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Mataró recibe a Robafaves y la Geganta, dos de las figuras más populares de su fiesta mayor
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Un portador sale de Maneló, uno de los 'gegants' institucionales de Mataró
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Varios portadores rodean al 'gegant' Robafaves
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Varios portadores intercambian posiciones bajo las faldas del 'gegant' Robafaves
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De atrás a delante, Robafaves, la Geganta, Maneló y Toneta, las cuatro figuras principales del Ayuntamiento de Mataró
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Los mataronenses arropan a tres de los 'gegants' de la Familia Robafaves
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Varios portadores preparan al 'gegant' Robafaves para iniciar el baile
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Miles de personas abren un pasillo para la salida de los Robafaves ante el Ayuntamiento de Mataró
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Los 'gegants' de la Familia Robafaves, junto a los 'nans' y las 'bèsties', en el interior del Ajuntament de Mataró
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Miles de personas esperan la salida de los 'gegants' en Mataró
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Varios portadores sacan la 'geganta' Toneta del Ayuntameinto de Mataró
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Un portador sale del Ayuntamiento con la 'geganta' Toneta
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Varios portadores se preparan para cargar a la 'geganta' Toneta en Mataró
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Los cuatro 'gegants' de la Familia Robafaves, durante un baile
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Ensayo de portadores de la Geganta y Robafaves
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Varios músicos acompañan a los Robafaves en un ensayo
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Portadores de 'gegants', durante un ensayo
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Varios jóvenes se preparan para portar 'gegants', durante un ensayo
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"Imagínate la plaza de aquí delante toda llena de gente, sale la figura y se hace un pasillo... Esta sensación en medio de la masa enorme de gente es de los momentos más fuertes", piensa Víctor Ligos, uno de los impulsores de la recuperación de la cultura gegantera en Mataró tras la Dictadura.
Pese a que hay referencias de la presencia de gegants en Mataró desde finales del siglo XVIII y "siempre han estado bastante presentes y activos", puntualiza, la fervencia actual se empezó a cocer unos meses antes de la muerte de Franco y se hizo fuerte en los años 80.
Habla del personaje del Robafaves, el gegant más famoso de la ciudad, como un nombre ya entonces conocido por los mataronenses, lo que ayudó a recuperar la tradición y expandirla, y añade que, en esa época todavía más que ahora, "la idea de llevar gegants era una forma de sentirse más cerca de la fiesta popular".
"Nosotros queríamos que los gegants de Mataró no fueran figuras estáticas, que estuvieran auténticamente vivas, pero un gegant no puede vivir, así que ¿qué podíamos hacer? ¡pues no dejar de bailar!", recuerda el pionero sobre cómo se gestaron los detalles que colocan a la ciudad en el mapa de la cultura popular catalana: "Aunque estés en un sitio en el que no te puedes mover porque hay mucha gente, las figuras siguen al son del flabiol y el timbal, siempre".
