En un taller silencioso de Les Borges Blanques, entre moldes abiertos y rostros de barro, un joven escultor modela con paciencia la oreja de una futura geganta. Sus manos se mueven con precisión quirúrgica mientras una luz cálida recorta las sombras del rostro. Es solo artesanía y la continuación de una tradición centenaria de la cultura popular catalana reinterpretada por una nueva generación.
Quedan pocas semanas para el día del bautizo, el día de la verdad, cuando “todo coge una fuerza” que Arnau es incapaz de describir con palabras: “Cuando llevabas tanto tiempo trabajando tú solo en una figura, por fin sientes que todo ha valido la pena”.
Con 31 años, Arnau Espuga ya se ha consolidado como uno de los referentes de la nueva generación de artesanos de la imaginería festiva tradicional catalana; de su taller de la capital de les Garrigues salen cada año una decena de los gegants, capgrossos y bèsties que bailan por las calles y plazas no solo de Cataluña, de cualquier lugar donde quieran contar con su obra.
Primera 'geganta'
Su afición empezó prácticamente antes de lo que puede recordar: “Aquí tenemos un encuentro muy grande, que es la Trobada de Gegants, Grallers i Correfocs, y yo recuerdo flipar desde muy pequeño; sobre todo me intrigaba mucho cómo se harían esos seres que salían durante la Fiesta Mayor y que no volvía a ver durante el resto del año”.
Arnau Espuga modela la oreja de una nueva 'geganta'
A los cinco años tuvo su primera gegantona, la hizo un vecino del mismo pueblo, Manel Vidal, y se la regalaron sus padres por Sant Jordi. Salió con ella cada año hasta casi la adultez y tiene unas memorias muy dulces de aquella época. “Fui muy feliz con ella durante toda mi infancia”, recuerda durante una visita de Crónica Global.
Autodidacta
La curiosidad pronto se transformó en necesidad creativa. “Hoy en día, con las redes sociales, es más fácil encontrar instrucciones, pero, cuando yo empecé, lo hice de cero, sin referentes”, explica sobre sus primeros intentos de crear su propio gegant.
Moldes del rostro de varios 'gegants' en el taller de creación de Arnau Espuga
“Fue un proceso autodidacta” que empezó durante la adolescencia y llegó a un punto de inflexión cuando le propusieron construir el gegant de Josep Vallverdú, el escritor ilerdense que da nombre al instituto donde estudió, a modo de Treball de Recerca de Bachillerato.
Empezó probando con papel de diario, cinta y trozos de cartón y pronto fue acogido en un taller del Alt Empordà, donde le enseñaron las nociones básicas para modelar en barro y trabajar el cartón piedra, de cara a esa entrega preuniversitaria.
Varios 'capgrossos', en el taller de Arnau Espuga
Agenda llena
Terminó estudiando Bellas Artes en la Universitat de Barcelona con el objetivo de dedicarse a este oficio. Hoy dirige su propio taller en Les Borges Blanques y trabaja para entidades, asociaciones y ayuntamientos que le encargan nuevas figuras.
Su agenda está tan llena que tiene lista de espera y se obliga a ponerse como límite no asumir más de tres o cuatro proyectos simultáneos. “Si no disfruto el proceso, pierde el sentido”, explica.
Arnau Espuga busca la perspectiva para el correcto modelado de una nueva 'geganta'
Estética modernista
Sobre su fuente de inspiración para crear personajes nuevos, explica que suele echar mano de la estética del Modernismo catalán: “Siempre me he fijado en estas cariátides que hay en las fachadas, en estas esculturas más finas”.
Explica que trata de utilizar este lenguaje estético tan arraigado a Cataluña para crear figuras “esbeltas, con las caras finas y los cuellos alargados” que también “beben mucho de los referentes cinematográficos” por su “punto fantástico al que todo el mundo recurre para evadirse”, creando un estilo personal que distingue su obra dentro de un oficio donde cada taller desarrolla su sello propio.
Visión general del taller de creación de 'gegants' de Arnau Espuga
Nuevos referentes
“En Cataluña hay unos cánones estéticos muy marcados; en Francia hay más libertad creativa”, dice Espuga, algo que achaca a que aquí, tradicionalmente, se ha representado a reyes y reinas, nobles y santos. Sin embargo, asegura también, “siempre, y cada vez más, hay lugar para la innovación”.
Espuga celebra que actualmente cada pueblo “elige cuáles son sus referentes”, puesto que “la historia la siguen escribiendo personas del día a día”.
Arnau Espuga, durante el trabajo de modelado
“Está muy bien que las gegantes lleven ramos de flores, porque antiguamente los llevaban, pero también podemos crear mujeres que representen otros valores más actuales y reivindicar personajes que se alejen de la realeza”, sintetiza.
Proceso creativo
El proceso de creación sigue la liturgia heredada de seis siglos de tradición en Cataluña. Sobre una estructura de madera que sostendrá el peso, Espuga dedica más de dos semanas a modelar en barro el rostro y las manos de la figura, “es el momento más importante y delicado”, asegura, pues es su oportunidad de definir cada detalle y expresión del personaje.
Algunos de los gegants creados por Arnau Espuga
Una vez terminado, realiza un molde –de yeso o poliéster— que captura toda la información del rostro. A partir de ahí, la figura se reproduce en cartón piedra, siguiendo la técnica tradicional, o en fibra de vidrio, un formato más actual que ofrece mayor durabilidad al resultado final.
El último paso es pintar y maquillar la pieza, antes de confeccionar el vestuario e instalar las estructuras internas.
Arnau Espuga posa junto a su nueva 'geganta'
Lugar de encuentro
Espuga celebra formar parte de una cultura popular catalana que sigue muy viva y la cual considera un refugio intergeneracional “en una sociedad cada vez más individualista”, un espacio de encuentro.
A diferencia de otras tradiciones efímeras, los gegants permanecen en los pueblos y acompañan generaciones enteras, termina el artista con una sonrisa.
