El succionador de clítoris abría portadas hace ya ocho años. Era el centro de la conversación pública, la palabra 'satisfyer' estaba en las mesas de todos los bares de Cataluña, en las redes sociales y en los medios de comunicación: todo el mundo lo quería probar. El --tal vez merecido-- hype cristalizó y se convirtió en el regalo estrella de las últimas navidades antes de la pandemia.
Bajo la promesa de revolucionar el placer sexual femenino, llegó a atemorizar a las masculinidades más débiles, que hasta ese día no se habían planteado la obviedad de que las mujeres también se masturban y de que lo hacen sin la parafernalia de la pornografía porque no lo hacen para gustarles a ellos.
En casi una década, el mercado de los juguetes sexuales centrados en el disfrute de la mujer ha avanzado y también lo ha hecho la manera en que se habla del mismo.
Punto de inflexión
"Desde el auge anterior a la pandemia hasta hoy, el mercado ha pasado de ser un nicho casi invisible a una categoría de bienestar reconocida y de rápido crecimiento, con muchas más marcas, mucha más innovación y, sobre todo, mucha menos vergüenza en torno al tema", explica para Crónica Global Verena Sinnerman, directora de relaciones públicas de Womanizer, nombre comercial del primer succionador de clítoris, lanzado a la venta en 2014 gracias al desarrollo tecnológico del ingeniero alemán Michael Lenke.
Para Anna Sánchez, sexóloga de Platanomelón, tienda on-line de productos eróticos, "el 'boom' del succionador supuso un punto de inflexión para la industria", pues "no solo popularizó una tecnología que hasta entonces era muy poco conocida", sino que "ayudó a poner el clítoris y el placer femenino en el centro de una conversación que durante décadas había permanecido en un segundo plano" y "despertó la curiosidad de muchas personas que nunca antes se habían planteado utilizar un juguete sexual".
Sinnerman expone que el Womanizer nació de preguntarse "por qué nunca se diseñó un producto de placer pensado en las necesidades de las mujeres", lo que, según Sánchez es el foco de lo que realmente ha cambiado en la industria: "Antes el objetivo era imitar la forma de un pene, hoy el punto de partida es otro: entender cómo siente placer realmente quien lo va a utilizar".
Maduración del mercado
Unos años más tarde, esta sigue siendo una de las categorías más demandadas en el sector de los juguetes sexuales, pero "el mercado ha madurado" desembocando en una oferta más amplia. "Las consumidoras ya no buscan un único tipo de estimulación, sino soluciones que respondan a diferentes momentos, necesidades y preferencias", sintetiza.
"Por eso hoy vemos un crecimiento de categorías como los vibradores de nueva generación, los juguetes de doble estimulación o los simuladores de sexo oral", detalla sobre esta diversificación.
Según la sexóloga, un "mayor conocimiento del clítoris y de la respuesta sexual permite elegir con más libertad, dejando atrás muchos de los tabúes que durante años han rodeado la sexualidad femenina".
Batalla por la patente
Un producto tan exitoso como este no ha estado exento de polémicas, tanto en el terreno social, como en el empresarial, pues Wow Tech, propietaria de la patente del Womanizer y ahora perteneciente a Lovehoney Group, se ha involucrado en litigios legales contra sus imitadores.
"El mismo compromiso con la tecnología que inventamos es lo que nos impulsa a protegerla activamente, invertimos significativamente en el desarrollo de productos innovadores y estamos comprometidos a defenderlos", justifica Sinnerman.
En este contexto, explica que este mismo año la compañía ha "llegado a varios acuerdos con empresas" que utilizan su tecnología pleasure air. Es el caso de XR Brands, con quien han llegado a un entendimiento tras una disputa por una supuesta infracción de la patente y que ahora opera bajo la licencia de Lovehoney.
La batalla más mediática fue la que enfrentó al Womanizer con el Satisfyer en otoño de 2020, después de que el segundo cambiara ligeramente el sistema tecnológico de la versión Pro 2 para poder patentarlo en España con el fin de esquivar las acciones legales que había iniciado el verdadero creador del producto, que les acusaba de copiar sus innovaciones.
Encuentros sexuales
Si bien la conversación social se produjo desde el inicio desde un punto de vista positivo, especialmente entre las mujeres, hubo quien generó desinformación y llegó a cuestionarse si un robot restaría el interés de las mujeres en mantener relaciones sexuales con hombres o les incapacitaría para experimentar un orgasmo de otra manera.
"No creo que los succionadores hayan sustituido las relaciones sexuales ni el encuentro con el otro", niega la sexóloga Sigrid Cervera, responsable del departamento de educación y mediación cultural del Museu de l'Eròtica de Barcelona. Con la perspectiva del tiempo, afirma que se han consolidado como "una posibilidad más dentro del abanico de experiencias eróticas, pero no pueden sustituir todo eso que forma parte de la vivencia compartida del deseo".
Sánchez añade que, gracias a la popularización de esta tecnología lo que sí ocurrió es que "muchas mujeres que nunca habían experimentado un orgasmo o disfrutaban poco de las relaciones compartidas descubrieron que su cuerpo respondía perfectamente al placer, lo que les permitió dejar de pensar que tenían un problema" y que este respondía a "un guión sexual muy centrado en la penetración y en prácticas que no siempre tenían en cuenta como funciona el placer femenino".
Dependencia
Acerca de la supuesta dependencia que se podría haber desarrollado hacia el aparato, sostiene que si bien "si una persona se acostumbra durante mucho tiempo a un tipo de estimulación muy concreto e intenso" es posible que "después necesite un período de adaptación para volver a disfrutar de otras formas de estimulación", aunque subraya que se trata de "un fenómeno de habituación" y "no un problema irreversible".
Y recuerda: "Si nos situamos en el proceso y no en la búsqueda de resultados, tendremos más posibilidades de vivir la sexualidad de una manera más rica y gustosa".
Cambio social
Para Cervera, "el cambio más importante de los últimos años no es la aparición de un determinado dispositivo, sino que cada vez más mujeres se sienten legitimadas para hablar de su deseo, explorarlo y preguntarse qué les gusta, sin que el orgasmo sea la única medida del éxito sexual".
"Durante décadas, la industria del placer giró casi en exclusiva alrededor de la penetración y del disfrute masculino; que hoy exista una oferta mucho más amplia y pensada para responder a diferentes formas de placer refleja un cambio profundo en la manera de entender la sexualidad", concluye Sánchez.
