Un coche lleno de fardos de cocaína con la autopista AP-7 de fondo

Un coche lleno de fardos de cocaína con la autopista AP-7 de fondo Crónica Global

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Los chóferes del 'narco': marselleses y albaneses mueven toneladas de droga por la AP-7 hasta Cataluña

Vehículos cargados hasta el techo recorren el litoral mediterráneo antes de hacer escala en Barcelona y continuar hacia Europa

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El techo del vehículo marca el límite. Los fardos se amontonan en el maletero, ocupan los asientos traseros y cubren cualquier espacio disponible dentro del coche.

"Ya no hay dobles fondos ni sofisticados compartimentos para esconder la mercancía", apuntan fuentes policiales. En estos viajes hay que priorizar el volumen: cuantos más kilos entren, más rentable será el trayecto.

Con el coche cargado hasta arriba, el conductor pisa el acelerador. En algunos tramos, supera los 200 kilómetros por hora.

AP-7, de arriba abajo

No existe un único punto de partida. La droga puede salir de Portugal, Huelva, Sevilla, Málaga o Granada, aunque también de Alicante o Valencia.

El destino, al menos para hacer una parada y dejar “enfriar” la mercancía antes de volver a moverla, suele ser Cataluña.

Droga incautada durante un operativo de Policía Nacional en Cataluña

Droga incautada durante un operativo de Policía Nacional en Cataluña David Zorrakino / Europa Press

Esta escala se ha convertido en una parada casi obligatoria para algunas organizaciones criminales dedicadas exclusivamente a transportar cocaína y hachís.

Desde hace años, estos grupos encuentran en la costa catalana un enclave estratégico para almacenar la droga que posteriormente se distribuirá por el mercado europeo.

La especialización del 'narco'

Son organizaciones especializadas en el transporte por carretera. No producen la droga, no necesariamente la compran y, en muchos casos, tampoco se encargan de entregarla al cliente final.

Su función se limita a recoger el cargamento en un punto y depositarlo en otro sin ser interceptados por los cuerpos policiales. Son los chóferes de la droga.

Fuentes de la Policía Nacional explican a Crónica Global que el negocio del narcotráfico es cada vez más transversal.

Las organizaciones criminales establecen alianzas para cubrir las distintas fases del circuito: desde la producción y/o la entrada de la mercancía en España hasta el transporte, el almacenamiento y la posterior distribución.

Todavía existen grandes estructuras con capacidad y recursos suficientes para controlar todo el proceso. Sin embargo, cada vez resulta más habitual que los grupos se especialicen en una tarea concreta y presten sus servicios a otras organizaciones.

El jefe de la Unidad Central de Crimen Organizado (UDYCO), Antonio Jesús Martínez Duarte

El jefe de la Unidad Central de Crimen Organizado (UDYCO), Antonio Jesús Martínez Duarte David Zorrakino / Europa Press

Las ventajas de este sistema

Esta división del trabajo permite proteger el circuito criminal, explican las mismas fuentes. Si una de las piezas cae, el resto de la estructura puede mantenerse a salvo.

También garantiza una mayor profesionalización de cada fase. Unos grupos controlan los puntos de entrada, otros facilitan los escondites y algunos se dedican únicamente a conducir.

Los clanes albaneses

Entre los conductores destacan los clanes albaneses, considerados por los investigadores como los “reyes” de este tipo de operaciones.

Así lo trasladaron fuentes de la Policía Nacional esta semana, después de anunciar la desarticulación de una organización que llevaba años en el punto de mira del Grupo de Respuesta Especial contra el Crimen Organizado (GRECO) de la Costa del Sol.

El entramado se había especializado en transportar grandes cantidades de droga desde Huelva y la Costa del Sol hasta Cataluña a través de la AP-7.

Sus integrantes contaban con negocios y talleres relacionados con el mundo de la automoción, lo que les permitía disponer de vehículos preparados para realizar los trayectos.

Sus marcas favoritas eran BMW y Audi, siempre modelos de gran cilindrada y con potencia suficiente para circular a velocidades que podían superar los 200 kilómetros por hora.

Los vehículos tenían las ventanas tintadas para ocultar lo que transportaban: fardos y más fardos ocupando toda la parte trasera.

Una detención de la Policía Nacional, en una imagen de archivo

Una detención de la Policía Nacional, en una imagen de archivo Europa Press

1.351 kilos en Barcelona

En este tipo de viajes, el escondite ha dejado de ser una prioridad. Los dobles fondos reducen el espacio disponible y limitan el número de kilos que se pueden trasladar.

Por eso, algunas organizaciones optan por llenar completamente el vehículo y confiar su seguridad a la velocidad, la elección de la ruta y la pericia del conductor.

Parte de la cocaína incautada durante el operativo en Sant Just Desvern (Barcelona)

Parte de la cocaína incautada durante el operativo en Sant Just Desvern (Barcelona) David Zorrakino / Europa Press

El último operativo contra este clan condujo a los agentes hasta un chalet de lujo de Sant Just Desvern, en el área metropolitana de Barcelona. En el garaje de la vivienda encontraron 1.351 kilos de cocaína.

El inmueble había sido alquilado de manera puntual para recibir y almacenar el cargamento. Los investigadores sospechan que la droga debía permanecer allí durante un tiempo, a la espera de que otra organización se encargara de recogerla, cruzar la frontera y completar la distribución o la entrega.

La confianza entre clanes

El líder del clan albanés contaba con antecedentes por hechos similares que se remontaban a 2016. Con los años, se había forjado un nombre y una buena reputación entre otras organizaciones criminales.

La confianza es fundamental en este punto de la cadena. Quienes contratan a estos conductores ponen en sus manos cargamentos valorados en millones de euros.

Por eso, las fuentes policiales manifiestan que la desarticulación de uno de estos grupos puede desestabilizar todo el engranaje del narcotráfico.

Un coche de la Policía Nacional

Un coche de la Policía Nacional Policía Nacional

Y es que ahora, sus clientes tienen que encontrar nuevos transportistas que puedan asumir los viajes y, sobre todo, ganarse la confianza de todos los implicados en el circuito.

Los clanes marselleses

Los albaneses, sin embargo, no son los únicos que han ocupado este espacio dentro del mundo criminal. Algunos grupos marselleses también se han especializado en trasladar droga por las carreteras españolas.

En su caso, no siempre utilizan vehículos de alta gama de su propiedad. Es habitual que recurran a coches de alquiler contratados a nombre de terceras personas, una forma de dificultar las eventuales investigaciones policiales y de evitar que los vehículos puedan vincularse directamente con la organización.

El foco puesto en la AP-7

La cocaína y el hachís son las drogas más habituales en estos desplazamientos. Y la AP-7, que recorre todo el litoral mediterráneo y permite continuar hacia Francia, es una de las rutas predilectas de los transportistas.

Los creadores de Crims ya dedicaron hace unos meses un pódcast a esta realidad y se refirieron a la autopista como la 'narcopista'. Un concepto que las últimas operaciones desarrolladas dentro y fuera de Cataluña no han hecho más que reforzar.

Retención en la AP-7 en una imagen de archivo

Retención en la AP-7 en una imagen de archivo Servei Català de Trànsit

Además de los conocidos 'teloneros' o 'pincha-ruedas', grupos especializados en cometer robos y hurtos a los usuarios de la vía, existe otra realidad que pasa más desapercibida: la de los narcotraficantes que recorren cientos de kilómetros a toda velocidad con los coches cargados de droga.

La AP-7, no obstante, no es la única vía utilizada por estos chóferes. Las principales arterias viarias del país constituyen su campo de actuación.

El encargo siempre es el mismo: recoger el paquete en el punto A y dejarlo en el punto B sin ser interceptados. Un único cometido dentro de una cadena criminal cada vez más fragmentada, profesionalizada y especializada.