Carla Simón ya ha confirmado que con Romería cierra su trilogía autoficcional sobre la vida de sus padres y, en cierta manera, sobre la suya. Una serie de películas que siempre han sido reconocidas por la crítica y el público.
Mientras Estiu 1993 fue la sorpresa, Alcarràs hizo historia al ganar el Oso de Oro de Berlín. La poética Carta a mi madre para mi hijo apenas se menciona y la última, Romería, se ha quedado al borde de los Oscar y compitió por la Palma de Oro en Cannes.
Aun así, la cinta de Simón fue la segunda con más nominaciones en los Premis Gaudí y aparece en seis categorías de los Premios Goya. Una, sin embargo, es la que causa más sorpresa: la candidatura a Mejor guion adaptado.
La historia es 100 % original. No se basa ni en una serie ni en un libro, sino en la vida de los padres de Carla Simón, especialmente de su progenitor, y en sus pesquisas para conocerlo un poco mejor. ¿Entonces?
Las reglas de la Academia
Hay varias razones que explican esta situación. La primera de ellas son las normas de la Academia de Cine. Estas señalan que, para que un guion sea considerado “original”, debe ser una invención creada de cero para la pantalla. No puede derivar de una fuente concreta, aunque sea personal.
No es que la imaginación o la historia personal de Carla Simón sean una fuente, sino que la realizadora ha explicado en numerosas ocasiones que se ha inspirado en unos textos familiares.
Unas cartas muy personales
Las cartas reales que su madre biológica escribió durante su juventud sirvieron de base documental para la película e incluso se han integrado como material documental en el filme.
En varias ocasiones se escucha a la protagonista de Romería leer las cartas de su madre: las de la ficción y también las auténticas, las de la progenitora de la cineasta.
Ella misma lo ha explicado: “Las cartas que mi madre escribió a sus amigas y familiares fueron fundamentales como punto de partida del guion” de Romería, señala.
Lo curioso es que en la película no aparecen como epístolas, sino como si fueran el diario de la madre. “En realidad no era un diario”, recalca Simón, “sino cartas que mi madre escribió a sus amigas, a su prima, a su hermano…”. Algo así como lo que ella hizo en Carta a mi madre para mi hijo.
¿Diarios o cartas?
Al utilizar los textos de estas cartas como base narrativa, diálogos o estructura para reconstruir la historia de sus padres, fallecidos a causa del sida, el guion pasa automáticamente a ser una adaptación de una obra preexistente, aunque dicha obra sea un archivo privado y familiar.
El hecho de que la Academia haya validado esta nominación en la categoría de Guion Adaptado es casi inédito. No es habitual ver historias tan íntimas en esta categoría, que suele estar reservada para adaptaciones de novelas superventas, películas antiguas o piezas teatrales.
Un corto de prueba
En cualquier caso, no es la primera vez que Carla Simón hace uso de algunas de las cartas que encontró de sus padres. Ya en el corto Llacunes, la cineasta recuperaba las cartas y algunos vídeos que su progenitora había realizado.
En el caso del cortometraje, la catalana usó esos materiales para recorrer los paisajes por los que su madre había transitado décadas antes, según señala la productora de Romería, Elástica.
Pero la directora señala a la Academia: “Es verdad que con las cartas hice el corto, pero yo sentía que había que ponerlas en relación con unas imágenes que les hicieran justicia y de ahí surgió Romería”.
Por eso, esta vez, Simón fue un poco más lejos. En sus propias palabras, a través de estas cartas consiguió aproximarse "a ella, oír su voz, oír cómo hablaba, cómo se contaba, qué cosas contaba…”. Ella y, de alguna manera, también todos los espectadores que han visto la cinta.
Dura competencia, bonita colaboración
Simón no sabe si va a llevarse el Goya a Mejor Guion Adaptado. En los Gaudí ya lo perdió frente a Sorda, de Eva Libertad, que adaptaba su corto homónimo, y puede volver a pasar.
Aun así, la cineasta está orgullosa del trabajo que ha conseguido a partir de las cartas de su madre. “Fue bonito porque yo sentía que era como una especie de colaboración sin que ella lo supiese, como coguionista de la película”, concluye.
