Laura Becerra-Fajardo (Bogotá, 1983) creció en una familia en la que “todo el mundo” era economista, abogado o empresario. Todo el mundo menos su abuelo, un reconocido científico químico con quien mantenía una relación muy estrecha y que, de alguna manera, influyó en su decisión de romper con la tradición familiar y estudiar Ingeniería Electrónica.
Sin embargo, al terminar la carrera y comenzar su trayectoria profesional, descubrió que no le interesaba tanto la electrónica aplicada a la industria como aquella capaz de generar un impacto directo en la vida de las personas, especialmente en el ámbito de la salud.
Un máster
Con ese objetivo, en 2010 dejó Bogotá y se trasladó a Barcelona para cursar un máster en Ingeniería Biomédica impartido conjuntamente por la Universidad de Barcelona (UB) y la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). “Lo disfruté muchísimo. Además, era mi primera vez en Europa”, recuerda la investigadora colombiana, que más de 15 años después sigue viviendo en la capital catalana.
Durante el máster conoció al investigador Antoni Ivorra, profesor de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), quien le propuso realizar un doctorado centrado en el desarrollo de estimuladores para personas con parálisis cerebral. Desde entonces, Becerra-Fajardo ha dedicado gran parte de su carrera al diseño y validación de dispositivos médicos implantables, tanto en estudios de laboratorio como en modelos animales y ensayos con pacientes.
El equipo de Foresee
Sensores implantables
Con el paso de los años, sin embargo, empezó a sentir la necesidad de salir del entorno estrictamente académico. “Algo del espíritu emprendedor de mi familia debió de calar”, comenta entre risas.
Esa inquietud acabó cristalizando en Foresee, un proyecto de innovación biomédica centrado en el desarrollo de sensores implantables para la monitorización remota de pacientes con insuficiencia cardíaca, una enfermedad que afecta a decenas de millones de personas en todo el mundo y representa una de las principales causas de hospitalización entre la población adulta.
Principal causa de muerte
“Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte y representan aproximadamente el 32 % de todas las defunciones”, explica Becerra, líder del proyecto, originado en el grupo de investigación en Electrónica Biomédica (BERG) de la UPF. En este contexto, la detección precoz del empeoramiento clínico resulta fundamental para evitar complicaciones graves y reducir ingresos hospitalarios.
El sistema que está desarrollando el equipo de Foresee consiste en un sensor intravascular multiparamétrico e inalámbrico que se implanta en el organismo y permite recoger datos cardiovasculares diariamente. La información se transmite de forma remota y podrá consultarse a través de una aplicación digital por parte de profesionales sanitarios y pacientes.
Un hombre sufre un infarto
Monitorización
“El dispositivo nos permitirá monitorizar al paciente a distancia y detectar signos de deterioro antes de que aparezcan los síntomas más graves. Eso facilita iniciar el tratamiento antes y evitar que el paciente se descompense y tenga que ser hospitalizado”, explica.
Una de las principales innovaciones de la tecnología es que el implante no requiere baterías convencionales, ya que funciona mediante sistemas de alimentación inalámbrica. Esto permite reducir su tamaño y facilitar una implantación mínimamente invasiva. Además, el sensor puede medir varios parámetros, logrando una visión multidimensional del estado del paciente.
45 millones de afectados
Aunque la plataforma tecnológica podría aplicarse a distintas patologías, el equipo decidió concentrar sus esfuerzos en la insuficiencia cardíaca debido a la elevada necesidad clínica existente y al impacto económico que esta enfermedad genera en los sistemas sanitarios.
Dado que casi 45 millones de personas sufren una limitación leve o marcada de su actividad física debido a la insuficiencia cardíaca crónica, la detección precoz cobra una importancia fundamental en esta afección cardiovascular.
Una ambulancia a las puertas de las urgencias de Can Ruti
Muertes tempranas
Por otro lado, aproximadamente la mitad de los pacientes fallecen en los cinco años posteriores al diagnóstico. Por ello, una monitorización más precisa y continua podría contribuir a mejorar la calidad de vida de los pacientes y optimizar la gestión de los recursos sanitarios.
La iniciativa comenzó a tomar forma en 2019 gracias a una ayuda semilla de la UPF. Posteriormente obtuvo financiación a través de distintos programas de apoyo a la innovación, entre ellos una ayuda ERC Proof of Concept, financiación de la Fundación La Caixa y, en 2023, una subvención de 2,5 millones de euros del programa EIC Transition del Consejo Europeo de Innovación (EIC).
Un hito
La concesión de esta ayuda supuso un hito para la universidad, ya que fue la primera propuesta liderada por una universidad catalana en acceder a esta convocatoria europea orientada a transformar resultados científicos en productos con potencial de mercado.
Actualmente, el equipo trabaja en colaboración con especialistas en cardiología del Hospital Germans Trias i Pujol, además de mantener un diálogo continuo con médicos y expertos internacionales que asesoran el desarrollo de la tecnología.
Mercados distintos
Pese a los avances logrados, Becerra reconoce que el emprendimiento científico está lejos de ser un camino sencillo. “El principal reto es la incertidumbre”, responde sin dudar. “Ves que el dinero se acaba, tienes que pagar salarios y patentes, mantener al equipo y pensar constantemente cuál será el siguiente paso. Nunca puedes dejar de planificar”.
Respecto a la expansión internacional, considera que el sistema sanitario de Estados Unidos ofrece ciertas ventajas para la adopción temprana de tecnologías médicas innovadoras, mientras que en la UE los procesos de incorporación suelen requerir una demostración más exhaustiva de la relación coste-beneficio para los sistemas públicos de salud.
Aun así, la estrategia de Foresee pasa por desarrollar su presencia en ambos mercados de forma paralela.
Nuevos horizontes
“Por ahora, el proyecto continúa en fase preclínica, centrado en demostrar la seguridad y eficacia del dispositivo en animales antes de iniciar los estudios clínicos en humanos”, aclara Becerra. Para ello, la compañía trabaja en la captación de nuevas rondas de financiación que permitan acelerar el proceso regulatorio y la llegada de la tecnología al mercado.
Para esta nueva etapa como empresaria, regresar a su Colombia natal sigue estando descartado, aunque mantiene un fuerte vínculo con su país y considera que su trayectoria profesional también tiene una dimensión simbólica. “Me siento una embajadora de mi país”, admite orgullosa. “Los que trabajamos fuera ayudamos a romper el estigma de que en Colombia todo son drogas o violencia”, afirma.
