Hace cerca de un año, Cristina, de 58 años, fue diagnosticada de colangiocarcinoma. Se trata de un cáncer raro y, en la mayoría de los casos, fatal, que ataca las vías biliares que conectan con el hígado.
A pesar del pronóstico habitual en este tipo de patologías, desde el primer momento, su oncólogo de confianza le aseguró que se recuperaría.
Cuando fue diagnosticada, la enfermedad ya presentaba metástasis, algo que desde el principio dificultaba la posibilidad de extirpar el tumor. Pese a todo, su doctor confiaba en que su caso tenía los criterios clínicos necesarios para poder realizar una cirugía que, hasta noviembre pasado, solo se había hecho en Francia.
“Inoperable”
Ayer, un día antes del Día Mundial del Colangiocarcinoma, el equipo de Vall d’Hebron que hizo posible la operación presentó la hazaña junto a la paciente en una rueda de prensa. Los doctores Gonzalo Sapisochin, Jaume Capdevila y la doctora Patrícia Galan explicaron cómo habían hecho posible la intervención.
Cristina, más tarde, confesaba: “Me ha impresionado mucho escuchar la explicación de los médicos; en ningún momento fui yo consciente de que fuera inoperable, ni de las dificultades de la cirugía”.
Según explicó la paciente: “Mi doctor, en todo momento, me lo planteó como una opción, y me aseguró que en Francia ya se había conseguido”. Cristina, después de lo pasado, asegura que "todo ha sido una cadena de buena suerte”.
El quirófano durante la operación de Cristina
“Un rayo de esperanza”
El suyo es un caso excepcional. Según datos del último informe de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), al 80% de los pacientes se les diagnostica la enfermedad cuando ya se encuentra avanzada, lo que limita considerablemente las opciones de tratamiento. Consecuentemente, se estima que el 20% de los pacientes nunca llega a recibir tratamiento, y que la supervivencia a cinco años se sitúa en el 20%.
En conversación con Crónica Global, una representante de la Asociación de Tumores de Vías Biliares (ATUVIBI) asegura: “Da mucha esperanza; la sensación es que, dentro de este túnel oscuro en el que vivimos, hay luz al final”.
No obstante, añadió un mensaje de prudencia: “Hay que ser muy cautelosos. Son pacientes en un estado muy sensible y, antes de generar expectativas, es necesario confirmar la aplicabilidad real de estos avances”. Desde la asociación subrayan la importancia de compartir los progresos sin alimentar “falsas ilusiones”.
Solo el 30%
Aunque esta intervención representa un avance significativo, los especialistas advierten de que no todos los casos son susceptibles de beneficiarse de esta técnica. El doctor Jaume Capdevila precisó: “Hay que tener en cuenta que, por las particularidades de este cáncer, solo el 30% de los afectados podrá ser tratado con esta cirugía”.
El principal obstáculo es el diagnóstico tardío. En fases iniciales, la enfermedad suele ser asintomática, lo que favorece que, cuando se detecta, ya exista afectación metastásica o infiltración de estructuras vasculares críticas que impiden una resección convencional.
De izquierda a derecha: la Dra Patrícia Galan, Dr Gonzalo Sapisochin, la paciente Cristina y el Dr Jaume Capdevila
Cirugía
La cirugía en cuestión es una técnica usual en los trasplantes hepáticos que permite mantener el órgano con vida mientras se desconecta temporalmente su circulación sanguínea. La clave está en el uso de la tecnología HOPE, acrónimo de perfusión oxigenada hipotérmica, una máquina que durante los trasplantes mantiene el órgano con vida.
En este caso, sin embargo, la máquina no se conectaba al órgano, sino al cuerpo de la paciente, con el objetivo de extirpar el tumor sin afectar al hígado. Durante el tiempo que dura la resección tumoral y la reconstrucción vascular, la máquina mantiene el órgano en una pausa metabólica controlada, suministrando de forma continuada un líquido oxigenado en condiciones de hipotermia, entre 4 y 10 grados.
El caso de Cristina
Vall d’Hebron hacía tiempo que sopesaba la posibilidad de llevarla a cabo en el hospital y, cuando dieron con el caso de Cristina, decidieron ponerla a prueba.
Al inicio de su diagnóstico, el cáncer ya estaba en metástasis, por lo que, antes de entrar a quirófano, tuvo que someterse a seis meses de quimioterapia e inmunoterapia para reducir el tumor.
El tumor de Cristina tenía el tamaño de una pelota de balonmano, y afectaba a las tres venas suprahepáticas, los grandes vasos que recogen la sangre del hígado, y a la vena cava inferior. El cáncer, al rodear estas estructuras vitales, hacía inviable la posibilidad de realizar un abordaje quirúrgico convencional, siendo esta cirugía pionera la única alternativa.
Los doctores de la Vall d'Hebron operando a Cristina
Multidisciplinar
El tratamiento del cáncer cada vez se está convirtiendo en una disciplina más multidisciplinar. Este hito supone un ejemplo de lo que se puede conseguir con una mirada más amplia en el tratamiento, en este caso del cáncer, aunque es aplicable también a otras enfermedades.
Los especialistas de Vall d’Hebron defienden el valor de contar con médicos especializados en distintas disciplinas para descubrir nuevas formas de abordar esta enfermedad. “En este caso, la metodología en los trasplantes ha sido el referente que ha hecho posible la cirugía, pero lo mismo se puede aprender de otras disciplinas”, asegura Capdevila.
