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Durante décadas, el lavado del dinero ilícito procedente del narcotráfico, las estafas o cualquier otra actividad criminal encontró acomodo en fórmulas ya conocidas como la compra de inmuebles, la adquisición de patrimonio, la apertura de negocios o la creación de sociedades con las que camuflar el origen real del capital.

Un esquema que, si bien sigue plenamente vigente, ya no tiene el monopolio.

Hoy convive con nuevas fórmulas de ocultación vinculadas al mundo digital, donde las criptomonedas han ganado terreno y protagonismo en las investigaciones patrimoniales y financieras de los cuerpos policiales.

Nuevos métodos, mismo objetivo

El objetivo, sin embargo, no ha cambiado y sigue siendo introducir dinero de origen ilícito en el mercado legal y hacerlo con la suficiente apariencia de normalidad como para dificultar su detección.

Parte del dinero en efectivo intervenido durante un operativo contra el blanqueo de capitales Mossos d'Esquadra

"Las metodologías evolucionan al mismo ritmo que evoluciona la sociedad, pero la finalidad sigue siendo la misma", resume en una conversación con Crónica Global un subinspector de la División de Investigación Criminal (DIC), experto en delincuencia económica de los Mossos d’Esquadra.

Un fenómeno que muta, se adapta y se sofistica, mientras la policía intenta seguirle el ritmo: "Estamos en una carrera sin frenos para competir con las organizaciones y no quedarnos atrás", reconoce el subinspector.

El blanqueo clásico sigue funcionando

En la práctica, el blanqueo tradicional continúa siendo una de las fórmulas más utilizadas por las organizaciones criminales.

Las inversiones inmobiliarias siguen ocupando un lugar central. Pisos, locales, viviendas vacacionales o patrimonio adquirido a nombre propio o mediante terceros continúan siendo refugios habituales del dinero ilícito.

Agente de la Brigada Móvil de los Mossos d'Esquadra en un dipositivo en La Mina

Lo mismo ocurre con negocios legales capaces de generar ingresos constantes —bares, restaurantes, pequeños comercios o sociedades patrimoniales— donde el capital procedente del delito se mezcla con la actividad económica ordinaria.

El ladrillo, la vía más cómoda

"La inversión inmobiliaria o patrimonial sigue siendo una de las principales vías", explica el mando policial.

“Todo aquello que comporte movimiento económico o flujo de efectivo importante puede utilizarse para intentar introducir dinero ilícito dentro del circuito legal".

Los investigadores no tienen dudas: el ladrillo sigue siendo una vía cómoda, rentable y discreta para esconder dinero. Pero ya no es la única.

La irrupción de las criptomonedas

En paralelo, las criptomonedas han abierto una nueva dimensión dentro de este fenómeno.

Desde hace años, los activos digitales están en el radar de las unidades especializadas, también de los Mossos d’Esquadra, que han tenido que formar agentes específicos capaces de entender cómo funciona ese ecosistema virtual, cómo se mueve el dinero entre 'wallets' y qué herramientas permiten seguir su rastro.

Criptomonedas sobre un teclado, en una imagen de archivo FREEPIK

"Llevamos años trabajando en ello. Siempre que aparece una evolución de este tipo intentamos adaptarnos rápidamente”, señala el subinspector. “No solo formando a especialistas, sino también ampliando el conocimiento dentro del propio cuerpo".

No todo es blanqueo

No obstante, los investigadores insisten en una idea clave: las criptomonedas no equivalen automáticamente a blanqueo.

No toda operación vinculada a monedas virtuales constituye lavado de dinero. Para que así sea, deben concurrir determinados requisitos legales y jurídicos que la jurisprudencia ha ido delimitando con precisión.

Entre ellos, uno resulta especialmente relevante: la ocultación.

Dinero intervenido a la mafia china en un operativo anterior Mossos d'Esquadra

“Uno de los requisitos más importantes para poder hablar de blanqueo es precisamente la ocultación”, apunta el experto.

“Cuando tú dificultas identificar el origen real del dinero o quién está detrás, es cuando empiezas a entrar en el terreno del blanqueo”, matiza.

Operar desde el anonimato

El ecosistema 'cripto' despierta especial interés policial precisamente por eso: porque permite operar fuera de los circuitos bancarios tradicionales, añadir capas de opacidad y complicar la identificación inmediata de quien hay detrás de determinadas operaciones.

Aunque no siempre: "Lo que más cuesta muchas veces no es seguir el rastro del dinero, sino identificar quién hay detrás", apunta el subinspector.

Imagen de una billetera de criptomonedas en la aplicación Binance Binance

"La trazabilidad de las criptomonedas no es tan difícil, ya que existen herramientas que lo permiten; el reto, muchas veces, está en poner nombre y apellidos a la persona que opera detrás de una wallet determinada". Aun así, el fenómeno tiene matices.

Un arma de doble filo

La irrupción de las criptomonedas no ha sustituido los métodos clásicos, sino que convive con ellos. De hecho, muchas organizaciones criminales siguen recurriendo a mecanismos mucho más analógicos.

En algunos casos por simple operatividad. En otros, por desconocimiento técnico. Y en muchos, porque el efectivo, el testaferro o la inversión inmobiliaria continúan siendo métodos eficaces ante la desconfianza que genera el mundo 'cripto' incluso entre los 'malos'.

"Las criptomonedas son una herramienta más; no han cambiado las reglas del juego, pero sí han añadido una capa técnica nueva", resume el investigador.

Estructuras externas

Dentro de esa evolución, los Mossos detectan, además, un fenómeno creciente: la aparición de estructuras criminales independientes que trabajan al servicio de distintas organizaciones criminales.

No siempre se trata estrictamente de redes dedicadas al blanqueo de capitales.

En muchas ocasiones su función está más vinculada a facilitar la ocultación del dinero, interponer sociedades, mover patrimonio o generar mecanismos que dificulten su trazabilidad antes de su integración en el circuito legal.

Imagen detalle del arma de un agente de la ARRO de Mossos d'Esquadra

"No es habitual, pero sí cada vez más frecuente encontrarse con estructuras externas que prestan servicio a diferentes organizaciones", explica el subinspector.

Son estructuras discretas, profesionalizadas y altamente especializadas que operan como una pieza más dentro del engranaje económico criminal.

Frontera con el asesoramiento legal

En paralelo, convive otro universo completamente distinto: el de los despachos profesionales y asesores financieros que desarrollan una actividad legal vinculada a la optimización patrimonial o fiscal.

Firmas dedicadas a buscar el máximo rendimiento económico de inversiones, estructuras empresariales o patrimonio familiar que operan dentro de la legalidad y bajo controles cada vez más estrictos.

"Los profesionales son profesionales. Trabajan dentro de la legalidad y, además, están cada vez más sometidos a mecanismos de control y supervisión", subraya el experto.

Esa frontera, sin embargo, obliga a mantener una vigilancia constante.

Delincuencia que no desaparece

Y es que si algo tienen claro los investigadores especializados en delincuencia económica es que el blanqueo de capitales no va a desaparecer.

Cambiarán las herramientas, las estructuras y las rutas del dinero. Mutará del efectivo al ladrillo, del ladrillo a las sociedades pantalla y de ahí, quizá, a nuevos entornos digitales todavía por explorar.

Pero la lógica seguirá siendo la misma: ocultar, mover y dar apariencia legal al beneficio ilícito.

Un agente de los Mossos d'Esquadra durante un dispositivo de Mossos Archivo Europa Press Barcelona

Siempre habrá evolución y nosotros intentaremos estar lo más cerca posible para entenderla y no quedar atrás”, resume el subinspector.

Seguir el rastro del dinero seguirá siendo, para los investigadores, una de las formas más eficaces de llegar hasta el crimen.