Los neones de los prostíbulos no se han apagado, pero ya no son el único escenario donde opera la trata de seres humanos con fines de explotación sexual.
Las nuevas tecnologías y, en especial, las redes sociales han ampliado el sucio negocio de la trata, abriendo nuevas vías para captar, controlar y explotar a las víctimas.
Hoy estas mafias ya no dependen únicamente de clubes o pisos donde ejercer la prostitución: también utilizan TikTok, Telegram, OnlyFans y otras plataformas para reclutar mujeres, apropiarse de sus cuentas y comercializar contenido sexual bajo coacción.
Un nuevo paradigma
Y aunque pueda parecer una contradicción por la exposición a la que se someten las víctimas, este nuevo paradigma trae consecuencias: la trata de seres humanos se ha vuelto mucho más difícil de detectar.
"Las víctimas cada vez están más invisibilizadas", resume el subinspector Lluís Moreno, especialista de la División de Investigación Criminal (DIC) de los Mossos d'Esquadra en la lucha contra la trata de seres humanos.
Varias trabajadoras sexuales durante una inspección de Policía Nacional en un burdel de Barcelona
Ya no permanecen necesariamente encerradas en clubes perfectamente localizables. Ahora muchas de ellas se ven obligadas a producir contenido sexual en Internet, controladas mediante perfiles que ni siquiera gestionan ellas mismas.
Del prostíbulo al móvil
El doctor en sociología Luis Ballester, investigador especializado en explotación sexual, prostitución y pornografía, sitúa el gran punto de inflexión alrededor de 2008.
Coincide con la expansión de las llamadas tecnologías de cuarta generación: conexiones capaces de transmitir vídeo a gran velocidad y multiplicar la comunicación inmediata entre millones de personas.
Ese salto tecnológico alteró por completo el funcionamiento del 'negocio del sexo': "Ha cambiado la captación, la explotación y la relación con los prostituidores o clientes", explica.
Las organizaciones criminales encontraron en las plataformas digitales un modelo mucho más rentable. Ya no era imprescindible mantener clubes o locales abiertos al público, con los elevados costes económicos y el riesgo de inspecciones policiales.
Un entorno más difícil de controlar
En el mismo sentido, el subinspector Moreno admite que Internet les ha permitido trasladar buena parte del negocio a un entorno mucho más barato y mucho más difícil de controlar.
Entre el 2025 i el 2026 hem iniciat 36 investigacions per tràfic d'éssers humans i hem identificat 24 víctimes, de les quals 👇
— Mossos (@mossos) July 29, 2026
🔸 14 són per explotació sexual
🔸 5 per explotació laboral
🔸 2 per matrimoni forçat
🔸 3 per a activitats delictives forçades pic.twitter.com/nLDd1nB5Y9
Pero, además, desaparece uno de los principales obstáculos para las mafias: la exposición pública.
La prostitución ha dejado de estar necesariamente ligada a un edificio concreto para dispersarse entre pisos, hoteles, apartamentos turísticos o, directamente, en plataformas digitales.
De la "caza" a la "pesca masiva"
La revolución tecnológica también ha cambiado por completo la captación de víctimas. "Se ha pasado de ir a la caza de una víctima concreta a la pesca masiva", resume el subinspector Moreno.
Las redes criminales ya no necesitan desplazarse hasta un país determinado para localizar mujeres vulnerables. Ahora son ellas quienes aparecen en sus pantallas.
TikTok, Instagram, Facebook, Telegram o portales de empleo se han convertido en escaparates donde los proxenetas difunden falsas ofertas laborales dirigidas especialmente a mujeres jóvenes, extranjeras o con una situación económica precaria.
Algunos pantallazos de las ofertas laborales y los perfiles sociales de la agencia 'Cinderella'
Prometen salarios elevados, alojamiento, estabilidad y, en muchas ocasiones, la posibilidad de trabajar sin documentación regularizada. Una combinación diseñada para atraer precisamente a quienes tienen menos alternativas.
El desenlace, sin embargo, apenas ha cambiado respecto al de hace décadas. Una vez aceptan la oferta, las víctimas contraen supuestas deudas por el viaje, el alojamiento o la manutención.
Una deuda que solo pueden saldar ejerciendo la prostitución para la organización.
El nuevo proxenetismo digital
Más allá de la captación, la revolución tecnológica ha abierto una nueva vía de explotación. Las organizaciones criminales rastrean plataformas como OnlyFans en busca de perfiles con capacidad para generar ingresos.
Según explica Moreno, algunas mujeres son captadas mediante falsas promesas de crecimiento profesional o mayores beneficios económicos.
De izquierda a derecha: el subinspector de los Mossos d'Esquadra y jefe del grupo de Trata de Seres Humanos, Luis Moreno, y el inspector Marcos Gómez, jefe del Grupo I de la UCRIF de la Policía Nacional
Cuando logran ganarse su confianza, las redes terminan apropiándose del negocio: controlan las cuentas, administran el contenido, gestionan las conversaciones con los usuarios y se quedan con los beneficios obtenidos.
"El dinero deja de pertenecerles y tienen que rendir cuentas a los proxenetas digitales", resume el investigador policial.
Mismo 'modus operandi'
Ballester coincide en que el riesgo no reside exclusivamente en la existencia de estas plataformas, sino en el uso que hacen de ellas las organizaciones criminales.
A su juicio, son precisamente esos terceros quienes convierten espacios aparentemente legales en puertas de entrada hacia formas mucho más profundas de explotación sexual.
Prometen dinero rápido, visibilidad o una carrera profesional en Internet para terminar ejerciendo un control absoluto sobre la actividad, los ingresos e incluso la vida de las mujeres.
Una unidad de los Mossos d’Esquadra en una imagen de archivo
La relación con los clientes
Además, aplicaciones como Telegram, con sistemas avanzados de cifrado, facilitan tanto la comunicación interna de las organizaciones como la difusión de anuncios y el contacto con potenciales consumidores.
La propia oferta de servicios sexuales también se ha desplazado a Internet.
El cliente ya no recorre carreteras buscando un club. Basta una búsqueda desde el teléfono móvil para acceder a anuncios, perfiles o canales privados desde los que contratar encuentros en pisos, hoteles o apartamentos.
La gran paradoja
La transformación del negocio encierra una contradicción evidente. Nunca había existido tanta exposición pública de contenido sexual en Internet y, sin embargo, nunca había resultado tan difícil localizar a las víctimas.
El QR disponible para denunciar situaciones de explotación o trata de seres humanos
Lo resume Ballester con claridad: la digitalización no solo ha permitido a las mafias ganar más dinero. También ha reducido el control social, ha dificultado la actuación policial y ha complicado que las propias víctimas puedan acceder a organizaciones o administraciones capaces de ayudarlas.
La prostitución no ha desaparecido. Simplemente ha cambiado de pantalla.
