El alicantino Manuel Busquier es teniente general del Cuerpo General del Ejército de Tierra. Es inspector general desde 2022, cuando asumió el empleo en Barcelona sucediendo a Fernando Aznar Ladrón de Guevara.
El alto mando lleva varios días despidiéndose antes de su pase a la reserva en los próximos días. El miércoles, habló en el Círculo Ecuestre. El jueves, un acto privado le homenajeó en la Capitanía General de la Ciudad Condal. En paralelo, varios cargos electos han pasado discretamente por su despacho, agradeciéndole su labor con los acuartelamientos en Cataluña durante cuatro años.
- -En primer lugar, teniente general, lo más noticioso: su pase a la reserva. ¿Qué significa exactamente y qué ocurrirá a partir de ahora?
- Simplemente, el pase a la reserva es consecuencia de un número de años de servicio. En el caso de los empleos de general, a los diez años del ascenso se produce, en mi caso de teniente general, el pase a la situación administrativa de reserva. En principio cesaré en el cargo que tengo actualmente y, a partir de ahí, podré tener un cargo distinto en el futuro o no, dependiendo de cómo evolucionen las cosas. Se sigue manteniendo el fuero militar hasta el pase a la situación de retiro y, en principio, tampoco hay un cambio grande en lo que es la vida propia militar.
- -Deja usted de ser inspector general del Ejército, ¿no es así?
- Así es.
- -Después de algo más de cuatro años en el cargo. Hágame, si es tan amable, una valoración de este periodo: cómo han ido estos cuatro años, qué experiencias y qué aprendizajes se lleva.
- Yo lo dividiría en dos grandes áreas. Una es la propia de los cometidos de la Inspección General. Hemos arrancado de una situación en la que teníamos bastantes proyectos por delante, sobre todo en el ámbito de la infraestructura. En este periodo se ha consolidado lo que será el futuro acuartelamiento de Monte la Reina en Toro, en la provincia de Zamora. También la base logística del Ejército de Tierra, ubicada en las cercanías de Córdoba. A su vez, el traslado del acuartelamiento de Loyola, en San Sebastián, a lo que llamamos la zona de la Épica. Esos serían los grandes proyectos.
- -¿Y en el campo de las infraestructuras?
- En este campo de infraestructuras, se ha tratado de mejorar la parte de alojamientos para todo nuestro personal en los acuartelamientos y la parte de residencias para la movilidad geográfica de nuestros compañeros. En el otro gran área, los servicios de acuartelamiento, hemos renovado acuerdos marco como el de alimentación y hemos puesto en marcha un acuerdo marco, un poco primicia en la Administración, para mantenimiento y pequeña construcción de instalaciones, por valor de hasta 500.000 euros, que se ha firmado hace relativamente poco y del que empezaremos a ver frutos este año. En el día a día, con las unidades de servicio en bases y acuartelamientos, hemos consolidado sus cometidos e ido especializándolos.
- -Para los lectores que quizá no lo sepan: ¿qué es exactamente la Inspección General del Ejército y qué hace?
- Hablamos de lo que podríamos llamar, haciendo una cierta reducción, la logística de guarnición. Esa logística incluye las instalaciones —mantenimiento y construcción de nuevas capacidades— tanto orientadas al personal como a los sistemas de armas. Y un compendio de otros elementos que agrupamos en los servicios de acuartelamiento: alimentación, alojamiento, vestuarios, los servicios en general del día a día de la vida y funcionamiento de un acuartelamiento, más todo el tema de medio ambiente, riesgos laborales y el régimen interior de cada una de estas instalaciones.
- Si en la vida civil la logística es importante, en los acuartelamientos imagino que es fundamental.
- Es fundamental. Tenemos, a grandes rasgos, tres tipos de logística: la de guarnición, la de proyección y sostenimiento de operaciones, y la logística de adquisición. Dentro de esos tres pilares, la de guarnición es la del día a día, la que más rápidamente perciben nuestros compañeros al ir al trabajo para desarrollar todos sus cometidos, fundamentalmente la preparación. Si las condiciones son idóneas, obviamente desarrollan mucho mejor todos sus cometidos en los acuartelamientos o en los campos de maniobras cercanos.
- ¿Aborda su nueva situación administrativa satisfecho de cómo han mejorado los acuartelamientos? ¿Se va pensando “hemos hecho un trabajo importante” o le quedan cosas en el tintero?
- Siempre quedan cosas en el tintero, pero me voy satisfecho porque hemos hecho un gran esfuerzo. Todos los componentes de la Inspección han trabajado muy bien. Tenemos despliegue en toda la geografía nacional: península, archipiélagos canario y balear, Ceuta, Melilla, peñones e islas. El balance es positivo: se ha mejorado la calidad de vida. Y, al mismo tiempo, tenemos mucho recorrido de mejora. Creo que en los próximos años nuestros compañeros verán cómo se consolidan estos planes y se desarrollan en el corto y medio plazo.
- Hablaba de medio plazo. ¿Cómo serán los acuartelamientos del futuro? ¿Cómo evolucionarán?
- Tenemos ahora un acuartelamiento de nueva planta en construcción, donde ya se ha puesto la primera piqueta: Monte la Reina, en Toro. Es la guía de lo que será el acuartelamiento del futuro. Queremos reconducir hacia ese modelo los acuartelamientos antiguos, algunos con más de cien años, con un proyecto específico de acuartelamiento del futuro: sensorizar y modernizar instalaciones, orientarlas a la transformación digital de los servicios para saber cómo se desarrollan.
Teniente Manuel Busquier
- ¿Serán sostenibles?
- ¿Qué debe tener? Un impacto medioambiental mínimo: regenerar aguas para un segundo uso, aplicar energías renovables, dividir el espacio en áreas de trabajo, vida, logística, mando y preparación, integradas entre sí y en el terreno. En definitiva, humanizar al máximo los acuartelamientos, porque hoy en día más de la mitad de nuestros compañeros viven en ellos: son su casa.
- Precisamente: ¿cómo afectan al estamento militar los problemas de vivienda que sufre buena parte de la población civil?
- La movilidad geográfica hace que, cuando uno va a un nuevo destino, necesite alojamiento, a veces durante todo el periodo. Para eso tenemos dos vías. Una es el alojamiento logístico dentro de los propios acuartelamientos, que cubre ese primer impacto y, muchas veces, toda la permanencia. La otra son las residencias logístico-militares distribuidas por toda la geografía, dedicadas a esa movilidad geográfica, que absorben parte de ese movimiento en los cambios de destino. ¿Qué hemos notado? Que la demanda de alojamiento por parte de nuestros compañeros ha aumentado; comparado con hace quince años, probablemente haya subido cerca de un 20%.
- Vayamos a otro asunto, más cercano a la tragedia que al problema: las crisis que ha vivido España en los últimos tiempos. Erupción volcánica en Canarias, crisis sanitarias como la peste porcina africana, la DANA en Valencia… Normalmente es la UME quien presta más apoyo, pero el Ejército de Tierra también. ¿Qué papel juega?
- Como dices, la UME es la punta de lanza del apoyo a las autoridades civiles en estas crisis y tragedias: es la más especializada y capacitada. Pero detrás tiene el empuje y apoyo logístico de todo el Ejército de Tierra e incluso del resto de las Fuerzas Armadas, como se vio en la DANA, aportando capacidades que podían quedar cortas, por ejemplo máquinas de ingenieros.
- Ustedes, pues, arriman el hombro en estos escenarios.
- Desde la Inspección proporcionamos lo que tenemos: los acuartelamientos. Son las bases de operaciones donde rápidamente ponemos alojamiento, alimentación y, a veces, combustible, para que la UME o los refuerzos puedan desarrollar su trabajo. Y, si se requiere, también podemos proporcionar alojamiento rápido para la ciudadanía que lo necesite.
- Viendo esto, un 'leguleyo' en lo castrense como yo podría pensar que lo razonable es tener acuartelamientos distribuidos por todo el territorio. ¿No sería mejor concentrarlos en unos pocos grandes?
- Cada uno puede tener su punto de vista. Partimos de una situación dada: el despliegue actual. Los apoyos los realizamos desde ahí. A la hora de planear nuevos acuartelamientos, se orientan fundamentalmente a la preparación de las Fuerzas Armadas. Si se requiere algún nuevo acuartelamiento, surgirá, pero inicialmente ponemos sobre la mesa las capacidades de las que disponemos para apoyar a las autoridades civiles.
- Entremos en la 'carpeta Cataluña', donde ha residido estos últimos cuatro años. ¿Cómo ve la situación de las Fuerzas Armadas en Cataluña? ¿Cuál es la fotografía ahora mismo?
- Creo que la situación es positiva. La identificación de muchos acuartelamientos con su entorno es patente. En Barcelona, por ejemplo, el Bruc con la propia ciudad. En Talarn, la Academia General Básica de Suboficiales: nadie entiende la academia sin Talarn y Tremp, ni Talarn y Tremp sin la academia. Hay un vínculo permanente.
- ¿Y la relación con las instituciones?
- La relación institucional con todas las autoridades es, en general, sobresaliente. Y, en cuanto a ciudadanía, ahora que han salido ofertas de empleo para tropa, tenemos una gran aceptación: mucha gente quiere alistarse en las diversas unidades. La difusión de la cultura de defensa también es bien recibida: conciertos, conferencias… La última, aquí, sobre valores, pintura y música; otras sobre la Antártida han tenido impacto. Colaboramos con escuelas de periodismo para que vean el vocabulario, los materiales y vivan un poco cuál es nuestro sentimiento.
- Si el vínculo institucional es tan positivo, ¿ocurre lo mismo con el tejido económico e industrial catalán?
- En los cuatro años que he estado aquí, el vínculo institucional lo calificaría de sobresaliente. Hemos alcanzado desarrollos en diversas áreas. La demanda de necesidades de capacidades en armamento y material por nuestra parte es muy bien acogida por la industria, que quiere ver cómo puede desarrollar productos que mejoren esas capacidades. Estamos en diversos foros, como la Zona Franca, y en encuentros más particulares con empresarios. También hemos servido de puente para que autoridades del Ministerio de Defensa encargadas del área industrial vengan aquí a celebrar foros y encuentros, y así dar a conocer las necesidades de las Fuerzas Armadas.
- ¿Una mayor presencia de las Fuerzas Armadas en Cataluña ayudaría a impulsar tanto ese aumento de capacidades ligado al PIB como la cultura de defensa?
- Creo que no hay que vincular presencia con cultura de defensa. La presencia es la que es, un despliegue en la geografía nacional orientado a la preparación, que es nuestro principal cometido. La cultura de defensa la trabajan también las delegaciones y subdelegaciones de Defensa: es su cometido. Yo creo que se está trabajando bien. En muchas reuniones insisto en la necesidad de que nos conozcan: queremos que sepan lo que hacemos, nuestras capacidades, para qué estamos y que de ahí surja el entendimiento. Pero no vincularía directamente presencia y cultura de defensa
- En ese esfuerzo por que les conozcan, ¿ha mejorado en estos cuatro años la valoración del Ejército por parte de los ciudadanos en Cataluña?
- Creo que sí. Por poner un ejemplo: el año pasado participamos en la animación de la media maratón y la maratón, y fue muy bien recibido. En las ferias de enseñanza, el estand del Ministerio de Defensa es, si no el más visitado, de los más visitados. Diría que la aceptación y, sobre todo, el conocimiento son cada vez mayores. Al final se cumple el refrán de que el roce hace el cariño. Y también se ve lo que hacemos fuera: tenemos más de 3.500 compañeros desplegados en todo el mundo, cuya principal misión es procurar llevar la paz a esos territorios.
- En la conversación previa comentaba que usted sirvió en Irak, concretamente en Najaf. Incluso fue condecorado por su labor allí. ¿Qué recuerda de aquella misión?
- Más que una condecoración específica, son las propias condecoraciones por la participación allí. Las experiencias en misión son muy interesantes y ponen en valor la preparación del militar español. En Irak la misión era proporcionar un ambiente de seguridad para la reconstrucción y siempre con el foco puesto en la población. Ahí el militar español destaca: en la preparación y en la parte relacional.
- Estamos a la altura.
- Creo que tenemos un Ejército, y un militar español individualmente, que está al máximo nivel en cualquier alianza; cuando llegamos al despliegue interactuamos perfectamente con nuestros aliados. Y aportamos un plus relacional con la persona, que es donde realmente trabajamos. El impacto rápido sobre la población es muy alto. Muchas veces te dicen directamente que les gustaría que siguiéramos allí porque se sienten no solo seguros, sino también apoyados.
Teniente Manuel Busquier
- En el contexto europeo actual, uno de los conflictos abiertos es el de Ucrania, con un nuevo paradigma para muchos: los drones. Parte de su carrera se ha desarrollado en defensa aérea. ¿Cómo afectan los drones, en general, a los conflictos bélicos y, en particular, a los acuartelamientos?
- Los drones son quizá la punta de iceberg de lo que viene en capacidades militares. Ya se usaron de forma más rudimentaria con el ISIS en el norte de Irak, en ciudades como Mosul, colocando granadas de mortero en pequeños drones para golpear la zona de contacto entre tropas. En Ucrania se ha industrializado el uso de drones de todo tipo: aéreos, navales y se está trabajando en terrestres. Vamos hacia la robotización.
- ¿Y la IA? Más allá de lugares comunes habituales sobre los modelos de lenguaje.
- Es que junto con la inteligencia artificial —altísima capacidad de gestión de datos en tiempo útil—, esto --la robotización-- hace que las líneas de contacto deban ensancharse porque la capacidad de penetración es mayor. El campo de batalla se vuelve más transparente y la letalidad aumenta. Para protegerse, hay que ensanchar el dispositivo y tener sistemas que puedan pervivir en cualquier tipo de combate, con múltiples alternativas tecnológicas y no tecnológicas.
- -¿Cómo se combate un enjambre de drones?
- Piense que cada oleada de drones transmite la información a la siguiente, haciendo el campo de batalla cada vez más transparente. ¿Cómo se combate? Con defensa aérea en nuestro caso, y equivalente en los ámbitos naval y terrestre, impidiendo que estos artefactos operen con comodidad. Ahí entran las iniciativas antidrones: medios electrónicos y lo que llamamos la parte hard kill, es decir, neutralizarlos con proyectiles o misiles. Hay que buscar el equilibrio económico entre amenaza y defensa: no podemos actuar contra un dron de unos miles de euros con un misil de cientos de miles. Se trata de equiparar el combate también en coste. Y, en todo caso, detrás de esta robotización siempre está el control humano.
- Ligado a esto: ¿por qué nos ha sorprendido que la mayoría de víctimas en Ucrania sean por artillería? Pensábamos que esa fase estaba superada.
- La artillería no deja de ser fuego indirecto. No hace falta estar en la línea de contacto: se actúa con plataformas capaces de lanzar a distancias cada vez mayores. Eso es la artillería. Los alcances de hace 30 o 40 años, de 20 o 25 kilómetros, han quedado obsoletos. Ahora hablamos de artillería cohete que llega a 300 km e incluso artillería misil que sobrepasa esa distancia. Tecnológicamente ya se permiten precisiones muy exactas, con errores mínimos. Más allá del empleo en masa, lo que se busca son actuaciones más quirúrgicas, proyectiles dirigidos a objetivos muy determinados.
- En conclusión: robotización, mejor conocimiento del campo de batalla, nuevas capacidades… pero el control humano seguirá siendo la última instancia.
- Sí, obviamente. Cuando hablamos de inteligencia artificial en todos los campos —conducción de materiales y armamento, gestión de capacidades, analítica de inteligencia o círculos de toma de decisiones—, todo está supervisado por la parte humana. Las máquinas analizan datos, pero si los datos no son los idóneos, las decisiones tampoco lo serán. Por eso siempre hay una supervisión humana al final de la cadena, y normalmente también en los pasos intermedios.
