La tecnología del placer y la industria de los robots sexuales están experimentando un crecimiento explosivo impulsado por la inteligencia artificial (IA). En paralelo aumenta su aceptación social, pese a posibles riesgos y problemas éticos y psicológicos.
En una reciente encuesta del CIS (Sexualidad: hábitos y opiniones), uno de cada cinco españoles se muestra dispuesto a tener relaciones sexoafectivas con robots humanoides. Predominan las franjas de 18 a 24 años y de 35 a 54. A partir de 75, cero.
Menos relaciones carnales
El sondeo del ente presidido por Félix Tezanos se suma a crecientes investigaciones sobre el sexo del futuro con el desarrollo de la llamada IA generativa, utilizada para dotar a las máquinas de personalidades configurables y sistemas conversacionales avanzados.
Encuestas en Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y Holanda aventuran que para el 2050 las prácticas robóticas superarán a las carnales entre humanos. En una de ellas hasta el 75% de las personas estarían dispuestas a satisfacer sus más íntimos deseos sexuales con robots.
Hombres más propensos
El colectivo masculino se muestra mucho más propenso a aceptarlos. Pero el futurólogo Ian Pearson, promotor del informe The Future of Sex Report, no lo tiene tan claro. “Las mujeres van a tener más intimidad con robots que con humanos”, predijo en 2024.
También asegura que en 2030 la mayoría de personas practicarán algún tipo de sexo virtual, y muchos lo acompañarán con juguetes.
Juguete sexual
China, en cabeza
Estos dispositivos han dejado de ser simples muñecas estáticas para convertirse en humanoides interactivos capaces de conversar, aprender comportamientos y simular respuestas emocionales.
China se sitúa, como en otros muchos campos, como primer productor mundial. Integra rutinariamente robots conversacionales eróticos y dispositivos de estimulación inteligente mostrados en ferias internacionales para adultos.
Facturación millonaria
Los modelos más avanzados incluyen piel sintética realista, sensores táctiles y motores internos. Pueden superar los 15.000 euros. El sector ya factura 350 millones de euros anuales. Espera duplicarlos en cinco años.
Pero se enfrenta a críticas éticas y sociales respecto a la cosificación, el impacto en las relaciones humanas tradicionales y el surgimiento de perfiles digisexuales.
Problemas éticos
Kathleen Richardson, profesora de Ética y Cultura de Robots e IA de la Universidad de Montfort (Leicester, Reino Unido), lanzó una pionera campaña contra su desarrollo por problemas éticos en 2015.
Denunciaba su falta de moralidad y que, en definitiva, solo servían para que algunos hombres perpetuaran una relación de poder sobre una mujer que no supusiera ningún compromiso ni complicación.
De película
En la comedia romántica Companion (Compañera perfecta) Josh, un tipo promedio, encarga una modelo de IA o novia robot a medida, Iris, programada para complacerlo emocional y sexualmente.
Puede controlarla y configurarla con una app del teléfono. Elige cosas obvias como su color de ojos, voz, nalgas, senos y también su inteligencia.
Iris, en 'Companion'
El técnico que se la lleva a casa le dice: “Si le pones 0% es una autómata, si le pones 100% es un genio”. Él elige 40%. “Los dos momentos más felices de mi vida fueron el día que conocí a Iris y el día que lo maté”, se le escucha a Josh.
Industria puntera
Un estudio del McKinsey Global Institute estima que 800 millones de trabajadores, la quinta parte de la fuerza laboral mundial, serán reemplazados por robots en 2030.
El sexo, motor según algunos de la Humanidad, también participará en los cambios. La industria ve en estos robots algo más que pura literatura, un campo de desarrollo –y de beneficios– indudable.
Siempre dispuestos
Los productores exponen que estas criaturas no juzgan al cliente y nunca dicen que no. Basta apagarlas para prescindir de su compañía. Pero cuando el sujeto quiera puede acceder a sus servicios ilimitados.
La compañía robótica íntima sería un paso más en una industria que ya ofrece en varios locales en España servicios sexuales con muñecas de silicona. Las hay casi tan neumáticas y perfectas como las descritas en El mundo feliz de Aldous Huxley.
Muñecas sexuales realistas
Derechos e impuestos
Fernando Pinto Palacios, letrado de la sala de lo Penal del Tribunal Supremo, se planteaba medio en broma medio en serio hace unos años en Confilegal: “¿Nos veremos obligados a reconocer derechos a los robots, creados a nuestra imagen y semejanza, para disfrute sexual? ¿O los trataremos como mano de obra que no cobra, no cotiza y no protesta? ¿Tendrán una fiscalidad similar a la de otros trabajadores no humanos?".
¿Nueva prostitución?
¿Qué ocurrirá, seguía preguntándose Pinto, cuando el comprador quiera que el robot tenga la apariencia de un menor de edad? ¿Y cuando desee que ofrezca resistencia para “simular una violación”? ¿Es posible que la creación de robots sexuales enfocados al público masculino sea una forma de reforzar las relaciones de poder, desigualdad y violencia? ¿Estaríamos permitiendo una nueva modalidad de prostitución que cosifica a las mujeres?
Algunos sociólogos conservadores sostienen que este mercado quedará reducido a un grupo de fetichistas. Pero otros advierten de que si estas relaciones se convirtieran en algo habitual, cambiará nuestra forma de relacionarnos y terminará por ser aceptado como una forma más de desarrollar la sexualidad.
“La sociedad debe plantearse qué queremos hacer con los robots en general”, plantea el filósofo Enrique Morales.
