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Barcelona recibe el Tour de Francia en un momento en el que replantea su modelo de movilidad urbana. Hace un mes, el ayuntamiento anunció que no renovará las licencias de bicicletas compartidas privadas para 2027, una decisión con la que desaparecerán al menos 3.500 vehículos.

El consistorio alega problemas de convivencia, aparcamientos indebidos y numerosas sanciones, mientras que el sector ciclista ha defendido que la prioridad debería ser, "en lugar de limitar", ampliar las soluciones para impulsar el uso de ciclos.

Precisamente en esa línea se ubica la ONG BYCS, que apuesta por crear una cultura ciclista desde la infancia. Aprovechando el escaparate del Tour, la organización ha elegido Barcelona como la primera ciudad europea para lanzar el Bike Bus Accelerator (BBA), un programa junto a Shimano para impulsar los 'bicibuses', rutas escolares en bicicletas acompañadas por adultos.

En este contexto, Crónica Global conversa con la CEO de BYCS, Maud de Vries, sobre los retos de la movilidad ciclista y por qué Barcelona ha sido elegida para iniciar el programa.

- Barcelona cuenta con 'bicibuses' desde hace varios años. ¿Ha sido un motivo para elegirla como la primera ciudad de Europa para iniciar el programa Bike Bus Accelerator (BBA) de Shimano junto a BYCS?

- Sí, claro. Creemos que Barcelona ya tiene muchísimos ingredientes buenos, y además aquí hay muchos padres implicados. Eso nos parece muy inspirador. Han trabajado muy duro para poner en marcha los 'bicibuses'.

Básicamente van en bicicleta desde casa hasta el colegio llevando a los niños, con los padres acompañándolos en bici. Así que, cuando empezamos este proyecto, trabajamos con ellos porque lo tenían todo muy desarrollado... una guía completa y muchísimo conocimiento sobre cómo organizar un buen bicibús. Entonces dijimos: "En Barcelona... trabajemos juntos".

- ¿Presentar el proyecto con el Tour de Francia fue una casualidad o estaba previsto?

- Llevábamos años pensando que este sería un muy buen proyecto para atraer más niños. Por un lado, el 'bicibús' sirve para reclamar mejores calles para ellos; por otro, en otras ciudades, los profesores de Educación Física montan bicicleta y acompañan a los niños al colegio todos los días. Creo que ahí es donde empieza esta cultura y es precisamente lo que han estado haciendo los padres aquí.

Y sobre el Tour, quiero decir, ¿quién no ha soñado de niño con formar parte del Tour de Francia? Pensamos en que el ciclismo deportivo y el cotidiano deberían estar mucho más unidos.

El Tour de Francia tiene un legado increíble, y por eso intentamos lanzarlo coincidiendo con el evento. Al final, queremos centrarnos en Europa y llevar los 'bicibuses' a más ciudades. Después de Barcelona, seguiremos con Viena, Lisboa, Glasgow, Copenhague y Utrecht. Esperamos que algún día sea un proyecto global.

- ¿Crees que los padres pueden confiar en la bicicleta para sus hijos en Barcelona?

- Creo que sí, lo que hace falta es el ejemplo, como el 'bicibús'. Al ir todos juntos, los niños experimentan cómo es desplazarse en bicicleta y aprenden qué hacer cuando ocurre cualquier situación. También creo que la ciudad tiene mucha infraestructura y se ve en las supermanzanas. Todo ese concepto me parece perfecto para el ciclismo.

Por supuesto, siempre se puede mejorar, y es un trabajo continuo. Yo soy de Ámsterdam, y allí también se requiere de atención constante. Pero creo que es una combinación de varios factores. Si queremos desarrollar una cultura ciclista en Barcelona, partiendo de la que ya existe, creo que todo empieza por los niños.

Tenemos que centrarnos en hacer que las calles sean seguras para todos ellos, y que se sientan bienvenidos. Si los niños se sienten bien en las calles, creo que más padres pensarán: "Yo también puedo hacerlo con mi hijo".

- ¿Qué indicadores utilizarán para evaluar si el programa ha tenido éxito dentro de dos o tres años?

- Para mí, el éxito consiste en conseguir que el mayor número posible de niños y familias monten en bicicleta. Creo que, en una primera etapa, el éxito significa que crezcan los 'bicibuses' y ver a más niños desplazándose, porque siento que, si conseguimos eso, habremos tenido el mejor comienzo posible.

Presentación de BBA de BYCS y Shimano DR

- BYCS insiste en la "infraestructura humana". ¿Qué hace más falta: construir más carriles bici o trabajar con las personas?

- Pienso que son ambas cosas. Para nosotros, la infraestructura humana significa tener acceso a una bicicleta, y también saber repararla, porque muchos niños y muchos padres no saben hacerlo. Y si los niños o los padres no saben montar en bicicleta, hay que enseñarles.

Eso es, sobre todo, lo que queremos decir cuando hablamos de infraestructura humana. Creo que es muy importante, pero, por supuesto, la infraestructura física también lo es.

Si no existe una buena política y los niños no pueden o no se sienten bienvenidos en las calles, les resultará muy difícil desplazarse en bicicleta. Quizá algunos padres den el paso igualmente, pero será más complicado. Creo que ambas cosas deben ir de la mano.

- ¿Cómo encaja una empresa como Shimano en un proyecto con un objetivo tan social?

- Creo que es fantástico que Shimano y también otras empresas --porque estamos hablando con más organizaciones del sector-- estén poniendo el foco en la comunidad y en la defensa de la bicicleta.

Lo están haciendo ahora, creando equipos dedicados a ello, y no porque quieran vender más productos, sino porque saben, de forma intrínseca, que si trabajas en este ámbito consigues que más personas usen bicicleta.

Así que estoy contenta. No he visto muchas colaboraciones exitosas, y eso me hace muy feliz.

- A veces, la industria busca más vender.

- Sí. Puedes centrarte todo lo que quieras en vender bicicletas eléctricas pero, al final, de lo que se trata es de crear una cultura ciclista, de hacer crecer el mercado para todo el mundo, sin dejar a nadie atrás.

- ¿Qué es lo que observas de la gente de Barcelona en relación al uso de la bicicleta?

- Lo que más me gusta de la gente de Barcelona es que es muy ingeniosa. Por ejemplo, veo muchísimas bicicletas Brompton. Y eso me gusta, porque me recuerda a la densidad de la ciudad, y a que la gente necesita subir la bicicleta a casa para que no se la roben.

También me llama la atención cuando ponen sillas infantiles en una Brompton. Pienso: "¿Cómo lo hacen, si luego hay que plegarla?". Lo mismo ocurre con las bicicletas de carga. Tengo la sensación de que la gente de Barcelona, realmente, quiere desplazarse en bicicleta. Incluso cuando no es fácil, creo que lo hacen.

También se ve con la bicicleta compartida. Me parece una forma fantástica de conseguir que la gente use la bicicleta. No es cara, es fácil de coger y la gente está muy contenta.

- No sé si has visto que el Ayuntamiento de Barcelona ha decidido no renovar las licencias de bicicletas compartidas. ¿Cómo valoras esa decisión?

- Sí, he hablado de esto con muchas organizaciones, y creemos que es una decisión que podría no ser tan acertada aunque, si Bicing creciera, creo que sería algo muy positivo. Pero, por supuesto, para alguien como yo, que viene de fuera, poder coger una bicicleta de Lime o Bolt y recorrer la ciudad es muy cómodo.

Pero creo que, para la gente de Barcelona, lo importante es que siga habiendo suficientes bicicletas disponibles. Esa es la prioridad. Así que espero que la ciudad se centre en conseguir que cada vez más personas utilicen la bicicleta.

Necesitamos suficientes bicicletas y hacer que sea fácil acceder a ellas. Ayer, por ejemplo, quería ir a la Barceloneta, pero no pude encontrar una buena bicicleta. Evidentemente, también era por la cantidad de turistas. Pero siento que, si no encuentro una bicicleta, al final cojo un taxi, y eso no es lo que queremos.

- ¿Y qué piensas de las empresas que ofrecen ese servicio?

- Creo que intentan aportar una solución. En Ámsterdam, por ejemplo, no las necesitamos, porque tenemos casi tres bicicletas por persona. Solo tenemos algunas compartidas para turistas y, básicamente, las alquilamos a los visitantes.

Pero para lugares donde no es así, me parece bien que quieran intentarlo y hacer un esfuerzo. También es cierto que a veces resulta un poco complicado porque, naturalmente, las bicicletas necesitan mantenimiento y todo lo demás. Pero, cuando estoy aquí, en Barcelona, la verdad es que la experiencia me parece bastante buena. Para mí no supone ningún problema, aunque es evidente que la ciudad está experimentando algunos problemas.

- ¿Qué se podría cambiar?

- Creo que es posible cambiar a otro sistema o quizá hacer crecer Bicing. También creo que Swapfiets (una empresa de servicios de suscripción de bicicletas) está funcionando muy bien aquí, y que ese también es un buen modelo.

Mi sobrina vive en Barcelona, y para ella es estupendo utilizar una bicicleta de Swapfiets, porque si se estropea cualquier cosa, se la cambian. Tienen bicicletas normales, pero también eléctricas. Y el precio es asumible, no es caro. Ella va en bicicleta a todas partes.

- Para terminar, ¿qué desafíos enfrenta la bicicleta en Barcelona y qué podemos aprender de otras ciudades, como Copenhague y Utrecht?

- El mayor desafío creo que es hacer que las cosas sucedan. Y eso no depende solo del ayuntamiento ni de las personas, es trabajo de todos. De esa manera podemos cambiar la ciudad y sus calles. Tengo muchas ganas de ver que eso ocurra.

¿Y qué puede aprender Barcelona? Creo que también hay mucho que Copenhague y Utrecht, por ejemplo, pueden aprender de ella. Precisamente, queremos intercambiar todos estos aprendizajes dentro de este proyecto. Más allá de eso, contrario a lo que se cree, lo que está ocurriendo en estas dos ciudades es que, desde hace años, el número de niños y niñas que van en bicicleta ha ido disminuyendo. Parece que la cultura de la bicicleta está en riesgo. Por eso estamos ayudando a ambas a recuperarla.

En el caso de Barcelona, si conseguimos hacer crecer aún más esa cultura y aprovechar la semilla que ya han plantado tantas personas, nos espera un futuro muy prometedor, uno que también puede servir de inspiración para otras ciudades.