Montaje con una hoguera de Sant Joan y señales de petardos ecológicos y de baja sonoridad
Sant Joan pierde decibelios: así se adapta el sector de la pirotecnia a una sociedad hipersensible
Los petardos de baja sonoridad y ecológicos ya representan entre el 40% y el 50% de las ventas en Cataluña
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Georges Bataille definió la fiesta como un exceso que una sociedad se permite durante un tiempo limitado, una suspensión momentánea de la lógica de la utilidad, necesaria como forma de catarsis.
Pocas celebraciones encarnan esa idea con tanta claridad como Sant Joan: al exceso habitual de cualquier fiesta —la bebida, las horas en vela— se suman la voracidad de las hogueras, el estruendo de los petardos y la destrucción ritual de objetos. Pero ese derroche ocasional choca con una sociedad que parece cada vez más reacia al descontrol.
Cocas de San Juan
Hipersensibilidad
La regulación básica de explosivos y pirotecnia en España data de los años 90, en un país todavía marcado por la violencia de ETA, cuando la prioridad de seguridad era absoluta. Pero lo que la hiperregulación no ha terminado de limitar, lo está haciendo la hipersensibilidad: el sector, para algunos, se descafeína; para otros, simplemente se adapta a una sociedad distinta.
La preocupación por el ruido, el bienestar animal y la conciencia ecológica se ha convertido en un nuevo conjunto de límites a los que el sector pirotécnico ha sabido adaptarse.
Una persona enciende petardos durante una verbena de San Juan
La mitad de las ventas
Los petardos de baja sonoridad y ecológicos ya representan entre el 40% y el 50% de las ventas del sector en Cataluña, según cálculos de Jordi Brau, secretario de la Asociación de Comerciantes de Fuegos Artificiales de España (ACFAE).
En su propia marca, La Traca, esta categoría alcanza ya el 65% del total. La Traca, una empresa familiar catalana, es una de las principales operadoras del sector, y confirma cómo la baja sonoridad se ha consolidado como una de las grandes tendencias del mercado.
Solo en Barcelona, la compañía dispone de cuatro casetas dedicadas específicamente a productos F1 —de riesgo muy reducido— de baja sonoridad y envases sostenibles, además de otros cuatro establecimientos con pirotecnia de todo tipo.
Otras medidas
La voluntad de ser “más inclusivos” no tiene por qué afectar solo al producto, sino también al uso. En las Fallas de Valencia, por ejemplo, explica Brau, se han establecido horarios de descanso en los que no se pueden lanzar petardos, con el objetivo de garantizar momentos de tranquilidad en el espacio público. Otro ejemplo es el de Figueres, donde se ha habilitado un 'tronódromo', una zona apartada que concentra el lanzamiento de petardos y canaliza el ruido en un único espacio.
El sector, asegura Brau, está dispuesto a seguir adaptándose a las nuevas sensibilidades sociales. Aunque matiza que la regulación es competencia del Ministerio de Industria, y no de los ayuntamientos, en lo que respecta a posibles prohibiciones en espacios concretos.
Previsión de gasto
Georges Bataille entendía el gasto improductivo como una de las grandes características de la fiesta, algo que Sant Joan ejemplifica como pocas celebraciones. En un contexto de inflación y de cuidar el bolsillo, puede resultar casi absurdo gastar en unos segundos lo que cuesta una cena entera.
Y, sin embargo, el sector no solo resiste: crece y bate récords. Este año no parece que vaya a ser una excepción. Según Brau, las previsiones apuntan a un incremento del 5% en las ventas, tras cerrar el año pasado con una facturación de unos 20 millones de euros.
Cultura de fuego
La cultura en Cataluña está profundamente ligada al fuego. Brau sostiene, sin embargo, que España es uno de los países con menos incidentes relacionados con la pirotecnia.
En Alemania, en cambio —uno de los países donde más se gasta en fuegos artificiales durante la celebración de Año Nuevo—, la concentración del uso en apenas unos días genera una especie de “efecto atracón”, que Brau compara con la Ley Seca en Estados Unidos: una restricción que no elimina el consumo, sino que lo intensifica cuando este puede ejercerse.
En este sentido, España parece haber encontrado un saludable punto intermedio. El sector pirotécnico ha sabido leer una sociedad que sigue necesitando la fiesta y el exceso, pero que ya no está dispuesta a que se produzcan a costa de la convivencia.