Publicada

El pasado sábado 7 de marzo, un transeúnte que paseaba por la Gola del Ter descubrió entre el fango una zapatilla que sobresalía. Al acercarse comprobó que en su interior había también un calcetín y que de él sobresalían huesos. Era el pie de una persona.

El autor del hallazgo avisó al 112 y hasta el lugar acudieron agentes de la Policía Local de Torroella de Montgrí y de los Mossos d’Esquadra de la Bisbal d’Empordà, que se hicieron cargo de la investigación. El pie fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de Girona para someterlo a análisis científicos que permitan determinar la antigüedad de los restos, ya esqueletizados, e intentar identificar a la persona.

Identificación con ADN

En este caso, la identificación deberá hacerse a través del ADN, ya que no existen dedos para tomar huellas dactilares ni dientes de los que extraer la fórmula dental. Por su parte, los Mossos rastrearon la zona donde apareció el pie con la intención de localizar otros restos del cuerpo o prendas y objetos que pudieran corresponder al mismo cadáver.

Sin embargo, en el lugar no encontraron ningún otro elemento. Los investigadores solo cuentan con la zapatilla —una deportiva oscura de la marca Nike, posiblemente de hombre— y con el calcetín, de color gris, para intentar obtener alguna información útil, como el lugar o la fecha de compra. La investigación también se centra en las bases de datos de personas desaparecidas.

Desaparecido

Tal y como adelantaba El Punt Avui, en la zona por la que discurre el río Ter a la altura de Cervià se perdió el rastro, el 14 de agosto de 2023, de José María Jiménez Romero, un hombre de 38 años, delgado, de 1,82 metros de altura, con el cabello largo, liso y pelirrojo, y ojos marrones, que viajaba en una furgoneta que también utilizaba como vivienda. Sufrió un accidente y el conductor, por motivos desconocidos —para eludir responsabilidades o evitar una prueba de alcoholemia—, huyó campo a través y desapareció.

Mossos y bomberos acudieron entonces con perros para intentar encontrarlo, pero no lograron localizarlo. Cervià se encuentra a unos 30 kilómetros de la desembocadura del Ter donde fue hallado el resto humano. Aunque no se descarta que el pie haya sido arrastrado por el caudal del río, muy elevado tras las últimas lluvias, los investigadores tampoco descartan otras posibilidades.

Una de ellas es que el pie proceda del mar y haya sido arrastrado por las corrientes hasta la Gola del Ter, una zona donde se mezclan las aguas del río y del mar y donde no es extraño que se acumulen materiales arrastrados desde ambos lados.

Otra desaparición

En el mar desapareció el 9 de noviembre de 2024 Carlos Lorente Contreras, de 33 años y vecino de Santa Cristina d’Aro. El viernes 8 de noviembre fue arrastrado por el mar en Platja d’Aro cuando entró en el agua para intentar salvar a su perro, que tenía dificultades para salir.

Testigos alertaron de que un hombre pedía auxilio y se movilizaron los servicios de emergencia, que aquella misma tarde lograron rescatar al perro con vida del agua. Sin embargo, no pudieron encontrar al hombre, que continúa desaparecido.