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El sector de la limpieza, que mayoritariamente ha estado siempre liderado por mujeres, sigue siendo uno de los trabajos más fácil de acceder para mujeres migrantes en España. A pesar de que este sector lleva años de luchas por la precariedad laboral y la inestabilidad, es una de las vías de subsistencias para muchas.

No obstante, el salario medio en este sector se sitúa entre 1.100 y 1.400 euros brutos al mes, es decir, rozando el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) y hay una importante falta de relevo generacional.

En este contexto, Claudia Marcela comparte su experiencia trabajando como limpiadora en España, donde atiende una casa específica con una frecuencia de cada 15 días durante un bloque de tres horas y, además, señala que cobra 8 euros la hora. 

La trabajadora trabaja a una empresa que actúa como intermediaria entre ella y el cliente. Según el contrato establecido, su función principal es realizar una limpieza general y no a fondo, siguiendo un protocolo definido desde su primera visita al domicilio.

Sin embargo, la rutina establecida suele verse alterada por peticiones adicionales. Claudia explica que su cliente suele enviarle notas de voz poco antes de su llegada para solicitarle "pequeños extras" que no están contemplados inicialmente en el servicio.

Estas tareas incluyen desde recoger la ropa de las cuerdas para llevarla a la habitación, hasta realizar una limpieza minuciosa de repisas con libros y figuras, lo cual requiere mover cada objeto para limpiar correctamente la superficie, algo que normalmente solo hace por encima debido a la gran cantidad de estanterías.

Otro punto relevante en su jornada es la limpieza de los cristales. El contrato estipula que un profesional especializado, el "cristalero", se encargue de esta tarea un par de veces al año; no obstante, debido a la acumulación de suciedad, la cliente le pide colaboración con las ventanas del estudio y la sala. Claudia accede a limpiar los cristales de las habitaciones y la cocina si le sobra tiempo, pero evita los de las áreas comunes por seguridad, ya que su ubicación representa un riesgo que debe ser atendido por un experto.

La relación interpersonal influye directamente en su capacidad para establecer límites. Claudia confiesa que le resulta difícil decir que no a estas peticiones extra porque la cliente es "muy maja" y siempre le pide los favores con respeto y amabilidad. Para evitar que se cree una tensión innecesaria o un mal ambiente de trabajo, ella opta por colaborar en lo que puede, aunque no sea de forma exhaustiva, buscando mantener una buena convivencia con quien la contrata.

Finalmente, en cuanto a la organización del trabajo, Claudia señala que el tiempo asignado es adecuado. A diferencia de otros empleos donde la carga es excesiva, en este servicio de tres horas no tiene que ir corriendo y, por lo general, le sobra un poco de tiempo al finalizar sus labores. Esto le permite equilibrar las exigencias del contrato con los favores personales, concluyendo que, dentro de su realidad laboral, el servicio se desarrolla de manera favorable.