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Después de iniciar el sábado una visita de siete días a España que le llevará a Madrid, Barcelona y Canarias, el Papa aterrizará este martes en El Prat para afrontar una agenda cargada de actos y encuentros.

El clímax --y el motivo original-- del viaje llegará el miércoles con una misa en la Sagrada Familia por el centenario de la muerte de Antoni Gaudí y la bendición de la Torre de Jesucristo, que ha convertido este año a la basílica catalana en el templo católico más alto del mundo.

La dimensión de la visita da cuenta de su relevancia. Los organizadores calculan cerca de dos millones de asistentes a los distintos actos programados en las tres sedes, unos 5.000 periodistas acreditados y un impacto económico superior a los 150 millones de euros.

Más allá del carácter religioso y ceremonial del viaje, León XIV desembarca en Cataluña en un escenario marcado por varios debates de vasta sensibilidad social y política.

La coincidencia de su visita con una huelga educativa insaciable, la controversia sobre el papel del catalán y las reivindicaciones del nacionalismo, así como las expectativas de las víctimas de abusos sexuales cometidos en el seno de la Iglesia, sitúan al heredero de San Pedro ante algunos de los asuntos más complejos de la realidad catalana contemporánea.

Manifestación de profesores a las puertas de la Sagrada Familia, el pasado 18 de mayo Ustec

"Papahuelga"

El primer reto con el que se encontrará León XIV al pasar por las calles de Barcelona será el conflicto educativo, pues los sindicatos Ustec-Stes, CGT Ensenyament e Intersindical-CSC mantienen la convocatoria de huelga para el martes, 9 de junio, día en que el Pontífice aterrizará en Cataluña y darán inicio los exámenes de selectividad.

La nueva jornada de protesta llega después de semanas de movilizaciones y del rechazo por parte del colectivo docente al preacuerdo alcanzado entre el Departament d'Educació y varias organizaciones sindicales.

La propia portavoz de Ustec-Stes, Iolanda Segura, bautizó la protesta de este martes como la "Papahuelga". Según explicó el viernes, el objetivo de interferir en una jornada especialmente significativa es trasladar al Govern que "el conflicto no está resuelto" para forzar la apertura de un nuevo marco de negociación.

"Fumata amarilla"

Pese a las cesiones del Govern, la magnitud del descontento de algunos sectores de la educación pública catalana quedaron patentes en la manifestación celebrada el viernes en Barcelona, en la que participaron unas 15.200 personas, según el recuento de la Guardia Urbana.

Durante la marcha, los docentes combinaron las críticas a la consellera de Educació, Esther Niubó, con referencias directas a la visita papal.

Entre los lemas más repetidos figuraban "El 9, cuando venga el Papa, se encontrará una huelga" y "Habemus Papam, fumata amarilla", en referencia al color con el que se ha asociado la protesta de profesores.

Dispositivo de seguridad

La coincidencia entre las protestas y la visita del Papa ha obligado a las autoridades a preparar un dispositivo de seguridad específico. El comisario de los Mossos d'Esquadra y responsable de la seguridad del viaje apostólico en Cataluña, David Boneta, asumió el viernes en declaraciones a los medios que la presencia del Pontífice y las movilizaciones deberán ser compatibles.

"Tan legítimo es querer ver al Santo Padre como movilizarse por una causa determinada", señaló.

En los dos días que León XIV pasará en Cataluña, más de 5.600 agentes de los Mossos d'Esquadra y 500 agentes de la Guardia Urbana de Barcelona velarán por su seguridad y la de la ciudadanía en un dispositivo de seguridad diseñado por la policía catalana, en el que también participan coordinadamente un millar de agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil, así como unos 2.500 vigilantes de seguridad privada.

Instrumentalización

Desde la Generalitat, sin embargo, algunas voces han pedido evitar que la visita se convierta en un escenario de confrontación.

El conseller de Justícia, Ramon Espadaler, ha reclamado a los docentes que no instrumentalicen el viaje apostólico y ha defendido que debe preservarse la normalidad de un acontecimiento que califica de trascendencia global.

Batalla identitaria

Una de las cuestiones que ha monopolizado el debate en los días previos a la llegada de León XIV a Barcelona ha sido la presencia del catalán en los actos oficiales, un detalle que ha terminado convirtiéndose en una nueva batalla simbólica sobre identidad, reconocimiento y representación.

León XIV saluda desde el Papamóvil en Madrid David Cruz Sanz Europa Press

La polémica surgió cuando trascendió que la misa y la bendición de la Torre de Jesucristo se desarrollarían principalmente en castellano, lengua en la que Robert Prevost se expresa a la perfección, pues vivió más de 20 años en Perú.

Desde entonces, partidos políticos, entidades culturales, organizaciones independentistas e incluso representantes del mundo eclesial han reclamado una mayor presencia de la lengua catalana.

"Oportunidad única"

De hecho, la Generalitat ha trasladado esta semana al Vaticano la importancia que el Govern da a la cuestión lingüística, convencida de que el viaje permitirá proyectar Cataluña como una sociedad abierta, plural y solidaria.

Ramon Espadaler, en el XII Congreso de Cofradías de Semana Santa de Cataluña, en mayo cedida

En este sentido, el conseller Espadaler ha definido la visita como una "oportunidad única" para que el mundo escuche el catalán. Según defendió, no se trata de un capricho, sino de reflejar "la normalidad de una sociedad diversa".

Piden orar en catalán

También varios expresidentes como Jordi Pujol, Artur Mas, Carles Puigdemont, Quim Torra y Pere Aragonès, junto a dirigentes de ERC y Junts, el presidente del Parlament, Josep Rull, y entidades independentistas como ANC u Òmnium Cultural, firmaron un manifiesto de bienvenida al Papa en el que le expresan su deseo de poder "orar" junto a él en la lengua en la que se dirigen a Dios.

El texto reivindica la trayectoria histórica del catalán y sostiene que su supervivencia constituye "una victoria de la libertad de los pueblos".

El Papa León XIV oficia la solemnidad del Corpus Christi en Madrid, junto a Juan José Omella, arzobispo de Barcelona Jesús Hellín Europa Press

Los firmantes recuerdan además que, cuando se colocó la última pieza de la Torre de Jesucristo, ondeaban juntas la bandera catalana y la de la Santa Sede.

Bilingüismo

Frente a estas demandas, también se han alzado quienes reclaman preservar el carácter bilingüe de la sociedad catalana.

Las entidades Convivencia Cívica Catalana y S'ha Acabat han solicitado al Papa que utilice "también" el castellano, argumentando que forma parte de la realidad cotidiana de millones de ciudadanos.

Bendición en catalán

En medio de la controversia, el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, ha intentado rebajar la tensión: "El Papa sabe que tiene que hablar algo en catalán, pero hay gente a la que le gusta hacer polémica, y esto hay que evitarlo".

Omella ha explicado que León XIV está preparando personalmente sus intervenciones y que "hará lo máximo" en catalán durante la misa y la bendición de la torre.

De hecho, el Pontífice comenzará la celebración en la Sagrada Familia bendiciendo en catalán a los presentes: "En el nom del Pare, i del fill, i de l'Esperit Sant, la pau sigui amb vosaltres".

"Narrativas polarizantes"

La discusión resulta especialmente significativa porque conecta con uno de los mensajes centrales que el propio Papa ha lanzado desde su llegada a España.

En su primer discurso oficial, pronunciado el sábado ante los Reyes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y otras autoridades políticas y religiosas, llamó a abandonar "las narrativas divisivas y polarizantes" y alertó contra las "ideologías prefabricadas".

También defendió "armonizar las demandas de autonomía y de unidad" y apostó por el diálogo como herramienta para superar los conflictos políticos y sociales.

Salvador Illa saluda al Papa y al Rey, en la primera jornada del viaje apostólico a España Europa Press

Un mensaje que, más allá del escenario bélico internacional, encuentra encaje como una referencia a una sociedad que, aunque ha reducido la tensión política de los años del procés, sigue debatiendo sobre identidad y lengua.

"Herida abierta"

La tercera carpeta que acompaña a León XIV en su visita a Cataluña es la cuestión de los abusos sexuales cometidos en el seno de la Iglesia. Una realidad que el propio Pontífice ha definido como "una herida abierta".

El Santo Padre confirmó el sábado, durante el vuelo entre Roma y Madrid, que mantendrá un encuentro con algunas víctimas durante su estancia en España, aunque precisó que no podrá reunirse con todas ellas.

La cita ha sido organizada por la Iglesia española con el respaldo del Vaticano y ocurrirá a primera hora de este lunes en la Nunciatura Apostólica de Madrid, la misión diplomática de máximo rango de la Santa Sede en otros estados.

Se sienten excluidos

Sin embargo, el anuncio no ha servido para disipar las críticas de algunas asociaciones de víctimas, que denuncian no haber sido informadas ni invitadas.

Miguel Hurtado, el primer denunciante de los abusos cometidos en Montserrat, uno de los puntos que el Papa visitará en Cataluña, y portavoz del movimiento Reparación Integral Ya, ha lamentado que el Vaticano "sigue el guión habitual".

Miguel Hurtado, ante la Nunciatura Apostólica de Madrid, este domingo Alejandro Martínez Vélez Europa Press

Además apunta que solo podrán asistir víctimas que mantienen "un perfil bajo", seleccionadas por los obispos.

La cuestión es especialmente sensible en Cataluña, donde el caso de Montserrat se convirtió en uno de los símbolos del debate sobre la responsabilidad institucional de la Iglesia, a la que se ha acusado reiteradamente de encubrir cientos de casos de abusos sexuales, no solo en España, perpetrados por religiosos.

Prioridad del pontificado

León XIV llega además después de haber situado la lucha contra los abusos entre las prioridades de su pontificado, pues en enero pidió investigar estos casos con "justicia, verdad y caridad", después de mantener en octubre una reunión con representantes de Ending Clergy Abuse, una organización internacional de defensa de las víctimas.

La visita coincide asimismo con una nueva etapa en el proceso de reparación impulsado por la Iglesia española y las administraciones públicas. El protocolo firmado recientemente entre la Conferencia Episcopal, las congregaciones religiosas y el Estado contempla mecanismos de reparación e indemnización para las víctimas.

En este contexto, el encuentro con afectados adquiere una dimensión mayor como gesto simbólico y podría convertirse en una prueba de credibilidad para la Iglesia que encabeza Prevost.

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