Una persona sintecho, en una imagen de archivo

Una persona sintecho, en una imagen de archivo Europa Press

Vida

La paliza a un sintecho en Olot destapa un odio creciente a personas sin hogar

El agresor de Girona ingresa en prisión provisional por tentativa de homicidio en un contexto de aumento de ataques a personas sin hogar

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La agresión a una persona sin techo este fin de semana en Girona ha vuelto a poner el foco en la violencia contra personas sin hogar —en ocasiones, vinculada a la aporofobia—. Un fenómeno que, aunque no es habitual, apunta a una dinámica creciente en Cataluña.

Desde el pasado domingo, 22 de febrero, un hombre permanece en estado crítico en el Hospital Trueta de Girona, tras ser atacado en Olot, en el barrio de Can Gibert del Pla, en el marco de un episodio de extrema violencia, y que ha llevado al agresor a ingresar en prisión provisional.

El agresor se ensañó

Los hechos ocurrieron hacia las ocho de la mañana, cuando un joven de 26 años atacó a la víctima en el espacio donde solía pernoctar.

Según testigos, el hombre intentó huir, pero fue perseguido y derribado por el agresor. Ya en el suelo, el ahora detenido se ensañó con él, saltándole encima y propinándole patadas cuando ya se encontraba en el suelo.

Un coche patrulla de los Mossos d'Esquadra en una imagen de archivo

Un coche patrulla de los Mossos d'Esquadra en una imagen de archivo EUROPA PRESS

Cuando los Mossos d’Esquadra llegaron al lugar, el sospechoso aún estaba allí. Intentó huir, y también arremetió contra los agentes antes de ser reducido y detenido.

El juzgado de guardia de Girona ha acordado este martes su ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza, en una causa abierta por tentativa de homicidio y atentado a agentes de la autoridad.

Es conocido en la zona

La víctima es un hombre conocido en el barrio de Can Gibert del Pla, donde se le veía habitualmente con un carrito con sus pertenencias y donde algunos vecinos le proporcionaban comida. Según las mismas fuentes, solía dormir en una zona cubierta de la plaza Isabel Vilà i Pujol.

El caso, aunque por ahora no se investiga formalmente como un delito de odio, se produce en un contexto de creciente preocupación por la violencia contra personas sin hogar. Lo que se conoce como aporofobia.

14 casos en 2024

Los últimos datos disponibles de los Mossos d’Esquadra, correspondientes al año 2024, registran 14 delitos de aporofobia en Cataluña.

La mayoría de estos hechos se concentran en Barcelona y su área metropolitana, donde se localizaron episodios en distritos como Sarrià-Sant Gervasi, Sant Martí y Sant Andreu, así como en municipios del entorno, como Sant Adrià de Besòs, Viladecans, Polinyà, el Masnou o Sant Vicenç dels Horts.

En la ciudad de Barcelona, los casos incluyen desde delitos contra los derechos fundamentales por discriminación en la vía pública —como los registrados en Sarrià-Sant Gervasi— hasta agresiones con resultado de lesiones leves en distritos como Sant Martí o Sant Andreu. También consta un episodio de trato degradante en dependencias policiales.

Infografía con los datos de aporofobia de 2024 en Cataluña

Infografía con los datos de aporofobia de 2024 en Cataluña Google Gemini IA

Fuera de Barcelona

En el área metropolitana, los hechos presentan una tipología similar. En Sant Adrià de Besòs se registraron tanto conductas vejatorias como delitos de discriminación en plena calle.

En Viladecans y el Masnou se documentaron ataques vinculados a la vulneración de derechos fundamentales, mientras que en Sant Vicenç dels Horts se investigó un caso de trato degradante. En Polinyà, además, se registró un delito de descubrimiento y revelación de secretos contra una persona sin hogar.

Fuera del área metropolitana, los casos se reducen pero no desaparecen. En Blanes (Girona), por ejemplo, se registraron en septiembre dos episodios en la vía pública: uno por lesiones y otro por discriminación. Y, un mes después, en esa misma localidad, se investigó un caso de amenazas.

Patrón al alza

El patrón que dibuja estos datos es claro: la mayoría de los ataques se producen en la vía pública y no se limitan a conductas discriminatorias, sino que incluyen agresiones físicas, humillaciones y amenazas.

Además, los casos se reparten a lo largo de todo el año, lo que apunta a un fenómeno sostenido más que a episodios puntuales.

Una persona sin techo permanece en el suelo de una calle cercana al Hospital de campaña instalado en la parroquia de Santa Anna, en Barcelona, Cataluña, (España)

Una persona sin techo permanece en el suelo de una calle cercana al Hospital de campaña instalado en la parroquia de Santa Anna, en Barcelona, Cataluña, (España) DAVID ZORRAKINO - EUROPA PRESS

Sin embargo, esta radiografía contrasta con la que ofrecen las entidades sociales. La organización Som Sostre ha contabilizado más de 50 agresiones a personas sin hogar solo en Girona durante 2025, incluyendo robos, agresiones físicas y verbales e incluso abusos sexuales.

La diferencia entre ambas cifras no solo evidencia una posible infradenuncia, sino que sugiere un aumento de este tipo de violencia.

“Cuando una persona sin hogar sufre una agresión, muchas veces no la denuncia por miedo o porque no tiene ningún tipo de acompañamiento”, explicaba recientemente Cristian Lienlaf, portavoz de la entidad, en declaraciones a SER Catalunya.

Hechos infradenunciados

A este contexto se suma el asesinato de una persona en septiembre de 2025 en Vilanova i la Geltrú, un crimen que, aunque por ahora no se puede vincular directamente a la aporofobia, también puso el foco sobre la extrema vulnerabilidad de este colectivo.

El ataque de este fin de semana en Girona, junto a ese homicidio y el incremento de agresiones detectado por las entidades, dibuja un escenario en el que la violencia contra personas sin hogar muestra signos de escalada, aunque no siempre quede reflejada en las estadísticas oficiales ni tipificada como delito de odio.

Una persona sintecho, en una imagen de arhivo

Una persona sintecho, en una imagen de arhivo Europa Press

La mayoría de estos episodios ocurren en la calle, en espacios donde las víctimas pasan gran parte de su vida y donde, paradójicamente, su vulnerabilidad es más visible, pero también más desprotegida.

Los datos oficiales apenas alcanzan a reflejar una parte de una realidad que, según advierten las organizaciones sociales, es mucho más frecuente y grave de lo que indican las cifras.