia no es simplemente poner música. A los pacientes muy nerviosos les ayuda a tranquilizarse, lo que nos permite ahorrar medicación sedante. Y a los pacientes que sufren un delirio hipoactivo conseguimos activarlos.
Con la realidad virtual estamos estudiando, por un lado, si puede tener efectos relajantes similares a sacar a los pacientes al paseo marítimo. Por otro, la utilizamos en rehabilitación física; los pacientes pedalean desde la cama mientras pasean virtualmente por donde elijan. La impresión de los fisioterapeutas es que rinden mucho más; la experiencia les motiva y hace que pedaleen más y rindan mejor; incluso empiezan a pedalear con ganas antes de poner los pies en los pedales.
Un paciente hace rehabilitación con gafas de realidad virtual en el Hospital del Mar.
¿Y qué ha ocurrido hasta ahora cuando el paciente salía de la UCI?
A veces quedan secuelas que sobrepasan las competencias de los especialistas que los visitan después. Un paciente puede tener terrores nocturnos por el tiempo que ha estado sedado o, por ejemplo, afonía por el tubo del respirador y que el especialista no lo relacione con la UCI.
Por eso ahora hacemos seguimiento. Si hay problemas derivados de los cuidados intensivos, hacemos de "repartidores de cartas": derivamos al paciente al otorrino, al psicólogo o a quien corresponda.
Todo esto forma parte del llamado PICS, Post-Intensive Care Syndrome, que engloba aquello que le pasa al paciente y que guarda relación directa con lo vivido en la UCI.
"La humanización de una UCI es muy barata"
¿Cuánto cuesta humanizar una UCI?
Todo lo que he explicado es muy barato. Que los pacientes se muevan es gracias a nuestros fisioterapeutas; el único coste es haber integrado la fisioterapia como parte vital del tratamiento. Sacarlos a la calle es barato. Flexibilizar los horarios o dejar entrar mascotas tiene coste cero.
Unas gafas de realidad virtual son extremadamente baratas en comparación con lo que cuesta un día de ingreso aquí, o con el coste social de las bajas laborales derivadas de las secuelas.
El personal médico acompaña a un paciente de la UCI del Hospital del Mar al paseo marítimo. Barcelona
¿Cómo ha recibido todo esto el personal sanitario?
Cuando empezamos a plantear las salidas al mar en 2018, pensaba que habría reticencias por la sobrecarga logística. Fue justo al revés. Son los propios enfermeros y médicos los que vienen y te dicen: "A mi paciente le iría genial salir un rato, mañana lo sacamos y avisamos a la familia".
Todo esto no tendría sentido si no cuidáramos también de nosotros mismos. Si el personal sanitario no está bien, la humanización no puede salir adelante.
¿Qué cambia para las familias?
Ven mejor al paciente y pueden acompañarlo más tiempo. Muchas veces se van a casa intranquilas, llaman para preguntar, y ahora se les permite entrar un rato fuera de horario para comprobar que todo está bien y marcharse en paz.
Antes tenían que conformarse con llamar por teléfono y que una voz al otro lado les dijera: "Está todo ok, si pasa algo avisamos".
Dos enfermeros y un paciente en uno de los 'boxes' de la UCI del Hospital del Mar. Barcelona
¿Hay alguna salida terapéutica que recuerde especialmente?
En la pospandemia, cuando las visitas externas estaban prohibidas, una madre que ingresó en la UCI gravísima justo tras dar a luz pudo conocer y abrazar a su bebé por primera vez durante una salida terapéutica frente al mar.
Hay momentos muy conmovedores.
¿Hacia dónde va ahora el proyecto?
Ahora la prioridad es consolidar todo esto. Estamos en la fase de analizar los resultados, publicarlos y hacer difusión para generar evidencia científica sólida. El objetivo es que la evidencia permita asentar estos programas en todas partes.
La mano de Gabriel, un paciente de la UCI del Hospital del Mar en una salida terapéutica. Barcelona
Parece que prácticamente el proyecto no tenga inconvenientes. ¿Cuál es el principal obstáculo para que este modelo se extienda?
A veces pesa el sesgo del "siempre lo hemos hecho así": la UCI siempre ha sido oscura, los familiares siempre tenían que entrar con batas, gorros y guantes... cuando ahora, sencillamente, basta con que se laven bien las manos y ya está. Reticencias hay pocas. El principal obstáculo es que haya predisposición y ganas de llevarlo a cabo.