Imagen de archivo de un operativo anterior de Policía Nacional en un prostíbulo de Barcelona

Imagen de archivo de un operativo anterior de Policía Nacional en un prostíbulo de Barcelona GALA ESPÍN Barcelona

Vida

La vida de lujo de los reyes de la prostitución 'low cost' en Cataluña: una década al frente del negocio

Pese a una operación policial en 2023, la organización continuó explotando algunos de los mismos prostíbulos. La matriarca dirigía el negocio desde la sombra mientras sus hijos y nueras controlaban el día a día de los burdeles

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Los precintos policiales siguen pegados a las puertas. Cinco de las once casas-prostíbulo clausuradas cautelarmente continúan exhibiendo los distintivos de los Mossos d'Esquadra y la Policía Nacional desde que, el pasado 17 de junio, ambos cuerpos irrumpieron en los inmuebles para poner fin a la actividad de dos organizaciones criminales dedicadas a la trata de seres humanos con fines de explotación sexual.

Detrás del negocio operaban dos entramados perfectamente coordinados. Uno, de origen español, se encargaba de la logística, la búsqueda de nuevas viviendas, la gestión económica y la recaudación del dinero.

El otro, integrado principalmente por ciudadanos brasileños, asumía la captación de mujeres en Latinoamérica y gestionaba parte de los prostíbulos clandestinos.

Viejos conocidos de la Policía

No era la primera vez que los investigadores seguían la pista del clan español.

Liderado por una mujer que en el pasado ejerció la prostitución, el grupo llevaba cerca de una década viviendo del negocio sexual y ya había sido desarticulado en 2023 por hechos prácticamente idénticos.

Imagen de archivo de una entrada policial a un prostíbulo de la provincia de Girona

Imagen de archivo de una entrada policial a un prostíbulo de la provincia de Girona Gala Espín

Sin embargo, aquella investigación no consiguió acabar con su actividad. Según ha podido saber Crónica Global, los integrantes del clan no solo continuaron explotando prostíbulos repartidos por Cataluña, sino que algunos de ellos llevaban cerca de cinco años funcionando en las mismas viviendas.

Los inmuebles se encontraban repartidos entre Manresa, Girona, Sant Feliu de Guíxols, Dosrius, Granollers, Pals, Palafrugell, Sitges, Castelldefels, Sabadell, Terrassa, Begur, Palamós y Vic.

El cerebro en la sombra

Aunque no figuraba como responsable directa de ninguno de los prostíbulos, todas las decisiones pasaban por ella.

Fuentes próximas a la investigación sitúan a la matriarca del clan, una mujer de unos 70 años, como el auténtico cerebro de la organización. Mientras permanecía en un discreto segundo plano, cada uno de sus hijos dirigía uno de los burdeles.

Varias trabajadoras sexuales durante una inspección de Policía Nacional en un burdel de Barcelona

Varias trabajadoras sexuales durante una inspección de Policía Nacional en un burdel de Barcelona GALA ESPÍN Barcelona

Las nueras asumían la parte más visible del negocio. Eran ellas quienes acudían diariamente a los inmuebles para supervisar el funcionamiento de cada establecimiento, controlar a las mujeres y recoger personalmente la recaudación.

Viajes y una vida de lujos

El contraste con la realidad de las víctimas era absoluto.

Mientras las mujeres apenas podían abandonar las viviendas entre una y dos horas al día, los presuntos responsables disfrutaban de un elevado nivel de vida.

Según las mismas fuentes, residían en una exclusiva urbanización de la comarca del Garraf y era habitual verlos viajar a destinos como Turquía, Estados Unidos o Dubái.

Durante los registros practicados el pasado 17 de junio, los investigadores intervinieron más de 200.000 euros en efectivo, sustancias estupefacientes, abundante documentación relacionada con la organización y tres vehículos de alta gama.

Seis mujeres liberadas

En total, esta vez la investigación permitió liberar a seis víctimas de trata.

La primera fue una joven que acudió al servicio de urgencias de un hospital de Sabadell y cuya detección dio origen a toda la investigación. Otras dos fueron rescatadas durante el desarrollo de las pesquisas y las tres restantes aparecieron durante la fase final de explotación del operativo.

Todas eran mujeres jóvenes, latinoamericanas, que atravesaban situaciones de extrema vulnerabilidad económica y social en sus países de origen.

Varias trabajadoras sexuales esperan en la barra de un club de Girona mientras la Policía Nacional desarrollo un dispositivo contra la explotación sexual

Varias trabajadoras sexuales esperan en la barra de un club de Girona mientras la Policía Nacional desarrollo un dispositivo contra la explotación sexual Gala Espín

Algunas ni siquiera sabían que acabarían ejerciendo la prostitución cuando aceptaron viajar a España. A otras les prometieron que podrían decidir libremente qué servicios prestar y en qué condiciones trabajar. Ninguna de esas promesas llegó a cumplirse.

Controladas 24/7

Según se ha conocido durante la investigación, una vez llegaban a España, las organizaciones les imponían deudas de entre 8.000 y 10.000 euros correspondientes al viaje, el alojamiento y otros gastos.

Para devolver ese dinero debían prostituirse prácticamente sin descanso.

Las mujeres permanecían controladas las 24 horas del día, solo podían abandonar las viviendas entre una y dos horas diarias y debían estar permanentemente disponibles para atender clientes.

La mayor parte del dinero obtenido iba destinado directamente al pago de esa deuda. Y no solo eso. Según han informado las mismas fuentes, la organización exigía, además, un pago de 300 euros en concepto de alquiler de la habitación en la que se ofrecían los servicios sexuales.

Otras 53 mujeres identificadas

Durante el operativo, los agentes identificaron a otras 53 mujeres que ejercían la prostitución en los inmuebles investigados.

Sus declaraciones permitieron determinar cuáles eran víctimas de trata y cuáles sufrían explotación sexual por las condiciones a las que estaban sometidas; una diferenciación fundamental para la investigación.

Dentro de los prostíbulos existían además las conocidas como "controladoras" o "mamis", encargadas de supervisar continuamente a las mujeres, controlar sus movimientos y garantizar que cumplieran las normas impuestas por la organización.

Testaferras y fiestas de inauguración

El funcionamiento de la red respondía a un modelo perfectamente organizado.

Las viviendas eran alquiladas por el clan español utilizando testaferros para ocultar la identidad de los verdaderos responsables. Ninguna disponía de licencia administrativa y muchas estaban situadas en zonas aisladas, lejos de grandes núcleos urbanos.

Agentes de la Policía Nacional identificando a un cliente en un prostíbulo de Girona

Agentes de la Policía Nacional identificando a un cliente en un prostíbulo de Girona Luis Miguel Añón

Una vez conseguían el inmueble, la organización se ocupaba de todo: acondicionaba la vivienda, instalaba el mobiliario, trasladaba a las mujeres e iniciaba inmediatamente la actividad mediante anuncios publicados en redes sociales y páginas especializadas de contactos.

Según ha podido saber Crónica Global, la profesionalización del negocio llegaba hasta el último detalle. En varias ocasiones, los miembros del clan llegaron incluso a organizar fiestas para celebrar la apertura de cada nuevo prostíbulo.