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Un grito de auxilio rasgó el bullicio habitual de las Ramblas este martes. Frente al acuartelamiento del Gobierno Militar de Barcelona, la desesperación rompió la rutina del mediodía. Un delincuente acababa de arrancar de un tirón la cadena de oro a un hombre que empujaba la silla de ruedas de un familiar.

A pocos metros, dentro del cuartel y vestidos de paisano, el capitán psicólogo Ismael Bayón y el artillero Omany Guzmán no dudaron en reaccionar. En cuestión de segundos, la instrucción y el sentido del deber convirtieron una salida sencilla a la calle en una contundente actuación ciudadana que hoy suma miles de reproducciones en redes.

El estruendo a las puertas del cuartel

El capitán Bayón se encontraba en su despacho, en la Subinspección General del Ejército 3 (SUIGE 3), a punto de salir a la calle para hacer unas gestiones.

—Escuché a la gente gritando: "¡al ladrón, al ladrón!". Tenía que salir a hacer unas gestiones y me asomé para ver qué ocurría —recuerda Bayón.

El capitán psicólogo Ismael Bayón Òscar Gil Coy Barcelona

La escena en la calle Anselm Clavé era la siguiente: el sospechoso huía en dirección a la plaza de La Pau mientras varios transeúntes intentaban frenarlo sin éxito.

—Vi que el chico venía hacia la Rambla y que no eran capaces de retenerlo. Yo estaba al lado y decidí actuar. Le hice una llave inmovilizadora y me lo llevé al suelo —explica el capitán.

Maniobra limpia

Reducir al agresor requería temple. Bayón tenía claro cuál era el límite de su cometido en la vía pública.

—En todo momento intenté no causarle ningún daño. Esta persona había cometido un delito, pero yo no soy quién para castigarlo. Lo que tenía que asegurarme era de que llegasen las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

El peligro no terminó con el derribo. En los momentos en que Bayón inmovilizaba al sujeto en el suelo, dos compinches del agresor aparecieron con la intención de liberar a su compañero por la fuerza.

—Ahí entró el soldado Guzmán. Se interpuso entre ellos, empujó a uno que intentaba zafarme y estuvo dándome cobertura mientras esperábamos a los Mossos d'Esquadra —relata el capitán.

—Estuvimos allí unos cinco o diez minutos hasta que llegaron las patrullas. Lo entregamos, la familia nos lo agradeció y todo quedó en regla —añade Guzmán.

Impacto mediático

El vídeo de la intervención, grabado por los transeúntes, corrió como la pólvora. Para ambos, vestidos como dos ciudadanos más en ese momento, verse en las noticias supuso un choque inesperado.

—Sinceramente, no me lo esperaba —confiesa el artillero Guzmán—. Me vine enterando por compañeros de misión a las afueras que comenzaron a mandarme las imágenes. Me dije: "Cielos, ¿en serio?". Hasta nuestros jefes nos han felicitado.

El artillero Omany Guzmán Òscar Gil Coy Barcelona

—A mí me ha abrumado un poco tanta repercusión —admite Bayón—. Considero que hice lo que cualquier buen ciudadano debería haber hecho. No le das muchas vueltas en ese momento; sucedió y salió bien.

La vida militar tras el edificio de las Ramblas

El incidente ha devuelto el foco a la labor diaria que se realiza en el histórico acuartelamiento barcelonés, un enclave a menudo desconocido para el gran público.

—¿A qué nos dedicamos aquí? En este cuartel se gestionan administrativamente todos los apoyos y movimientos de las unidades bajo el área de la SUIGE 3, que abarca Cataluña, Valencia, Mallorca, Aragón, La Rioja y Navarra —explica Bayón.

El capitán psicólogo Ismael Bayón Òscar Gil Coy Barcelona

—En mi caso, trabajo en la Plana Mayor de Mando coordinando tareas operativas. Nuestro día a día empieza siempre con la gimnasia. Mantener el nivel físico es fundamental —apunta Guzmán.

—Aparte de la prevención de riesgos, yo me encargo del apoyo psicológico, valoraciones para desplegar en misiones o evaluaciones de personal —agrega el capitán.

El artillero Omany Guzmán Òscar Gil Coy Barcelona

Aplauso ciudadano

La intervención trascendió rápidamente a la esfera digital. Tras el suceso, la cuenta oficial de la Inspección General del Ejército en X (@IGE_ET) compartió una publicación haciendo eco de lo ocurrido.

El mensaje se llenó de inmediato de felicitaciones, comentarios de orgullo y muestras de agradecimiento por parte de multitud de usuarios, un respaldo en redes que ambos militares agradecen sinceramente.

Seguridad: un valor invisible

La historia del capitán Ismael Bayón y el artillero Omany Guzmán va más allá del suceso policial. Pone rostro a una vocación de servicio que no depende de llevar o no puesto el uniforme, recordando que la protección colectiva reposa sobre la disposición interior de actuar cuando la situación lo requiere.

En un entorno urbano donde el día a día discurre ajeno a las estructuras de defensa. La rápida respuesta de estos dos soldados vestidos de civil evidencia que la preparación técnica y el instinto cívico van siempre por dentro.

Como resume el propio capitán Bayón al reflexionar sobre el significado de su trabajo en la ciudad: "Hay una frase que dice que la seguridad solo se aprecia cuando falla. Nosotros somos la seguridad que no se ve y que muchas veces pasa desapercibida, pero que es totalmente necesaria".