En Barcelona, hay domingos de resaca, hay domingos de playa y de montaña, hay domingos de barbacoa y hay domingos de vermuts que terminan en Churros con Chocolate... Hasta que la Ravalada decide que hay planes mejores: cinco artistas drag, cinco locales y un público dispuesto a recorrer el Gayxample de bar en bar siguiendo el rastro de los tacones.
Dos días después de la Diada, la catalanidad se ha proclamado este domingo desde lo queer y con una normalidad abrumadora en una nueva edición de Dragalunya.
Cossima Carrà, sobre el escenario de Candy Darling
Cinco artistas catalanas han hecho drag en catalán y en castellano con unos espectáculos repletos de referencias a la cultura tradicional y contemporánea y a un abanico de temas de actualidad, logrando alejarse de los recursos estériles del folclorismo más hermético para abrazar una catalanidad mucho más holgada.
Espacio seguro
Luces rojas, espejos en las paredes, asientos de terciopelo, las piernas de dos maniquíes con medias colgando sobre la barra y el primer sorbo de cerveza.
A la una del mediodía, al empezar la primera actuación, el público —cada vez más diverso— parece estar aún algo comedido "porque todavía no se han tomado ni la primera cerveza", bromea un presentador. Sin embargo, el humor y la capacidad de improvisación de Bibi Jahfar desatan risas y aplausos en La Sastrería y la audiencia se deja sumergir de lleno en el show con un texto que ha estrenado este 13 de septiembre.
"La Ravalada es un espacio muy seguro para venir y sentirte libre de hacer lo que quieras y ser quien quieras, o quien sientas, y es un espacio muy amplio y fácil donde siempre hay cabida para la reivindicación", celebra esta artista manresana de 27 años en una conversación con Crónica Global al terminar su primer pase de la tarde.
El juego del género
De esa libertad y de esa reivindicación habla también Cosima Carrà bajo los neones berlinescos de Candy Darling: "El hecho de hacer drag ya es meramente político".
"Yo vengo de la escuela jesuita, a mí se me han enseñado muchas cosas que he tenido que desaprender a base de hostias como que te gustan cierto tipo de personas o que no te tienes que expresar de cierta manera; el drag me ha permitido jugar y fluctuar con el género y entender que, en mi caso, no existe", profundiza.
Calamara la Romana actúa en El Noa Noa
Disfrazada para la ocasión de Detectiu Conyan, recibe al público procedente de La Sastrería, a quienes sorprenderá con "el show más friki" que ha interpretado hasta la fecha, en el que descubre un asesinato en el imaginario del Club Super3 y descubre un paquete de tomates cherry para presentar a los bebés nacidos de su relación con el Tomàtic.
Este domingo le acompaña parte de su familia, por la que se siente afortunado: "Vengo de una herencia de mujeres increíbles, mi abuela es muy fuerte, es fantástica, muchas de mis poses son suyas".
Drag tour
La ruta de esta edición se desarrolla en el Eixample y reúne a tres artistas catalanas más que presentan sus shows bajo la categoría catalan dream. Calamara la Romana actúa en El Noa Noa, Jessica Pulla en Yuzu y Frida la Ter en El Cangrejo.
El público, dividido en cinco equipos, sigue a su guía de local en local, encadenando un espectáculo detrás de otro y votando por sus artistas favoritas, antes de un afterparty que en esta ocasión se celebra en Candy Darling, donde se coronará a la reina de la convocatoria.
Bibi Jahfar, durante su 'show' drag en La Sastrería
Producto catalán
"Tenemos muy buen producto catalán", defiende Bibi Jahfar sin dudarlo: "Aunque a veces no lo parece, la escena drag de Barcelona es muy grande, hay muchas artistas y mucho talento".
Para Cosima Carrà, la Diagonal separa dos Barcelonas y dos personalidades drag. "Si te vas para abajo, las propuestas tienen una cosa más de travestismo, de política, se trabaja más con el mensaje, y por encima encuentras una cosa más recreativa y ociosa", analiza.
Cosmina Carrà, durante su 'show' en Candy Darling
La caravana continúa su camino con tres funciones más y un particular talento para convertir prácticamente cualquier asunto en motivo de espectáculo a base de exageración, ironía y parodia. Pero la Ravalada no termina, solo se detiene y espera paciente tres semanas para tomar el Paral·lel en su próxima edición.
