La procesión va por dentro, pero cuando los problemas afectan a fundaciones dependientes del Arzobispado conviene que la transparencia vaya por fuera. La intervención de la Fundació Sant Josep Oriol y el cese de sus principales responsables merecen una explicación pública más amplia que la referencia a una "mala gestión administrativa" trasladada por el propio Arzobispado.
La investigación sigue abierta y, por tanto, no es momento de atribuir responsabilidades que todavía no están acreditadas. Pero precisamente por eso el Arzobispado debería ofrecer toda la información que pueda sin comprometer las pesquisas y, una vez concluyan, explicar con detalle el alcance de las irregularidades detectadas, sus consecuencias económicas y las medidas adoptadas. Cuando la información escasea, proliferan las especulaciones.
La confianza que depositan fieles, residentes y familias en instituciones vinculadas al Arzobispado exige un nivel de ejemplaridad especialmente elevado. Una vez concluya la investigación, sería una buena muestra de ese compromiso con la transparencia hacer públicos los cambios introducidos para reforzar los controles internos y evitar que una situación similar vuelva a repetirse.
