Esther —nombre ficticio— llevaba años sin contarle a prácticamente nadie lo que le sucedió con quien creía que era su nuevo amor. Solo una amiga conocía la historia.
Ni siquiera su familia sabe que aquella relación iniciada en plena pandemia del coronavirus terminó convirtiéndose, presuntamente, en una estafa sentimental de casi 29.000 euros.
Ahora, cinco años después, ha decidido romper su silencio y contar su historia en exclusiva a Crónica Global.
Lo hace acompañada de su abogada, cuando el procedimiento judicial encara, por fin, la recta final.
'El malagueño'
Tras años de recursos, obstáculos y diligencias, la instrucción ya está prácticamente terminada y solo falta que el juzgado señale fecha para el juicio oral contra José Rodríguez D., un hombre malagueño al que acusa de haber construido una relación afectiva ficticia para manipularla emocionalmente y conseguir dinero de manera continuada.
Algunas de las conversaciones que mantuvo la víctima con el presunto estafador
Según sostiene Esther, él sigue actuando del mismo modo con otras mujeres repartidas por distintos puntos de España. De hecho, asegura haber podido hablar durante estos años con otras presuntas víctimas de Barcelona, Girona, Cádiz o Galicia.
Paralelamente, el hombre mantiene, además, otro procedimiento judicial abierto por presuntos malos tratos a una expareja.
Un momento de vulnerabilidad
La historia de Esther empezó mucho antes de febrero de 2020.
En mayo de 2019 había perdido a su madre. Poco antes había formalizado un divorcio y atravesaba uno de los momentos más delicados de su vida.
Fue precisamente en ese contexto de vulnerabilidad cuando conoció a José a través de una aplicación de citas.
Conversaciones en las que el presunto estafador le decía de disfrutar una vida juntos
Desde el primer momento pareció encajar con ella a la perfección. Cada necesidad emocional que Esther verbalizaba encontraba una respuesta inmediata en él. Cada inseguridad, una frase reconfortante. Cada miedo, alguien dispuesto a escucharla.
Tras varios meses hablando, finalmente decidieron verse en febrero de 2020.
Las primeras veces
Aquella primera semana fue intensa. Desayunaron juntos, cenaron, durmieron juntos y José empezó a verbalizar desde prácticamente el primer día que eran pareja.
Le repetía constantemente las ganas que tenía de volver a verla y el vínculo emocional avanzó a una velocidad que Esther, entonces completamente ilusionada, interpretó como una historia de amor inesperada.
La primera señal de alarma llegó apenas unos días después.
José le explicó que le habían robado la cartera y todas sus pertenencias en el hostel donde supuestamente se alojaba cerca del Camp Nou.
Conversación en la que el presunto estafador le comenta que le han robado todas sus pertenencias
El contexto que había construido resultaba atractivo y aparentemente sólido: aseguraba estar realizando pruebas para convertirse en entrenador del FC Barcelona y explicaba que el club iba a facilitarle próximamente un piso con todos los gastos pagados.
Mientras tanto, decía verse obligado a vivir temporalmente en un hostel.
A Esther le resultó extraño que una entidad como el Barça gestionara así la llegada de un entrenador, pero no dudó de él.
Los primeros 100 euros
Con el supuesto robo empezaron también los primeros mensajes de victimismo. Le decía que no tenía dinero para comida ni para medicamentos, que no podría pagar el alojamiento y que acabaría literalmente en la calle.
Esther, movida por la preocupación y todavía atrapada en la ilusión de aquella relación recién iniciada, le ofreció ayudarle económicamente.
Primero fueron 100 euros.
Otro de los momentos en los que el presunto estafador le pidió dinero
José inicialmente rechazó el dinero, pero acabó aceptándolo prometiendo que se lo devolvería apenas unos días después. Ese fue el inicio.
A partir de entonces todo se convirtió en una montaña rusa emocional.
El contexto y las excusas
José alimentaba constantemente una imagen de éxito aspiracional. Se presentaba como influencer en crecimiento, aseguraba colaborar con marcas conocidas y presumía de moverse en círculos vinculados al fútbol profesional.
Al mismo tiempo, sin embargo, repetía constantemente que “todo el mundo le debía dinero” y que muchas marcas le pagaban únicamente “con ropa”.
Movimientos sospechosos
Poco a poco, Esther empezó a detectar comportamientos extraños en redes sociales.
Bloqueos repentinos, fotografías eliminadas, publicaciones que desaparecían y mensajes de otras mujeres que no terminaban de cuadrar con el relato sentimental que él le vendía.
Pero siempre tenía una explicación convincente.
Decía que le habían hackeado Instagram, que algunas publicaciones eran antiguas o que determinadas interacciones formaban parte de estrategias para “crear comunidad” como influencer.
Y mientras resolvía cada sospecha, reforzaba constantemente el vínculo emocional con frases cargadas de afectividad y victimismo que terminaban neutralizando cualquier duda.
Entonces llegó la pandemia
Tras permanecer desaparecido durante unos días, José reapareció explicando que lo habían echado del hostel, que había pasado por Valencia, que había contraído el covid y que finalmente se encontraba en Málaga, su ciudad natal, viviendo en un piso que supuestamente le había facilitado el Málaga CF cuando trabajó para el club.
La pandemia y el confinamiento acabaron convirtiéndose en el escenario perfecto para reforzar la dependencia emocional.
Fue entonces cuando empezaron las peticiones constantes de dinero, le dijo que le habían hecho un ERTE y que estaba sin dinero ni ahorros.
Otra conversación entre el presunto estafador y la denunciante, donde se habla del ERTE
Un problema tras otro
Primero, 3.000 euros para, supuestamente, recuperar la custodia de su hijo. Después otros 3.000 para pagar una multa relacionada con el piso del Málaga CF. Otros 1.000 para el entierro de su madre (que nunca falleció).
Más adelante, pequeñas cantidades para comida, medicamentos o supuestas urgencias personales. Cada petición iba acompañada del mismo mecanismo de manipulación emocional.
José insistía constantemente en que estaba solo, que nadie lo entendía y que únicamente la tenía a ella. En ocasiones incluso amenazaba con quitarse la vida o aseguraba que acabaría durmiendo en la calle si no conseguía ayuda económica inmediata.
Y Esther fue cediendo. Una vez. Y otra. Y otra más.
Pidió varios préstamos
En julio de 2020 volvieron a verse durante apenas unos minutos. Él le aseguró que había regresado a Barcelona para trabajar con varias marcas y prometió aprovechar el verano para trabajar duro, ganar dinero y devolverle todo lo que le debía.
Para entonces, la cantidad entregada ya superaba ampliamente los 15.000 euros.
Esther acabó, incluso, solicitando varios préstamos para poder seguir ayudándole económicamente.
Conversación en la que José le comenta sobre la posibilidad de pedir más préstamos 'online' y la víctima ya reconoce que ha perdido 15.000 euros
Ante las dudas, más manipulación emocional
Las sospechas seguían apareciendo de manera intermitente, pero José siempre lograba desactivarlas.
Cuando ella dudaba, él reaccionaba reforzando todavía más el vínculo emocional. Le hablaba de futuro, de convivencia y de formar una familia juntos.
Le decía que era “el amor de su vida” y le reprochaba que pudiera desconfiar de él “después de todo lo que habían pasado”.
La denunciante asegura ahora que terminó completamente atrapada en una realidad paralela construida únicamente para manipularla.
Todo se derrumbó en diciembre
En diciembre de 2020, se vieron en Sitges y José insistió nuevamente en que pronto empezarían una vida juntos. Pero apenas un día después volvió a desaparecer.
Horas más tarde reapareció con una nueva explicación: aseguró haber sufrido un infarto y encontrarse ingresado.
Algo hizo “click” entonces en la cabeza de Esther.
Movida por las sospechas, decidió crearse un perfil falso en redes sociales para comprobar qué estaba ocurriendo realmente. Y fue entonces cuando descubrió la mentira.
Mientras aseguraba encontrarse ingresado tras sufrir un infarto, realizaba directos en Instagram desde Málaga con absoluta normalidad. La realidad le cayó encima “como un jarro de agua fría”.
Todo había sido mentira
Durante meses había sostenido económicamente a un hombre al que consideraba su pareja sentimental y al que terminó entregando cerca de 29.000 euros.
Le costó verbalizar lo ocurrido. Finalmente se lo confesó a una amiga y ambas acudieron juntas a denunciar. Los Mossos d’Esquadra le recomendaron entonces presentar directamente una denuncia en sede judicial acompañada de una abogada.
Esther contrató al perito informático Bruno Pérez Juncà para certificar la autenticidad de todas las conversaciones y demostrar que no habían sido manipuladas.
Con todo el material recopilado interpuso una denuncia en los juzgados de Granollers.
El camino judicial tampoco fue sencillo
En primera instancia, el juzgado archivó inicialmente la denuncia, lo que obligó a la víctima a recurrir ante la Audiencia de Barcelona.
Jose le escribió a la denunciante tras recibir la notificación de la denuncia
Fue entonces cuando el caso dio un giro: la Audiencia no solo ordenó reabrir la causa, sino que además apreció indicios compatibles con un presunto delito de estafa continuada.
El procedimiento regresó entonces a instrucción, donde se practicaron nuevas diligencias, entre ellas la declaración de la víctima y del perito informático.
En busca y captura
José Rodríguez fue citado a declarar, pero nunca llegó a presentarse. Finalmente se dictó una orden de busca y captura y acabó siendo detenido en Málaga, aunque por otro procedimiento judicial abierto por presuntos malos tratos a una expareja.
En relación con la causa por estafa sentimental, decidió acogerse a su derecho a no declarar.
Actualmente, todas las diligencias de investigación ya han sido practicadas y la representación legal de Esther solicita que el juzgado señale cuanto antes fecha para el juicio oral.
Cinco años después, la víctima solo persigue una cosa: que su presunto estafador se siente finalmente en el banquillo de los acusados.
