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El dato ofrece una excelente radiografía del consumo de vino en España: en 2025 fue similar a 1977, con 13 millones de habitantes menos. La venta se sitúa por debajo de siete litros por persona en supermercados. Mientras, la cerveza y los licores aumentan.

El sector enológico trata de afrontar con nuevas estrategias esta debacle silenciosa iniciada hace dos décadas. El vino ya solo representa el 10% del consumo global de las bebidas alcohólicas, según la organización International Wine and Spirits Research (IWSR). Si nada cambia, en 2029 será apenas el 8%.

Crisis mundial

La crisis es mundial. Los franceses beben aproximadamente la mitad que en la década de 1970. En los inmensos comedores de las brasseries, cuna del vino y del savoir vivre, una pareja con una botella de vino es casi una excepción. El patrón es claro: agua, cerveza y refrescos.

Estadounidenses y canadienses también han aflojado en favor de la bebida de la chispa de la vida. En Reino Unido el consumo ha bajado un 14% desde el 2000. El mayor batacazo lo registra China, gran importador, con un 30% menos en cinco años.

Viñas de sobra

En España la producción de vino ha caído de 45 millones de hectolitros en 2018 a 27,5 millones en 2025. Y si sobra vino, también sobran viñas. En Francia los están arrancando con ayudas públicas. En España el sector se resiste y prefiere centrar el negocio en la calidad. Pero la superficie de viñedo se ha reducido un 5,8% en 10 años.

Un viñedo

José Luis Benitez, director general de la Federación Española del Vino, considera que arrancarlos “restará fondos para mejorar la competitividad del vino”. Pese a la caída del consumo, asegura que “no crecemos en volumen pero sí en valor, y ese es el camino”.

La llamada destilación de crisis o destino a otros productos y la vendimia en verde, otra alternativa que consiste en eliminar los peores racimos un poco antes de la cosecha para favorecer al resto de la viña, han permitido deshacerse de casi dos millones de litros de tinto en Galicia, La Rioja y Navarra.

Hábitos más saludables

Tras decenios llamando sin éxito a la moderación alcohólica, el Ministerio de Sanidad certifica un descenso desde hace tres años en el consumo de bebidas alcohólicas en general. Otras encuestas oficiales detectan que existe mayor conciencia sobre los riesgos.

El Ministerio de Agricultura, el sector vitivinícola y el hostelero atestiguan la caída en picado del vino. Incluso ha desaparecido del clásico menú del mediodía.

Pese a las campañas del enoturismo, los jóvenes también están abandonando los espacios naturales del vino. “La cerveza y los destilados se adaptan mejor a encuentros rápidos, consumos individuales, eventos o celebraciones”, asegura Joaquín, veterano encargado de Garnacha, un establecimiento situado junto al madrileño templo de Debod.

Una mujer toma vino Europa Press

Más cerveza y vino sin

Los inmigrantes en general son más asiduos a la cerveza y los refrescos. Por cultura y precio, son una terrible competencia.

En una encuesta de la Xunta los jóvenes gallegos muestran sus reticencias al vino y al consumo alcohólico. Incluso tomar una o dos cañas de cerveza al día es visto como problemático por casi el 70% de ellos.

Tres jóvenes amigos toman el aperitivo con unas cervezas Alejandro Martínez Vélez Europa Press

Las generaciones Z (nacidos 1995-2012) y milenial (1981-1996) se están decantando por nuevos hábitos saludables, que incluyen el vino desalcoholizado o sin alcohol, que no se considera vino por los consumidores ni se le puede poner legalmente esa etiqueta.

El 63,5% de los consultados en la Universidad de León muestra que la salud es la principal motivación para consumirlos. La moda quedó en segundo lugar (30%).

Giro hacia blancos y 'rosés'

Grandes bodegas como Matarromera o Familia Torres tratan de conquistar su paladar con los sin, blancos y rosés. Albariños y los de Ribera Sacra están girando hacia ellos en Galicia.

España se sitúa como líder mundial en consumo de cerveza sin alcohol, lo que confirma la creciente aceptación. Muchos estudios prevén que progresará con fuerza.

Un vaso y una lata de cerveza Eduardo Parra Europa Press

“Se trata de una revolución silenciosa, que hasta ahora nadie ha estudiado en profundidad”, aseguran expertos en márketing.

Hogares unipersonales

Un reciente informe de The Economist apunta también como factor de la crisis del vino a la soledad. “Cada vez más gente come sola. El vino se consume más en comidas con amigos y gusta saborearlo con calma”, advierte.

En 2023, casi el 25% de los adultos estadounidenses hicieron todas las comidas solos en un día determinado. La proporción entre menores de 30 años casi se ha duplicado en una década.

La ONU estima que los hogares unipersonales en todo el mundo llegarán al 35% en 2040. Como resultado, cada vez más personas comen y se relajan frente a pantallas, sin compañía.

Un hombre en casa con una copa de tinto Europa Press

Soledad antialcohólica

Algunos podrían esperar que la soledad impulse a la gente a ahogar sus penas en el alcohol, pero investigaciones recientes sugieren lo contrario. O, al menos, no en vino.

Un meta análisis de 69 estudios, que abarcó a más de 12.000 personas en Estados Unidos, Australia, Canadá y Francia, no encontró evidencia de que la gente bebiera más en los días en que se sentía abatida. Para algunas personas, beber es una adicción aislante.

Bebedores sociales

En España el bebedor es básicamente social, en establecimientos públicos. Al contrario que en los países sudamericanos, se socializa en los bares (188.000 en España, según estadísticas oficiales) y restaurantes.

La costumbre de comer con vino en casa está desapareciendo. El primero que cayó en picado fue el peleón, solo o con gaseosa, adquirido por su precio. La cerveza le hace una gran competencia.

'Chiqueteo' español

El sociológico Santiago Galán considera que España ha sido y sigue siendo un país de bebedores sociales. “La gente se junta para celebrar aunque solo sea que estamos vivos”, sostiene.

Un brindis con vino

El vino no es generalmente la bebida del exceso, sino de la compañía. “El chiqueteo en el Norte en pandilla o conversar en torno a un vino entre amigos y conocidos sigue estando arraigado entre los mayores de 50 años, los principales consumidores, según los sondeos”, explica.

Todo cambia. Hasta en el vino, considerado oficialmente alimento y una especie de lubricante social desde hace 6.000 años, antes de Noé.

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