Ramon Segarra Rovira, propietario de la Drogueria Rovira Barcelona
Drogueria Rovira: 116 años de oficio, excelencia y prestigio internacional
El histórico negocio barcelonés, galardonado en 2026 por los Global Innovation Awards, reivindica la calidad, el asesoramiento experto y la tradición como claves para mantenerse como comercio único
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"Calidad de servicio, calidad de producto y siempre intentar solucionar el problema al cliente" son los pilares fundamentales para sostener la Drogueria Rovira, explica Ramon Segarra Rovira, el propietario y cuarta generación del negocio centenario del barrio de Sarrià-Sant Gervasi.
El esfuerzo y la dedicación por ser excelentes han resultado en una trayectoria de más de 20 años de reconocimientos. Recibieron la primera distinción, la medalla de Sarrià-Sant Gervasi, en 1999, y en 2026 han ganado los Global Innovation Awards (GIA) en Chicago (Estados Unidos).
Embajadores de Barcelona
Todo ello lo repasa Segarra dentro del comercio, al que acude puntual a su cita. Un portal de madera con un escaparate repleto de productos, y un cabezudo de Netol, invitan a pasar al local y dejarse llevar a un pintoresco viaje al pasado.
Escaparate de la Drogueria Rovira
"Ser un embajador de España y de Barcelona, mi ciudad, soy un amante de mi ciudad, ha sido un orgullo realmente", comparte, ya que ser reconocido internacionalmente es muy bonito, añade.
Esfuerzo y emoción
El GIA recoge las mejores tiendas especializadas en productos del hogar del mundo, y este droguero expresa que el proceso de preparación diario ha comportado mucho esfuerzo y desgaste.
Global Innovation Awards (2025-2026), otorgado a la Drogueria Rovira
"Que el jurado en Estados Unidos se quede impresionado con nuestro trabajo y de repente te digan que eres el ganador es muy emocionante", añade, emocionado, el propietario de la Drogueria Rovira, sentado en su pequeño despacho de la trastienda, adornado con carteles publicitarios tan históricos como su comercio.
Negocio histórico
Desde sus inicios como almacenes en Sant Celoni hace 116 años, recorriendo diferentes ubicaciones, hasta su actual local situado en el número 27 de la calle Madrazo de Barcelona, la droguería ha pasado por las manos de cuatro generaciones.
Interior de la Drogueria Rovira
Hoy, las paredes altas y repletas de productos de la droguería son acogedoras y te atrapan tratando de descifrar todos y cada uno de los artículos expuestos.
Trayectoria centenaria
"En la época de mi abuelo muchos productos se vendían a granel", recuerda. Todavía permanecen huellas de esos años, hay un sector de la droguería en el que recipientes llenos de productos ocupan unas estanterías de madera.
Productos a granel en la Drogueria Rovira
"En la época de mi padre, empezó a haber más variedad de productos internacionales y marcas concretas", continúa.
"Y cuando entré yo, intenté lograr la exclusividad de grandes marcas, introducirlas en el mercado y atarlas para asegurar su continuidad", concluye el propietario.
Detalles de antaño
Hay un estrecho pasillo desde el que se puede apreciar una antigua y dorada caja registradora llena de pesetas, que afirma la centenaria trayectoria del establecimiento único.
Antigua caja registradora en la Drogueria Rovira
El pasillo desemboca en su diminuto despacho. Además, en una de las paredes, hay fotos de Segarra con personas notables y célebres que han visitado o frecuentado la Drogueria Rovira, aunque no le gusta presumir de ello.
Carteles publicitarios en la oficina de la Drogueria Rovira
La singularidad triunfará
Segarra expresa que los clientes van a su droguería a asesorarse porque tienen un problema, y allí les dan una solución.
La importancia de los oficios de toda la vida y su desaparición es una de las preocupaciones de Segarra. Aun así, cree que la gente que tenga oficios únicos, proliferarán. "Pasará igual con la droguería, si son establecimientos especiales y singulares, triunfarán", expresa.
Futuro optimista
"Veo bien el futuro, porque el día que desaparezcan los locales emblemáticos de Barcelona, será una ciudad oscura", confiesa, y confía en la inteligencia de las jóvenes generaciones para que apoyen los negocios de toda la vida.
Un trabajador de la Drogueria Rovira
"Buscaremos relevo", contesta al preguntarle sobre la continuidad del negocio. No tiene familiares interesados, pero intentará encontrar a alguien para que no lo deje morir.
No olvidar la tradición
Se han adaptado a la modernización del sector actualizando los productos, publicando en redes sociales y manteniendo una web cuidada y completa.
Interior de la Drogueria Rovira
Aun así, afirma que "es fundamental que el comercio sea absolutamente como antes". En la droguería creen que es importante no dejar atrás la tradición ni olvidarse de proveer un servicio excelso y completo.
Servicio y producto excelentes
Los productos no están expuestos como en cualquier otro comercio, sino que los trabajadores de la droguería se encargan de explicarlos y venderlos. Su trato es próximo, además de ser de primera clase.
Trabajadores en el interior de la Drogueria Rovira
En la Drogueria Rovira siempre han apostado por la calidad, ya que "la calidad es comprar una vez, no dos", además, quieren asegurarse de que los productos no fallarán a los clientes. "Nos podemos equivocar (al asesorar), pero nunca engañar", aclara el propietario de la droguería.
Formación completa y especializada
Para facilitar el mejor servicio, deben tener una formación y estar informados sobre productos químicos y cómo usarlos.
Exterior de la Drogueria Rovira
En el mundo de la droguería se necesita la incorporación de información técnica y especializada. Las nuevas incorporaciones a la plantilla entran y observan las formas de hacer, y para obtener la instrucción completa, deben pasar unos seis o siete años, explica.
El propietario de 65 años confiesa que aunque lleva desde su juventud en el negocio, alguna cosa se le puede escapar, ya que cuentan con más de 30.000 referencias y deben saber las instrucciones de cada producto. Cuando tiene alguna duda, llama a los proveedores para aclararla.
Dedicación y pasión
Entre las paredes y estanterías a rebosar de miles de productos de un local de la Ciudad Condal, se encuentra el alma centenaria de un negocio que ha conseguido adaptarse a los nuevos tiempos sin serle infiel a su identidad y tradición.
Ramon Segarra explica que ha supuesto mucho esfuerzo proveer el mejor servicio y el mejor producto a diario. El ímpetu por alcanzar la excelencia ha dado sus frutos, y es que al entrar a la droguería, el aroma a naftalina opaca al de la dedicación y pasión. Pero al salir, es imposible no haberlas sentido y llevárselas consigo.