Ha estallado una guerra por la prostitución en Las Ramblas, el corazón de Barcelona. Un directivo ha tomado el control de Dollhouse, la mayor sala de estriptís de la Ciudad Condal. El golpe de estado ha terminado con la salida de su fundador, un conocido empresario alemán.
Lo detallan fuentes del sector del ocio nocturno, que alertan de que un encargado de la sala de destape "ha tomado el control" del negocio de Las Ramblas y de una sala de contactos vinculada a ésta. Se ubica en la calle Sagués, cerca de la plaza Francesc Macià, epicentro de la llamada upper Diagonal, la zona elegante de la urbe.
Pulso por el dinero
El cambio de manos de los comercios y de las sociedades mercantiles vinculadas tenía como objetivo hacerse "con el dinero de las cuentas y el efectivo disponible".
Para ello, "se aprovechó de que el dueño estaba de viaje en Colombia para desplazarle".
Cuando éste volvió, las compañías ya no estaban en su poder, no tenía acceso a las cuentas y "no podía entrar en ninguno de los dos clubes".
"Seguridad a la carrera" y promotores
Desde la industria confirman los hechos, corroboran que "el alemán está fuera", en referencia al empresario, y dan más detalles.
Aseguran que Dollhouse ha quedado "en manos de una gente con la que no quieres tener problemas". La seguridad del local está informada --"salió corriendo a la carrera"--, y los promotores de ocio para adultos del bulevar "también saben quién está ahora al mando, puesto que les informaron al momento".
Tejido societario
El pronunciamiento en el pequeño imperio del lenocinio ha sido posible gracias a la complejidad empresarial del mismo. Los negocios no estaban administrados al uso, sino con métodos ad hoc que han posibilitado ese movimiento.
De este modo, cuando el legítimo propietario llegó de su viaje a Suramérica, se encontró con que no tenía el uso de las compañías. Ni entrada a sus locales.
Batalla legal
Lo siguiente ha sido el inicio de una batalla legal para recuperar el orden legal de las cosas. Pero mientras la justicia dilucida de quién son las firmas, el hombre que las creó se ha quedado compuesto y sin clubes.
Éstos han aterrizado en manos de su antiguo encargado, que se ha hecho fuerte en las empresas y defiende que él es el administrador legal de las mismas. Lo es, al menos por la vía de los hechos.
Burdeles a la baja
El violento cambio de manos de la mayor sala de estriptís de Barcelona y su réplica en forma de lupanar en la zona alta llega, paradójicamente, cuando el negocio va claramente a la baja en la capital catalana.
El número de clubes de alterne se ha desplomado en los últimos años. Uno de los más ilustres, el icónico Bacarrá de Turó Park, cerró en 2024 y ha terminado convertido en una discoteca de música electrónica.
Su vecino Blue Night sí sigue operando, aunque está bajo amenaza de desahucio por parte de su propietario. El resto de locales continúan su actividad --algunos con las vernáculas licencias de bar con reservados para la prestación sexual, inéditos en España salvo en Barcelona--, aunque de forma muy fragmentada.
