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El pasado sábado 15 de agosto, un agente del puesto fronterizo del aeropuerto de Barcelona-El Prat interceptó a un ciudadano colombiano que hacía escala en la capital catalana en un vuelo internacional que conectaba Bogotá con Varsovia.

El hombre viajaba solo y aseguró que se dirigía a la capital polaca para pasar unos días de vacaciones. De hecho, en un primer momento pudo acreditar que tenía vuelos para regresar a su país para el próximo 26 de agosto.

Colas ante los controles de seguridad del aeropuerto de El Prat de Barcelona Cedida

Sin embargo, para el agente de la Policía Nacional que realizó el control, aquella historia le provocó una especie de dejà vu.

Y ante las similitudes con otros casos detectados recientemente en el mismo puesto fronterizo, decidió derivarlo a una entrevista de inmigración en segunda línea para profundizar en el verdadero propósito de su viaje.

Las primeras explicaciones

No era el primer pasajero procedente de Bogotá que llegaba al puesto fronterizo de El Prat asegurando que su destino final era Varsovia. En los casos anteriores, de hecho, los agentes habían terminado descubriendo que aquellos viajes no eran precisamente de ocio.

Dadas las coincidencias, decidieron entrevistar también a este nuevo pasajero.

En un primer momento contó que dormiría una noche en Varsovia y que al día siguiente se desplazaría hasta Gdansk, donde pasaría el resto de sus vacaciones visitando las playas, el Museo de la Segunda Guerra Mundial y otros puntos turísticos.

La Policía Nacional en aeropuerto de El Prat Europa Press

Llegó incluso a presentar los billetes de regreso a su país. Los agentes comprobaron que los vuelos estaban confirmados y pagados.

En la misma línea, mostró dos reservas de alojamiento para justificar su estancia en Polonia.

La primera pudo ser confirmada. Sin embargo, la segunda no pudo ser comprobada. Fue entonces que las dudas sobre el verdadero propósito del viaje empezaron a crecer.

Nueva versión de los hechos

Durante la entrevista, el relato del viajero de origen colombiano comenzó a tambalearse. Preguntado nuevamente por el motivo de su desplazamiento a Polonia, terminó cambiando su versión.

A preguntas de los agentes de Extranjería reconoció que su verdadera intención era establecerse en Polonia y trabajar allí.

Y no solo eso. También explicó que un tal Fernando, amigo de un familiar, le había ofrecido empleo en una empresa de envasado de carne, donde supuestamente habían pactado un sueldo de 6,50 euros por hora por jornadas de diez u once horas diarias.

Policía Nacional en un puesto fronterizo Diego Radamés

Sin permiso de residencia

El problema es que el pasajero no disponía de ningún permiso de residencia que le autorizara a trabajar, ni tampoco de un visado que le permitiera desplazarse a territorio europeo con ese propósito.

Por eso, los agentes del puesto fronterizo concluyeron que no podía realizar el viaje en esas condiciones conforme a la normativa vigente y que el relato que había mantenido hasta ese momento, en el que aseguraba que viajaba como turista, "se alejaba bastante" de sus verdaderas intenciones.

Sin dinero para mantenerse

En paralelo, los policías detectaron un segundo impedimento. En el momento de llegar a España, el hombre declaró llevar 200 euros en efectivo, además de tener otros 635 euros en una cuenta bancaria.

Sin embargo, no presentó ninguna tarjeta bancaria que permitiera acreditar que podía disponer de ese dinero, por lo que, según consta en el informe policial, no pudo demostrar que realmente contaba con esa cantidad.

La sala de llegadas de la T1 del aeropuerto de Barcelona Gala Espín

Además, la Policía calculó que para los 13 días que pretendía permanecer en el espacio Schengen tendría que acreditar 1.587,30 euros, tomando como referencia 122,10 euros por persona y día establecidos para 2026.

Una cantidad que tampoco pudo justificar.

Entrada denegada

Por todo ello, los agentes concluyeron finalmente que el pasajero no reunía los requisitos para entrar en el espacio Schengen.

En primer lugar, porque la versión turística que ofreció de inicio quedó en entredicho después de que él mismo reconociera que pretendía instalarse y trabajar en Polonia.

Y, en segundo lugar, porque no pudo acreditar tampoco medios económicos suficientes para mantenerse durante la estancia prevista en territorio europeo.

Un patrón que se repite

De este modo, los responsables del puesto fronterizo decidieron denegarle la entrada al espacio Schengen, evitando así que pudiera continuar el viaje con el que, según había terminado reconociendo, pretendía instalarse irregularmente en Polonia para trabajar.

Pero lo que más ha llamado la atención de las fuentes policiales consultadas por este medio es que no se trata de un caso aislado

Un agente de la Policia Nacional en una imagen de archivo Policia Nacional

En los últimos meses, los agentes destinados en El Prat han detectado varios pasajeros colombianos con un patrón similar: ciudadanos procedentes de Bogotá que utilizan Barcelona como escala y puerta de entrada al espacio Schengen y aseguran viajar a Polonia por turismo, aunque las comprobaciones posteriores terminan poniendo en duda el verdadero propósito de sus desplazamientos.

Afloran sospechas

La reiteración de casos ha llevado a los agentes a prestar especial atención a este tipo de itinerarios, especialmente cuando ciudadanos procedentes de Bogotá aseguran tener como destino final ciudades polacas.

Las fuentes consultadas explican que, por el momento, no se ha podido acreditar que los diferentes casos estén relacionados entre sí. Sin embargo, el número de viajeros detectados en los últimos meses y las similitudes entre sus relatos han despertado las sospechas entre los responsables del puesto fronterizo.

No descartan que detrás pueda existir algún tipo de organización o estructura dedicada a facilitar la inmigración irregular hacia Polonia, utilizando Barcelona como punto de entrada al espacio Schengen.