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El reloj marcaba las 12 del mediodía en la plaza Urquinaona y el ruido de panderetas y silbatos de plástico ya dominaba el ambiente. Una marea de camisetas amarillas con el lema Defensem l'educació pública tomaba el centro de Barcelona en la tercera huelga general (sectorial) del año, el plato fuerte de un ciclo extenuante de 17 movilizaciones convocadas hasta final de curso.

Entre los manifestantes se alzaba un pintoresco batiburrillo de banderas, entre las ellas, esteladas y palestinas, las mismas que ayer ondearon desde la planta superior del autocar del Barça.

Y en medio, muchos niños, carritos y familias escudados tras el lema Lluitant, lluitant, també estem educant!. Un malestar transversal al que hoy también se han sumado decenas de docentes de la escuela concertada para exigir la equiparación de sus condiciones.

La manifestación de los deocentes de este martes, 12 de mayo, en Barcelona Òscar Gil Coy Barcelona

La marcha nacía con grandes ausencias, las de dos de sus dianas favoritas --en segundo puesto, claro, detrás de la consellera de Educación, Esther Niubó--: CCOO y UGT.

La tensión sindical se palpa en el ambiente; los convocantes —Ustec, Aspepc·sps, CGT y La Intersindical, a los que hoy se sumaban CRT, CNT y COS— consideran una "traición" el acuerdo firmado por los dos colosos sindicales con el Govern. Un pacto que prevé, entre otras medidas, un incremento salarial de 3.000 euros en cuatro años y una inyección de 300 millones de euros destinados a la escuela inclusiva.

La disciplina del docente

Con la filosofía de siempre —pancartas, batucada y a ver si cuela—, la marcha ha enfilado Via Laietana hacia abajo para luego girar a la izquierda por la calle de la Princesa y culminar en la plaza de Sant Jaume. Pero antes de tomar esa curva, el grupo que marcaba el paso sobre un camión ha detenido la comitiva.

Los fotógrafos, incluido el nuestro, necesitaban una panorámica limpia de la multitud. La Guardia Urbana ha cifrado la asistencia en 26.000 personas y los organizadores la han elevado hasta las 80.000. La guerra de cifras también se ha librado en las aulas, con el Govern que situaba el seguimiento del paro en un discreto 31,97% a mediodía, frente al 70% de éxito absoluto que proclamaban los sindicatos.

La manifestación de docentes a su paso por Via Laietana, en Barcelona, este martes, 12 de mayo. Òscar Gil Coy Barcelona

Desde el camión se han dado las instrucciones para la foto: "Bajad las banderas blancas". Y las banderas han bajado. "Ahora las rojas". Y han bajado. "La estelada también, que vean cuántos somos". Y al suelo han ido. La multitud, en un alarde de orden y obediencia casi castrense, ha acatado al instante, tal y como esperan que hagan sus alumnos en clase.

Los "sindicatos del PSC"

Pero la simpática anécdota fotográfica tenía un telón de fondo cargado de resentimiento. Justo en esa misma esquina de la calle de la Princesa con Via Laietana, aguardaban una furgoneta y una fila de Mossos d'Esquadra conteniendo la curva. Y, justo detrás de ellos, la sede de CCOO. Los dos nuevos grandes enemigos de la jornada metidos en un solo encuadre.

Las proclamas no han tenido piedad con ninguno. "CCOO i UGT, sindicats del PSC!", retumbaba en la vía, señalando la complicidad de los firmantes del pacto. "Niubó, què passa?, Tu sí que cobres massa" o "Niubó, escolta, comença la revolta", le dedicaban a la consellera.

Gasolina al fuego

Y el cántico estrella de la jornada: "Menys policia, més educació".

La reciente infiltración de dos agentes de los Mossos d'Esquadra en una asamblea de docentes en Barcelona ha actuado como gasolina en un sector ya inflamado de por sí. "Som docents, no delinqüents" , gritaban algunos manifestantes, indignados por lo que consideran una fiscalización intolerable.

A este clima de desconfianza se suma el rechazo frontal al plan piloto impulsado por el Govern para integrar agentes de los Mossos de paisano en centros educativos para mejorar la convivencia y paliar la creciente conflictividad.

En mitad de la marcha, Ramiro Gil, secretario de acción sindical de Aspepc·sps, atiende a este medio. Buscan lanzar un mensaje de advertencia al Govern de la Generalitat ante un pacto que, asegura, "nadie quiere".

El malestar de Gil se desborda, en primer lugar, al hablar del papel de la policía catalana, en la misma línea que el sindicato Ustec, que hoy exigía directamente que "rueden cabezas" en la Consejería de Interior.

La manifestación de docentes de este martes poco antes de llegar a la plaza Sant Jaume de Barcelona Òscar Gil Coy Barcelona

"Los Mossos deben estar para su trabajo, en los institutos la autoridad deben tenerla los profesores", sentencia Gil. "Consideramos que es intolerable este plan de introducción de Mossos, de espionaje, de intentar criminalizar al colectivo docente porque no somos peligrosos para la sociedad. Simplemente queremos que se nos escuche y defender nuestros derechos laborales".

"La posición del Govern sí es maximalista"

Sobre las declaraciones matutinas de la consellera Niubó, que ha tildado las exigencias de los huelguistas de "planteamientos maximalistas", Gil responde que "el pulso económico tiene ahora cifras claras: el sindicato Ustec planteó inicialmente un aumento de 700 euros mensuales y ahora han puesto sobre la mesa una subida de entre 400 y 500 euros como línea roja para desconvocar".

"Llevamos 20 años de desinversión y 20 años sin que nos aumenten el complemento específico. Entiendo que algunas demandas sean difíciles de afrontar de golpe, pero entremos a negociar", reclama. "No puede ser que digan que es maximalista una propuesta cuando hemos rebajado el 50% de la inicial. Eso no es maximalismo, es que no quieren moverse de su posición. Su posición sí que es maximalista".

La cabecera ha acabado desembocando en la plaza de Sant Jaume pasadas las 13 horas. Allí, encajonados entre el Palau de la Generalitat y el ayuntamiento, han continuado las batucadas y la exigencia unánime de dimisión para Niubó si no acude el próximo jueves a la mesa sectorial con los "deberes hechos".

Con hasta 17 jornadas de movilizaciones en el horizonte, la ruidosa marea amarilla parece muy lejos de querer firmar la paz.

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