Profesores y alumnos en una aula de primaria

Profesores y alumnos en una aula de primaria EUROPA PRESS

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Hablan los profesores catalanes que no van a la huelga de Ustec: "Nos sentimos señalados, esta crispación es exagerada"

La urgencia de las aulas empuja a parte de la comunidad educativa a abandonar las protestas y defender las mejoras ya acordadas en salarios, reducción de ratios y necesidades especiales

Más información: El Govern y ERC ultiman un acuerdo presupuestario que amplíe la inversión en Educación

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Este martes también hay profesores que no hacen huelga en Cataluña. La comunidad educativa está llamada a detener su actividad en bloque para reclamar que se amplíe el acuerdo firmado entre el Govern de la Generalitat y los sindicatos CCOO y UGT que mejora salarios, reduce ratios y despliega la escuela inclusiva, entre otras mejoras.

Mientras una multitud de docentes cierra los libros de texto y sale a la calle para desertar de los 2.000 millones de euros pactados en cuatro años, cada vez son más aquellos que no compran el relato de la insatisfacción en el que se basa Ustec para convocar 17 jornadas de protestas hasta junio; tres de ellas, en masa.

"Carencias" del alumnado

Uno de ellos imparte clase de Ciencias Sociales en el barrio de Torre Baró, en Barcelona. Joan Gimeno participó en las huelgas que forzaron el pacto ya sellado, e incluso protestó en una movilización posterior. Pero hoy no abandona su puesto en el instituto, conocedor de que no hay más donde rascarle a las arcas de la Generalitat.

"Cada vez hay más gente que es escéptica. Yo echo en falta a los sindicatos que siguen en esta lucha saber cuál es su perspectiva, no sé qué quieren exactamente", explica este profesor en conversación con este medio. Preocupado por el incremento de las necesidades especiales como la dislexia o la hiperactividad, reclama ponerlas cuanto antes en marcha.

"En mi centro, solo hay dos o tres planes individuales oficiales, pero me atrevo a decir que la mitad de mis alumnos tienen profundas carencias. Yo no tengo las herramientas suficientes para hacer propuestas pedagógicas que les hagan conectar y no estén solo de cuerpo presente".

Necesidades especiales y ratios

Gimeno representa la urgencia de muchos colegas de profesión para atajar esta situación. "Se necesita una formación en psicopedagogía que no tengo, yo enseño de lo mío y nadie certifica que lo que hago está bien". "Me falta el acompañamiento de un orientador, y el de mi centro no da abasto, está completamente superado", se lamenta.

Precisamente, Carolina Ortiz es orientadora del instituto Maremar, en el municipio costero de El Masnou. Para ella, el del pasado 9 de marzo fue "el acuerdo soñado" ya que, en su opinión, hace que el alumno con necesidades cuente doble a efectos de ratios, e inyecta 300 millones de euros contra este "problema fundamental" de la escuela catalana.

Una profesora de Primaria

Una profesora de Primaria EFE

Asimismo, el texto fija un máximo de 20 alumnos por grupo en segundo ciclo de infantil y en primaria, de 25 en secundaria y de 30 en bachillerato y formación profesional.

"Bajar las ratios era algo soñado, nunca pensé que lo conseguiríamos", celebra Ortiz, quien protestó activamente contra las políticas educativas de gobiernos anteriores, como el de ERC. Aquellas protestas de la marea amarilla no lograron siquiera arrancarle una reunión al conseller Josep González Cambray, lo que hoy la empuja a abrazar las mejoras.

3.000 euros más al año

Si bien reconoce que "se podría haber ido más allá", también recuerda que el complemento específico autonómico crecerá un 30%, pese a los límites presupuestarios de la Generalitat, y blinda las nóminas al incremento del IPC de los próximos años, haciéndolas crecer unos 3.000 euros anuales.

"No son 500 euros más al mes, pero es más importante trabajar con pocos alumnos en el aula y mejorar las condiciones de aprendizaje que conseguir mayores sueldos", agrega la orientadora, quien incide, asimismo, en que los sindicatos firmantes no se han levantado de la mesa, sino que seguirán negociando con la conselleria de Esther Niubó.

Protesta de docentes a 16 de marzo de 2026 frente al Palau de la Generalitat, en Barcelona

Protesta de docentes a 16 de marzo de 2026 frente al Palau de la Generalitat, en Barcelona Lorena Sopêna / Europa Press

Ustec tensa aún más la cuerda

Este mismo lunes, de hecho, la titular de Educación y FP convocó a todas las organizaciones con representación en la mesa sectorial. Naturalmente, también a Ustec, el sindicato mayoritario y convocante del nuevo ciclo de protestas; en respuesta, su portavoz, Iolanda Segura, ha optado por tensar el encuentro exigiendo mayores subidas salariales.

La crispación ya se ha enquistado en la comunidad educativa, y hay salas de profesores en los que los partidarios de la huelga han arrancado carteles de CCOO y UGT. A los docentes que no protestan este martes les sorprende el "malestar exagerado" que exhiben sus compañeros de profesión.

Aula de 5.º de primaria de la Escuela Mas Casanovas, Barcelona

Aula de 5.º de primaria de la Escuela Mas Casanovas, Barcelona Ayuntamiento de Barcelona / Mariona Gil

Silenciados

"Se ha establecido un relato y, a los que estamos fuera, se nos señala", reflexiona Lluís Polo. El profesor de Ciencias Sociales del Institut Montpedrós de Santa Coloma de Cervelló, al sur del área metropolitana de Barcelona, censura la mano de hierro de Ustec y sus seguidores.

"Nos acusan de estar mal informados para hacernos sentir mal, pero yo también sé hacer mis números y sé lo que ha hecho cada sindicato. Y Ustec hace más de una década que no ha firmado una mejora. Se sienten cómodos en el no y es demagógico, porque nada nunca será suficiente".

Polo interpreta que el pacto sellado con CCOO y UGT "les ha cogido con el pie cambiado", sugiere una estrategia del conflicto por el conflicto para revalidar la mayoría sindical en las elecciones del año que viene, y censura las, a su juicio, "demandas desorbitadas de dinero". "No hay argumento, solo estómago", afea.

Crispación enquistada

Esta crispación lleva a una docente con dos décadas de experiencia en Barcelona y Tarragona a no querer que se la identifique. Rita (nombre ficticio) aboga por destensar las cosas y no ahondar en el malestar, que también salpica a las familias. Y censura que la politización empuje a algunos colegios a tomar partido en sus circulares, animando a los padres a no llevar a sus hijos, e incluso suspendiendo salidas de final de curso.

"Si todo está tan mal, sal del sistema, ¿no?", se pregunta con sarcasmo esta profesora de primaria: "Claro que se puede mejorar el acuerdo, pero ya tenemos suficiente malestar". En este sentido, Carolina, que padece fibrosis quística, establece un paralelismo con los sanitarios, también en huelga: "Mis médicos no me dejan de atender, y yo no haré lo mismo con sus hijos".

Pese a la claridad en las reflexiones de los docentes consultados, pocos se atreven a aventurarle un final a este pulso, porque "comenzar un conflicto es fácil, pero salir en condiciones ya es más complicado".