Los nietos de Generosa y Esteban crecieron en esa azotea; un lugar de juegos, risas y confesiones que este miércoles ha sumado un nuevo capítulo en la memoria familiar, al observar juntos el eclipse de Sol total que coronó el cielo de Cunit al atardecer.
A sus 86 años, han sido testigos de este fenómeno astronómico único por primera vez en su vida aunque, dicen al unísono, "lo más emocionante ha sido verlo con nuestros nietos".
Compartieron el momento con cuatro de sus nietos, explica ella: "De los doce que tenemos, algunos viven fuera o estaban de viaje y otros trabajaban, pero nos ilusiona que los que pueden, eligen pasar estos momentos con nosotros".
Eclipse total
"Lo más impresionante fue cuando la Luna tapó el Sol por completo, pero este, como si se quisiera escapar, hizo una corona de luz a su alrededor; los nietos nos dijeron que en esos segundos sí que nos podíamos quitar las gafas para mirar y se veía precioso", relata Esteban.
El eclipse de Sol, desde la terraza de Esteban y Generosa en Cunit
Generosa, que confiesa su escepticismo inicial, añade que, con las fotos que había buscado antes, no se había podido imaginar cómo sería en realidad la fase de totalidad: "No es para nada igual verlo en la tele que con tus propios ojos".
"Al principio, cuando al Sol solo le faltaba un mordisquito, pensé que era lo mismo que veo yo cada mes con la luna menguante y estuve a punto de arrepentirme de haberme gastado tres euros en las gafas", se ríe la mujer, a quien los nietos le insistieron que esperara para juzgar hasta el momento culminante.
En busca de gafas
Igual que para muchos de sus vecinos, la búsqueda de gafas fue una odisea. "Los días anteriores preguntamos en varias tiendas y en todas partes nos decían que no quedaban", detalla Generosa, que llegó a temer que no podrían ver el eclipse, pues los nietos, en Barcelona, tampoco lograban dar con el producto más codiciado del verano.
Lo lograron el martes a última hora, escasas 24 horas antes del eclipse, cuando salieron a pasear y descubrieron que, contra todo pronóstico, en la heladería en la que suelen parar a tomar un cucurucho de turrón vendían gafas.
Cena en familia
"Como el eclipse fue justo antes de cenar, nos despreocupamos un poco de cocinar para poder disfrutar del momento", narra la mujer, después de 65 años poniendo los platos en la misma mesa: "Más o menos entre todos preparamos una ensalada, algo de lomo y fruta de postre, sencillo, pero a gusto". Terminaron la jornada con unos gin-tonics en el porche, un plan que hace unos años compartían con los hijos y nueras, pero al que ahora también se suman los nietos, ya mayores de edad.
"Cuando eran pequeños, venían a pasar con nosotros las primeras semanas de julio, al terminar el colegio, ahora son menos días, pero lo bueno es que los aprovechamos y disfrutamos igual", celebra el matrimonio.
