Dr. Pedro Betrián, Clínica Delfos

Dr. Pedro Betrián, Clínica Delfos SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Vida

Pedro Betrián, jefe de la Unidad de Cardiopatías Congénitas: "Hoy por hoy no es una maldición, es una enfermedad como muchas otras"

El doctor encabeza un servicio especializado que reúne a expertos de primer nivel y cuenta con los tratamientos más avanzados para poder atender a los enfermos

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Cataluña registra cada año unos 600 nacimientos de bebés con cardiopatías congénitas, es decir, malformaciones que afectan al corazón o a los vasos sanguíneos. Únicamente entre un 25% y un 30% de los casos resultan ser graves, ya que la mayoría de los afectados sólo requerirá controles y atención médica especializada a lo largo de toda su vida.

HM Nou Delfos pone en marcha en Barcelona su primera Unidad de Cardiopatías Congénitas, un servicio especializado que reúne a expertos de primer nivel y que cuenta con los tratamientos más avanzados para atender, de manera integral, a las personas que conviven con dicha enfermedad desde su nacimiento.

El doctor Pedro Betrián, jefe de la recién creada Unidad de Hemodinámica Pediátrica y Cardiopatías Congénitas del Hospital HM Nou Delfos y responsable de Hemodinámica Pediátrica del Hospital de la Vall d’Hebron, responde a Crónica Global a diversas cuestiones sobre este tema.

- En primer lugar, ¿qué es una cardiopatía congénita?

Una cardiopatía congénita es un defecto durante la formación del corazón en la etapa fetal, lo cual genera una diferencia respecto a lo que sería un corazón estándar o normal. Puede ser desde un pequeño orificio —que no tendría por qué estar—, o una válvula —que es más pequeña o más estrecha—.

Dr. Pedro Betrián, Clínica Delfos

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- La técnica de la hemodinámica, ¿en qué consiste?

La hemodinámica es una herramienta. Un campo que se desarrolló a finales del siglo pasado, que consiste en intentar tratar los problemas que tiene el corazón, en vez de con cirugía, abriendo el tórax y abriendo el corazón, a través del uso de catéteres. Puncionando arterias y venas de la muñeca, en el caso de adultos; y en las ingles, en el caso de los niños, vamos con catéteres hasta la zona que está afectada y la tratamos.

Si hay un agujero, podemos poner un tapón para que se cierre; y si hay una válvula, que está estrecha, podemos dilatarla. En general, se tratan los problemas que tiene el corazón, pero de una forma mucho menos agresiva.

- ¿Qué porcentaje de cardiopatías requerían antes una cirugía abierta, que hoy pueden resolverse con esta técnica?

- Pues... es un porcentaje significativo. Hay que pensar que las cardiopatías congénitas son la malformación congénita más frecuente. Hasta 1 de cada 100 recién nacidos presenta esta enfermedad. Lógicamente, el espectro es muy amplio: desde cardiopatías que no van a requerir, en ningún momento, ninguna intervención hasta otras más graves, que necesitarán muchas intervenciones a lo largo de su vida.

Hoy por hoy, la hemodinámica está evolucionando de una forma muy importante. La progresión de la tecnología nos permite que, a corto y medio plazo, podamos afrontar más procedimientos y ofrecer a los pacientes un tratamiento curativo, con una menor agresividad de la que supone la cirugía.

- ¿Esto quiere decir que estamos entrando en una era en la que los catéteres sustituirán parcialmente al bisturí?

Yo creo que ya parcialmente lo sustituyen. Hoy por hoy, en un centro de referencia como este, el volumen de cateterismos normalmente triplica o cuadriplica el de las cirugías, para que nos hagamos una idea. Entonces, la cirugía siempre va a ser necesaria, no se puede negociar, pero lo que está claro es que el volumen de pacientes que van a tener la alternativa quirúrgica va a disminuir con la progresión tecnológica y de dispositivos, que hoy se está dando.

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- ¿Qué secuelas emocionales observa en adolescentes que han pasado por múltiples intervenciones cardíacas desde pequeños?

Es muy complejo. Estos pacientes requieren apoyo psicológico porque suelen estar asociados, toda su infancia, a hospitales, a controles rutinarios muy frecuentes, y a múltiples cateterismos y cirugías. Durante mucho tiempo, cuando son niños, no son conscientes de esta situación, pero cuando llegan a la adolescencia se plantean, entre otras cosas, por qué les pasa a ellos. Son momentos en los que los pacientes se alejan del control, del seguimiento y del tratamiento farmacológico que llevan. Es una época en la que tenemos que estar más encima para poder garantizar que el paciente siga sus controles y su tratamiento de una forma correcta.

- Y si hablamos de los recursos que hay en España, ¿son suficientes para atender toda la demanda que hay?

Realmente hay un colapso muy importante y las listas de espera están llegando a unos límites que no deberían llegar. Actualmente, hay pacientes que están esperando dos o tres años para un cateterismo pediátrico o para un tratamiento de una cardiopatía congénita. Eso hoy por hoy es inaceptable.

Realmente, creo que hacen falta alternativas, como nuestro centro, a la hora de poder ofertar estos tratamientos y esta calidad, en unos tiempos que sean razonables.
Lo importante es que podamos adecuar los recursos a las necesidades, y eso es algo que nosotros, como unidad, podemos ofrecer: si tenemos una demanda que haga necesario incrementar la actividad, será así.

- Ya que estamos entrando en la era de la inteligencia artificial, ¿qué papel juega la IA y la imagen avanzada en el diagnóstico para este tipo de cardiopatías y técnicas?

Actualmente la tecnología, la imagen y la IA están formando un papel muy importante. Podemos llegar a fusionar las imágenes de resonancia y de TAC con las imágenes que tenemos de rayos X en la sala.

Tenemos la capacidad de hacer estudios 4D directamente tanto por ecocardiograma transtorácico como por ecografía intravascular. O sea, tenemos todas las herramientas para que realmente podamos hacernos una mejor imagen y una mejor visión de lo que es la cardiopatía y cómo tenemos que tratarla.

Esto ha evolucionado mucho en los últimos 5-7 años, y hemos sobrepasado lo que es la radiología clásica. La hemodinámica básica se basa en rayos X, que abarca dos dimensiones. En el presente, podemos tener cuatro dimensiones para saber dónde, cómo y de qué forma tratarlas.