El rastro de Jeffrey Epstein en Barcelona va mucho más allá de visitas puntuales o estancias de paso.
Los llamados Epstein Files, hechos públicos recientemente por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, revelan hasta qué punto el depredador sexual se movía con comodidad por la capital catalana, un escenario que aparece citado de forma recurrente en su archivo personal de correos, facturas y conversaciones privadas.
"La tienda más loca de Barcelona"
Uno de esos archivos recoge una conversación mantenida por Skype en enero de 2017 entre Epstein y un interlocutor vinculado a Barcelona, probablemente uno de sus facilitadores de mujeres.
El diálogo, de tono distendido y plagado de bromas, gira en torno a una tienda sex shop de inspiración nipona localizada en la Ciudad Condal.
Parte de la conversación en la que se mencionan las clases de 'rope bondage' en Barcelona
Es ese contacto --cuyo nombre se desconoce-- quien presume ante Epstein de haber encontrado “la tienda más loca de Barcelona”. Es entonces que el pederasta le sugiere que allí podría informarse sobre clases de rope bondage, una práctica de sadomasoquismo basada en la inmovilización con cuerdas.
Epstein, "el profesor"
El intercambio resulta especialmente revelador por la relación que se infiere entre ambos. De hecho, el interlocutor se dirige a Epstein con deferencia, llamándolo abiertamente “mi profesor, el mejor”, en alusión directa a su papel como maestro en el ámbito sexual.
Una expresión que refuerza la posición de dominio, ascendencia y autoridad que el financiero ejercía sobre su entorno más próximo, también en el terreno íntimo y de las prácticas sexuales.
Parte de la conversación en la que el interlocutor se refiere a Epstein como "profesor"
La conversación transcurre entre risas, comentarios sexualizados y referencias explícitas a mejorar técnicas sexuales, siempre en un tono banal que contrasta con la gravedad del personaje y de los delitos por los que acabaría siendo procesado.
No es un caso aislado
No se trata de un episodio aislado. El lenguaje, la naturalidad con la que se abordan estas prácticas y la ligereza con la que ambos intercambian sugerencias encajan con el patrón habitual de las comunicaciones privadas de Epstein: una sexualidad extrema, desinhibida y normalizada dentro de su círculo de confianza.
Un círculo que, según la documentación judicial ahora desclasificada, se sostuvo durante años gracias a intermediarios, facilitadores y contactos locales en distintas ciudades de todo el mundo. Entre ellas, Barcelona.
Más de 1.200 menciones
De hecho, la capital catalana ocupa un lugar destacado en ese entramado. En al menos 1.208 documentos de los Epstein Files aparece mencionada la ciudad, con facturas, correos electrónicos y conversaciones completas que evidencian estancias frecuentes y una red de apoyos sobre el terreno.
Entre ellos, un facilitador encargado de ponerlo en contacto con mujeres jóvenes —modelos o chicas en situaciones de vulnerabilidad— que acababan integrándose en la telaraña del depredador sexual más peligroso de la historia, y que encontró en la capital catalana un entorno propicio, discreto y "seguro".
Ficha policial de Jeffrey Epstein
Los 'castings'
En toda la sucesión de documentos ahora públicos, el conseguidor de Barcelona le envió fotografías y vídeos de mujeres e, incluso, llegó a presentarle a varias de ellas. Epstein siempre tenía que valorar las imágenes de las modelos previamente antes de aceptar o rechazar un encuentro.
En cualquier caso, el objetivo de la captación de víctimas era, presuntamente, convencerlas para ofrecérselas a otras personas, muchas de ellas acaudaladas e influyentes.
