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En el corazón de Barcelona, concretamente en la Plaza Sant Jaume, se encuentra un establecimiento que desde 1951 se ha convertido en una referencia histórica: Conesa Entrepans.

Situado estratégicamente entre el Ayuntamiento y la Generalitat, este local es considerado por muchos como un sitio con más solera que las propias instituciones que lo rodean.

Para los amantes de la gastronomía local, visitar este rincón es una forma de comer "como un profesional", disfrutando de sabores que han permanecido prácticamente inalterados durante siete décadas.

Uno de los grandes protagonistas de su carta es el bocadillo de butifarra de ajos tiernos, destacado como uno de los más sorprendentes y recomendados del lugar. Esta pieza no utiliza una butifarra común; se acompaña de champiñones, seps (boletus), cebolla caramelizada y la misteriosa "salsa de la Marta", una receta secreta de la casa. Al morderlo, destaca un equilibrio de matices donde la calidad del embutido se fusiona con toques herbales, convirtiéndolo en una opción que se debe pedir "sí o sí".

El verdadero secreto que eleva estos bocadillos a otro nivel reside en su mítica plancha. Trabajando a una temperatura muy elevada, el proceso de elaboración sigue pasos muy específicos de presión y giro que logran que el pan sea excepcionalmente crujiente.

Esta técnica, que el establecimiento ha perfeccionado a lo largo de los años, consigue una textura que "raspa" y cruje con solo rozarla, algo que el cliente identifica como el sello distintivo de la casa y que es muy difícil de replicar en un hogar común.

Además de la butifarra, la oferta incluye clásicos como el "Català", que utiliza salchicha del país y verduritas de escalibada, o el "Aranés" con queso azul y bacon. No obstante, junto al de butifarra, el bocadillo de pollo al pastra con una salsa suave de ajo al vino blanco es otra de las joyas que suele sorprender gratamente por su jugosidad.

La calidad de los ingredientes, desde una mostaza de sabor intenso hasta una cebolla caramelizada que no resulta excesivamente dulce, justifica su prestigio en la ciudad.

Para quienes han crecido en Barcelona, acudir a Conesa evoca inevitablemente recuerdos de la niñez. Es un lugar que se siente como un "reducto", una aldea gala de autenticidad en medio de una zona habitualmente saturada de turistas y grandes franquicias.

La experiencia real, más allá de comer en su barra con vistas a la plaza, consiste en el orgullo de disfrutar de un producto artesanal que ha alimentado a varias generaciones de barceloneses.

En definitiva, Conesa Entrepans sigue siendo una parada obligatoria para quienes buscan los mejores bocadillos de la capital catalana. Con una propuesta que evita las modas pasajeras y apuesta por el sabor tradicional y la técnica de la plancha, este local demuestra que la sencillez bien ejecutada es la clave de su longevidad. Ya sea por su famosa butifarra o por su pan inigualable, visitar este establecimiento es, para muchos, volver a un lugar familiar donde sentirse como en casa.